Semanario de Prensa Libre • No. 59 • 21 de Agosto de 2005    


   Portada
   Editorial
   Opinión
   Cartas
   D todo un poco
   Claroscuro
   D frente
   D ciudad
   D portafolio
   D reportaje
   D fondo
   D mundo
   D cultura
   D famosos
   D viaje
   Punto final
   D archivo
   Directorio


D cultura

Presto non troppo
Eso es lo normal...
La música en un acto cultural es considerada mero adorno.

Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com

“En un acto cultural —la entrega de un libro, la inauguración de una exposición, un conversatorio— lo normal es que se incluya un recital de música. Es lo normal... en mi tierra”. Así se expresaba una de las organizadoras de la velada en que se celebró, hace un par de meses, el aniversario del otorgamiento del Nobel de Literatura a la poetisa chilena Gabriela Mistral en 1945, a raíz de que uno de los participantes protestara porque un grupo musical había sido invitado a abrir la función con una presentación de música guatemalteca. “En mi país lo normal es que se contrate a artistas de calidad, no para que lleguen a amenizar el coctel, ni para intercalarlos como un número más en el programa después de alocuciones y discursos eternos que a nadie interesan, sino para que compartan ampliamente su arte con nosotros”, completaba la organizadora, un tanto contrariada. “Esto es parte substancial del gusto que da acudir a un evento de cultura”.

No era para menos. El famoso (y controvertido) galardón internacional que se entrega anualmente desde 1901 ha tenido por destinatarios a muchos escritores europeos, pero no fue sino hasta 1930 que un autor del continente americano se hizo acreedor al mismo. Pasarían 15 años antes de que se lo concedieran a la Mistral, la primera de apenas cinco latinoamericanos que han visto reconocido su aporte a las letras universales con esta distinción. Como si fuera poco, esa ilustre lírica encontró y mantuvo grandes amistades en Guatemala. Parecería normal que la rememoración de aquello tuviera matices de esplendor y de nobleza.

Se pregunta uno, entonces, qué sucede en nuestro medio. Si hasta los que se dedican a alguna disciplina del arte están acostumbrados a considerar la intervención de un conjunto musical como un mero adorno, ¿qué cabe esperar de quienes ni siquiera cultivan una afición al arte? Con una bebida en una mano y la otra que se abalanza sobre las boquitas, es muy fácil contar chismes y carcajearse mientras los musiquillos se pierden en una esquina del salón. Eso es lo “normal”.

También es lo “normal” que los funcionarios de gobierno roben todo lo que puedan, que el empresario siga pagando lo menos posible con tal de ganar más, que los paranoicos se armen hasta los dientes con la ilusa idea de combatir la inseguridad... Mas, ¿cuándo será lo normal que la educación, el arte y la cultura sean una prioridad... en esta nación?

Lea también

- Arte tras las rejas
- Pase al otro lado

 
© Copyright 2004 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.
revistad@prensalibre.com.gt
www.prensalibre.com