Semanario de Prensa Libre • No. 40 • 10 de Abril de 2005    


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D frente

Adela Torrebiarte:
No necesito mucho para ser feliz
La mayor locura que ha hecho por el fútbol es manejar su vehículo a cualquier hora del día o la noche para observar un partido.

Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Carlos Sebastián

Tocar los timbres de las casas ubicadas en los callejones aledaños a la 12 calle “A”, cerca de la avenida Elena, zona 1, y luego correr a esconderse es una de las travesuras que Adela Torrebiarte más recuerda de su niñez. En esos años también principió a sentir y vivir la emoción del fútbol, del cual, desde 1997, es dirigente. “El fútbol tiene algo que hace que uno se enamore y se enganche”, dice Torrebiarte.

Sin embargo, esta es solamente una de las facetas de esta mujer, que se dio a conocer en 1995, cuando con otro grupo de mujeres decidieron alzar su voz contra la ola de secuestros que se vivía en esos momentos y fundaron la agrupación Madres Angustiadas. Este grupo “cobró una dimensión muy grande por la entrega y compromiso”, apunta la activista, a quien también se le mencionó como posible candidata a la Vicepresidencia durante la última campaña electoral.

“Yo nací y crecí, como todos los guatemaltecos de ese entonces, en un callejón”.

A usted siempre la han asociado a Alta Verapaz...
Yo nací aquí en la capital. Me asocian con Cobán porque mi tatarabuelo Julio Rossgnon, que vino con una expedición belga, se radicó en Cobán y fundó la finca Las Victorias, que ahora es, a mi criterio, el parque nacional más lindo que hay. Desde entonces, en mi casa siempre hablaban mucho de don Julio y Cobán, por eso crecí con una afinidad emocional a este departamento, aunque yo no conocía ese lugar en ese entonces.

Y cómo fue su niñez?

Yo nací y crecí como todos los guatemaltecos de ese entonces, en un callejón. En esos callejones donde había de todo, como por ejemplo un carpintero, un enfermero, un doctor, una tienda y la señora soltera. Yo viví con el que colindaba en la 12 calle “A”, entre avenida Elena y 1a. avenida de la zona 1. Cerca de la antigua Facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos y que en ese entonces era un parquecito abierto, ahora está lleno de paredes y mallas.

¿Cómo se inició con la agrupación Madres Angustiadas?

Principiamos el 10 de mayo de 1995 con un grupo de amigas, y cobró una dimensión muy grande por la entrega y el compromiso. En ese grupo estaban Michelle de Leal, Ana María de Klein, Dayan de Torrebiarte, María Estela de Aguirre, Sally de Fleischman, Cuqui de Aguilar y Lucky de Becker. Este fue un movimiento muy genuino.

¿Todas las integrantes habían sufrido algún secuestro?

Todas habíamos tenido algún tipo de problema, q ue no necesariamente fue secuestro. Había habido violaciones, asesinatos y otros casos de violencia. Lo que sí teníamos en común era el convencimiento de hacer algo por un mejor país, como el cese de la impunidad y la justicia pronta y cumplida, porque uno de los lemas de Madres Angustiadas es: “No calles, porque el que calla se convierte en cómplice”.

En esos años, las manifestaciones en las calles eran propias de las clases populares, pero ustedes rompen con esto, porque se dice que pertenecen a la clase pudiente, ¿es cierto?

Sí. Inclusive, un día en una manifestación que se efectuó frente a la Corte Suprema de Justicia escuché un comentario muy vano, alguien dijo: “Aquí huele a rico, a perfumes costosos”. Creo que tenemos que entender que todos somos Guatemala, tanto la gente que tiene mucho dinero como la clase media y el más pobre. La sensibilidad tiene que llegar de todos, no porque sea indígena o moreno; no podemos dividirnos por nuestra raza.

¿Y ahora qué hacen? ¿Han bajado el perfil?

Seguimos trabajando mucho, muy de cerca con la Policía Nacional Civil, y estamos preparando la conmemoración especial de los 10 años de vida de la agrupación. Lo que pasa mucho en estas organizaciones es que algunas personas empiezan a trabajar en el momento en que tienen una crisis, pero cuando salen de la misma se olvidan. Es más fácil olvidar el problema que seguir trabajando, para evitarse complicaciones.

Usted sorprendió a mucha gente cuando del activismo apareció como dirigente de fútbol...

Una cosa me llevó a la otra. Yo ayudé a la familia Chavarría, que reside en Cobán y que ha estado muy vinculada al equipo durante muchos años, cuando sufrieron un secuestro. Un día, el ingeniero Carlos Enrique Chavarría, sobrino de don Óscar, me dijo: “Mirá ¿y por qué no nos ayudás con el equipo buscando patrocinadores y asistiendo a las reuniones de la Liga, aprovechando que residís en la capital?” Esto fue en el año 1997. Fue una propuesta que no creí que fuera a cobrar tanta dimensión.

Pero luego ha hecho carrera...

Al cabo de un año de participar, un grupo me dijo si quería ser presidenta de la Liga. En ese tiempo, el doctor Alfonso Leal, de la Usac, era presidente de ese equipo, y a él, junto al licenciado Jorge Mario Véliz también les hablaron para lo mismo. Platicamos los tres, porque pensé que si uno llega a una presidencia debe ser por consenso de la mayoría, porque uno va a trabajar y no a pelear. Entonces hubo un acuerdo general de que yo fuera la presidenta, y esto llamó mucho la atención, porque este es un deporte de hombres y la sociedad de Guatemala es bastante machista. Fui presidenta de la Liga de 2000 a 2003 con logros interesantes.

¿Por qué le gustó este deporte?

