Semanario de Prensa Libre • No. 58 • 14 de Agosto de 2005    


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D cultura

Zapatero a tus grabados
Moisés Barrios graba sus pensamientos y enseña a que otros, más pequeños, también los graben.

Por Gustavo Adolfo Montenegro

“Estos niños me dejan totalmente agotado”, exclama Moisés Barrios con las manos manchadas y la frente sudorosa. Interrumpe un momento la conversación para dar instrucciones a otro niño sobre el uso de la prensa de tornillo, que dejará sobre una hoja blanca la huella impresa de la madera sobre la cual ha sido tallado un dibujo. El pintor y grabador de 48 años se ha dedicado desde hace varias semanas a impartir un taller gratuito de grabado organizado por la Fundación Contexto, para niños de escasos recursos de la comunidad de Santa Catarina Pinula.

Todos los niños aprenden a tallar las planchas de madera, a aplicarles tinta y a imprimir el dibujo final.

Nació en San Pedro Sacatepéquez, San Marcos, en 1946. “Mi padre era zapatero y aprendí el oficio, pero yo no quería ser zapatero. Tenía facilidad para el dibujo y por eso a los 17 años, entré a la escuela de artes plásticas”.

Como un “amor a primera vista” define Barrios su encuentro con el grabado, cuya clase era impartida por el maestro Roberto Cabrera. Yo iba a la escuela pero en verdad sólo iba a la case de Cabrera. ¿Y por qué esa fascinación con el grabado? “Son esas cosas que uno descubre en el camino, tal vez por la relación con la literatura, las posibilidades de multiplicar la obra, o simplemente por el oficio de estar muy cercano de la madera, Nunca me lo pregunté”, cuenta.

 

El ambiente creado por Cabrera también resultó importante para Barrios, pues en su aula no se limitaban a dibujar sino a comentar las novedades literias y artísticas. Por aquella década de 1960, al mismo tiempo que estudiaba arte, Moisés empezó a trabajar en publicidad. “Antes era muy difícil vivir de artista. Mucho más que hoy y los artistas trabajaban el arte comercial. Tengo 58 años y a los 40 dejé la publicidad para pintar al óleo que ya entonces me daba para vivir”.

¿Dónde estaba?
- A los 10 años: “En San Pedro Sacatepéquez, San Marcos, en primaria. No era un buen alumno, repeti primero y cuarto año.

- 20 años: “En la Escuela de Artes Plásticas, ya con muchas ganas de viajar”

- 30 años: “Pasé como 14 años fuera de Guatemala: 8 en Costa Rica y 6 en España. Trabajaba en publicidad”.

- 40 años: “Estaba reiniciando toda una vida. Dejé la publicidad para pintar. Me casé”.

- 50 años: “En plena producción y como siempre con la sensación de estar empezando”.

Una muestra de sus grabados está abierta actualmente en el Museo Nacional de Arte Moderno

Diversas series han salido del taller de Barrios, aunque una de las más notorias y constantes fue la de Banana Republic: una exploración del concepto, color y textura de los bananos, conjugado con la realidad histórica guatemalteca.

Barrios explica el proceso creativo de estas obras: “Cuando se firmó la paz en 1996, el diario New York Times publicó un editorial diciendo que a los guatemaltecos se les había olvidado ya cómo empezo la guerra, que la guerra no fue exactamente de 36 años sino mucho más vieja. Entonces el tema de la república bananera no es tan original. Otros lo habían tocado, durante la guerra fría: los países del sur siempre fueron tratados como países bananeros, aunque el término banana republic surgió a propósito de Guatemala y se extendió a cualquier economía pequeña y dependiente de las compañías americanas. Yo sólo di otra interpretación”.

La realidad del artista

Al preguntarle su opinión acerca del proceso de paz guatemalteco, el artista se confiesa una especie de “eterno optimista” y no ha perdido la esperanza en una sociedad mejor. “Recuerde que tras la guerra civil de Estados Unidos, los bandoleros se fueron al oeste. Igualmente, a los que se pasaron jalando el gatillo no los vas a poner, así tan fácil, a trabajar de artesanos. Sin embargo, pienso de que la misma sociedad va a encontrar sus soluciones”.

Quizá una buena muestra de ese optimismo sea la participación de Moisés en el taller con niños. “No es tanto enseñar sino compartir, estar con ellos cuidar que no se corten con las gubias, pero nunca sabe uno en que momento va a surgir un artista de estos chicos. Son como termitas para trabajar la madera y ojalá nunca se cansen”, concluye.

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