¿Amenaza en las Coreas?
El armamento nuclear que posee Corea del Norte hace peligrar la paz con su vecina del Sur.
Por Julieta Sandoval
Las dos Coreas, Norte y Sur, fueron divididas después de la Segunda Guerra Mundial, 1945. Una quedó bajo la protección de la Unión Soviética y la otra, de Estado Unidos, lo que hizo a una comunista y a la otra capitalista. La del Sur es la tercera economía del Asia; la del Norte, la última. Desde entonces sus destinos se separaron al igual que miles de familias, pese a tener cultura, idioma e historia comunes.
Después de la guerra y los cambios políticos, en el Sur empezaron las inversiones norteamericanas y japonesas que permitieron un despegue económico que ha llevado al país a un alto nivel de desarrollo, por lo cual es considerado uno de los cuatro dragones de Asia. Su crecimiento económico hace olvidar que décadas atrás su Producto Interno Bruto la hacía figurar en la lista de los países más pobres.
Mientras tanto, su vecina del Norte con una economía cerrada y precaria ha encontrado en la fabricación de armamento el motor de su industria. La venta de componentes de balística y las transferencias de tecnología con otros países constituyen las principales fuentes de ingresos en el país. Egipto, Pakistán, Libia, Yemen o Irán son citados como sus principales clientes. Aunque se presume que la lista es mucho más amplia y polémica.
Las apariencias engañan
Pese al éxito económico, Corea del Sur aún puede enfrentar problemas. Ignacio Ramonet, director de la revista Le Monde Diplomatique, señala que a pesar de la impresión de dinamismo que experimenta el visitante occidental ante el espectacular éxito de Corea del Sur, el crecimiento se agota. El país que aún sigue siendo la tercera economía de Asia, después de Japón y China, sufre al mismo tiempo un descenso del consumo y una disminución de sus exportaciones.
Ramonet, en el artículo Alertas en Corea, agrega que la economía surcoreana ha estado tradicionalmente dominada por los chaebol (conglomerados industriales), grandes empresas como Samsung y Hyundai. Estas corporaciones gigantes han sido la razón de una reciente reforma legislativa, pues se cree que obstaculizaban la libre competencia. Por otra parte, los bajos costos de la mano de obra China se ha llevado muchos empleos fuera de las fronteras.
Aires de tensión
Las tensiones políticas y militares entre los dos países han vuelto a resurgir después de años de calma, pues Corea del Norte, dotada de armas balísticas de largo alcance, se retiró en enero de 2003 del Tratado de no Proliferación nuclear (TNT), declaró que poseía varias bombas atómicas y amenazó con proceder a ensayos nucleares para responder a las amenazas de agresión estadounidense, que ha mantenido 37 mil soldados en Corea del Sur desde el fin de la guerra.
Marcus Noland, del Instituto de Economía Internacional, y autor del libro Evitando el Apocalipsis: el futuro de las dos Coreas, señala que mientras la disputa por la capacidad nuclear de Corea del Norte acapara todos los titulares, se ha investigado muy poco acerca del papel que juegan los vaivenes de la maltrecha economía en contribuir a la crisis nuclear, o a su potencial solución.
Las razones por las cuales Corea del Norte decidió construir armas nucleares radican que ese programa es simplemente un arma de negociación para ser cambiada por concesiones económicas y políticas por parte de Estados Unidos, ya que las penurias alimentarias han asolado a gran parte de la población. Se calcula que en la década de los 90 murieron más de un millón de personas de hambre. Otra probable causa es que los norcoreanos vean en el armamento nuclear la última garantía de sobrevivencia del actual régimen y evitar una invasión como la de Irak.
Por otra parte, la milicia norcoreana tiene una función macroeconómica, pues está integrado por un millón de elementos que, si quedaran desempleados, crearían una grave crisis.
Corea del Norte busca ahora otras opciones para resurgir en su economía, abrirse al exterior y favorecer la inversión extranjera y así romper el aislamiento en que se manduvo durante décadas. Tal esfuerzo ha dado pocos resultados efectivos. Uno de ellos ha sido la entrada de capital extranjero, a través del joint venture entre el Gobierno norcoreano, la FIAT y la Iglesia de la Unificación para implantar una planta de ensamblaje de automóviles en Nampo, cerca de la capital Pyongyang.
Por otra parte, las declaraciones de apertura de Corea del Norte son tomadas con desconfianza por el gobierno de Estados Unidos. Joel Witt, exfuncionario del Departamento de Estado considera que las posturas son demasiado distintas. “No hay ninguna prueba de un cambio radical de actitud de la administracion Bush sobre Norcorea. Retórica es una cosa. Sentarse y arremangarse para alzanzar un acuerdo es una cosa bastante diferente”, dijo en una entrevista con la revista Foreign Policy
Hasta ahora las dos Coreas se mantienen en alerta, una por poseer armamento nuclear y la otra, con temor de ver arruinada su pujanza o frenado su crecimiento. |