Semanario de Prensa Libre • No. 58 • 14 de Agosto de 2005    


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Opinión

Halcón a Naciones Unidas
El historial de Bolton muestra un patrón consistente de mentiras y manipulación de la información.

Por: Sergio Muñoz Bata
Ilustración: Juan Fernando Rodríguez

Convencido de que John Bolton, no pasaría la prueba del detector de mentiras en el Senado y utilizando sus facultades presidenciales, el presidente George W. Bush dio un paso poco usual e ignorando al Congreso, el lunes lo nombró embajador temporal de su país ante Naciones Unidas.

Apenas el viernes, 36 senadores estadounidenses le habían escrito una carta al presidente pidiéndole que no se valiera del recurso del nombramiento temporal pues Bolton había faltado a la verdad durante las audiencias de confirmación.

La mentira a la que se referían quienes suscribieron la carta, fue que Bolton negó haber sido entrevistado por el inspector general del Departamento de Estado durante sus investigaciones sobre las fallas de los servicios de inteligencia sobre falsas compras de uranio de Irak en Nigeria para su programa de armas nucleares.

La decisión del presidente cabe perfectamente dentro de sus atribuciones al cargo pero aún así es difícil entender de qué manera espera Bush que un hombre debilitado por la ausencia de la ratificación de su propio congreso y marcado por la profunda hostilidad que siente hacia la institución multilateral, podría negociar su reforma en un lapso de 17 meses.

El historial de Bolton muestra un patrón consistente de mentiras y manipulación de la información que los analistas de inteligencia le presentaban. Mintió sobre un supuesto programa de armas biológicas en Cuba; Sobre la capacidad nuclear de Siria y sobre los arsenales en Corea del Norte, Irán e Irak.

El iracundo y abusivo trato que daba a sus subalternos y sus constantes confrontaciones con subordinados, colegas y jefes es legendario. Tal era su celo ideológico que el secretario de estado Colin Powell tuvo que ordenarle a su subsecretario Richard Armitage que lo vigilara de cerca para evitar que con sus acciones impulsivas ofendiera a diplomáticos aliados a la causa norteamericana.

La decisión del presidente podría también tener un costo político justo en la víspera del proceso de ratificación del candidato presidencial a la Suprema Corte de Justicia.

Otra interrogante es de qué manera espera el presidente mejorar la imagen del país en el extranjero nombrando embajador ante la ONU a un funcionario de segundo nivel famoso por sus bravuconadas, sus provocaciones y una hostilidad tal a la ONU que le ha llevado a decir que "si el edificio del secretariado de Naciones Unidas perdiera diez pisos, nadie notaría la diferencia."

Este mes, el Financial Times de Londres y la revista Foreign Policy, publicaron sendas encuestas-reportajes confirmando los problemas de imagen de EE UU en el mundo. Para los entrevistados por el FT, EE UU sigue siendo el mejor país para hacer negocios y es cantera inagotable de cultura popular. "Pero, ya el mundo le perdió el respeto y la admiración por su gobierno, su herencia cultural y su gente."

La otra encuesta, realizada en 23 países entrevistando a 24,000 personas, muestra no sólo que la opinión pública mundial se ha alejado de Estados Unidos sino que ahora Francia es el ejemplo de liderazgo mundial en 20 países.

Frente a estas realidades, que el presidente Bush escoja a John Bolton para representar a Estados Unidos ante un organismo que, con todo y sus enormes fallas, carencias y procesos obsoletos, sigue siendo la organización internacional por excelencia, es tan desalentador como incomprensible.

 
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