El fútbol tiene algo que hace que uno se enamore y se enganche, y le gusta tanto que ya no lo puede echar, por mucho que uno salga enojado, pierda y le esté yendo mal. Uno oye que la gente dice: “Ya no vuelvo a venir”, pero a las dos semanas se le pasó el enojo y regresa.

¿Y qué piensa de la Selección?

Creo que es impresionante lo que mueve el fútbol, hay desborde, ahí sí participamos todos. Es un lenguaje, un sueño y un deseo en común. Es el equipo del país.

¿Se siente más Madres Angustiadas o fanática del fútbol?

Los dos. Estoy consciente de que el fútbol es transitorio. Me encantaría terminar con la clasificación de Guatemala al Mundial de Alemania. Ahora lo de Madres Angustiadas es algo que no voy a poder quitármelo nunca, porque he crecido con esa inquietud de participar. Creo en la participación y en ayudar a las personas que lo necesitan. Las personas sufren cuando son víctimas de un delito y no saben a dónde acudir.

¿Cuál ha sido la mayor frustración que ha tenido del fútbol y Madres Angustiadas?

La falta de confianza y credibilidad de los guatemaltecos. Creo que es un común denominador. Se trabaja mucho con base en desconfianza, para mí eso es una frustración grande. Otra es la prepotencia, la cual me ofende, molesta y frustra. Dentro de esto las autoridades que están lejos de prestar servicios.

A propósito de autoridades... se le mencionó como candidata a vicepresidenta del país, ¿realmente se lo ofrecieron?

Álvaro Colom me habló en un momento de ser candidata a la Vicepresidencia y luego al Ministerio de Gobernación. Realmente no he sido ni estoy afiliada a un partido político, lo cual puede ser una debilidad o una fortaleza a la hora de hacer equipo con un gobernante que uno no conoce. Sin embargo, por “quijotada”, como dicen, acepté el reto del Ministerio de Gobernación. La Vicepresidencia no la acepté porque no es congruente con mi persona, era incongruente ir de un jueves a un domingo y decir voy a ser candidata a vicepresidenta. La gente me criticó por estar participando con un candidato considerado de izquierda moderada.

¿Y ha considerado hacer política partidista en la próxima campaña?

No sé… ahorita estoy en el Consejo Asesor de Seguridad y tengo propuestas para participar en una elección para la Confederación Deportiva Autónoma de Guatemala. No tengo ningún compromiso ni lo he pensado. Lo que sí tengo bien claro es que si puedo servir al país, hago lo que se pueda.

Aparte de dirigente de Madres Angustiadas y fútbol, ¿a qué se ha dedicado?

Tuve una tienda de ropa con mi hermano Francisco que es diseñador. A Dios gracias no soy materialista y no necesito mucho para ser feliz. Mi esposo, que es médico psiquiatra y tiene negocios de exportación de café y cardamomo, es el que provee el sustento de la casa. Yo trabajo todo el día, pero todos los cargos son ad honorem.

Punto de vista
El fútbol es un deporte caro en cualquier país del mundo.

- ¿Considera que los futbolistas ganan demasiado? El fútbol a nivel mundial es caro, es irracional. Obviamente, creo que algunos equipos han hecho locuras, pero eso es una decisión de cada equipo. El fútbol, en cualquier país, es caro.

- ¿Cómo festeja un gol de la Selección? Siempre llevo la bandera. Me paro y aplaudo, ya sea en el estadio o cuando veo el partido por televisión.

- ¿Qué piensa de algunos futbolistas que al retirarse terminan mal? A mucha gente el triunfo y la fama las pierde de la realidad y no aprovechan su época.

¿Qué deportes practica?

Solamente corro. He corrido la Max Tott, la de Cobán y otras de un poco más de 21 kilómetros. Varios días a la semana corro unos 10 kilómetros y lo hago en una hora. Este deporte me gusta mucho y me divago... cambio de actividad.

¿Ha jugado fútbol alguna vez?

No, pero me gusta, porque crecí viendo jugar a mis hermanos (cuatro) en el callejón donde vivíamos. Ahí llegaban César Vetorazzi, “El Canche” Araneda y “Tito” Figueroa. Ahí lo empecé a vivir, aunque en ese tiempo no me dejaban tocar una pelota, pero no era tanto el hecho de jugarlo, sino de disfrutarlo.

Y de esa época, ¿cuáles son sus mejores recuerdos?

Cuando volví a ver a mi papá (Miguel Camacho), después de que estuvo exiliado en El Salvador, durante unos seis meses, en el tiempo de la Liberación. Me imagino que yo tenía 4 ó 5 años y no sabía qué había pasado. Uno no entiende a esa edad qué pasa. También recuerdo mucho las travesuras que hacíamos de ir a tocar timbres de puerta en puerta, era alegre. En esos tiempos caminaba uno tranquilamente en las calles a pie o en autobús.

¿Qué es lo más atrevido que ha hecho por el deporte?

Manejar siete horas para ir a El Salvador a ver a la Selección, el 31 de marzo del año pasado, y regresar el mismo día en la noche. Fue un partido amistoso y era el primero de Ramón Maradiaga. Mis mayores locuras han sido las de manejar a cualquier hora del día y la noche para ir a Quetzaltenango o a San Marcos, por ejemplo. Esto no lo hace cualquiera sólo por ir a ver un partido de fútbol.

Y su mayor festejo...

El triunfo del equipo de Cobán cuando fue campeón, en junio del año pasado. Me fui en el bus con los jugadores. Salimos a las 5 de la tarde y llegamos a las 2 de la mañana, porque el camino entero estaba lleno de gente que paraba el bus para celebrar. La gente de las aldeas bajó e hizo fogatas. Eso fue lindo.

 
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