Al ritmo del tambor
Los peteneros de El Tambor de la Tribu comienzan a ganar espacio en el panorama musical guatemalteco, con su primer disco.
Por Gemma Gil Flores
El público de la sala baila y canta al ritmo de El Tambor de la Tribu, mientras las luces hacen un último efecto antes de apagarse. El concierto está a punto de acabar y el público no cesa de aplaudir.
Todo empezó hace cinco años como una afición de estudiantes. De ahí, a tocar con Julieta Venegas y la Oreja de Van Gogh, en 2004, transcurre una carrera de fondo que no todos los grupos resisten. Empezaron por doblar canciones conocidas en los bares de la capital, pasaron por convencer a sus padres de que dedicarse a la música no es sinónimo de alcohol y drogas y, por fin, consiguieron meterse en el estudio de grabación para sacar al mercado Afinando los cueros, su primer disco. Son cuatro peteneros y un capitalino, de entre 21 y 26 años, que aspiran “a vivir de la música y poder hacerlo bien”.

De izquierda a derecha:
Luis Pedro. Es el único que no nació en Flores (Petén) sino en Guatemala. 25 años. Batería. Estudia hotelería. Se incorporó al grupo hace tres años, cuando se plantearon el reto de dedicarse profesionalmente a la música.
Alejandro Puga. 26 años. Vocalista. Estudia hotelería. El nombre de Tambor de la Tribu lo tomaron de un libro homónimo escrito por su padre, profesor de comunicación en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Ricardo Fuentes.25 años. Teclista. Su canción favorita es Drops of Jupiter, del grupo estadounidense Train.
Ricardo Ortiz. 22 años. Bajo. Todos le llaman “Kuzuko”. Dejó temporalmente la banda para convertirse en ingeniero de sonido fuera del país.
Alberto Fuentes. El benjamín, con 21 años. Guitarra. Todos le conocen como Raúl por una broma familiar. Estudia Música y Administración de empresas.
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De momento, la apuesta no les está saliendo nada mal. Sus dos primeros sencillos, Skalavera y Watch it ya han alcanzado el número uno en las listas de éxitos radiofónicos. Además, “sabemos que el disco ya está en los puestos callejeros de la sexta avenida (zona 1), eso significa que está pegando”, comenta Alejandro Puga, el vocalista. “Sí, estamos justo entre Madagascar y lo último de Shakira”, bromea junto a él Ricardo Fuentes, responsable del teclado. Ser objeto de la piratería no constituye una meta para nadie, pero no se puede negar que la reproducción ilegal responde a una demanda.
“Grabar un disco, presentarnos y saber que hay alguien por ahí que conoce las letras de nuestras canciones ya es un sueño”, explica el baterista Luis Pedro, el único nacido en ciudad de Guatemala y que no está unido por lazos familiares al resto de los integrantes.
“El objetivo inicial era hacer un grupo netamente petenero, pero el anterior baterista decidió seguir su camino en Estados Unidos, por lo que hace tres años fichamos a Luis Pedro”, explica Alejandro.
Siendo la mayoría de los componentes originarios de Flores era imposible que el grupo no tuviera influencia de los ritmos caribeños, sobretodo del reggae. Pero que nadie se engañe, a pesar de llamarse El Tambor de la Tribu, la percusión y los ritmos africanos no predominan en su música. Su primer disco tiene un indudable y pegadizo sabor popero.
“Nos gusta definir nuestro estilo como rock-pop latino”, explican, “porque lo bueno del pop es que dentro cabe todo, desde mariachi hasta soca”, puntualiza Luis Pedro.
A la hora de escuchar música, sus gustos son eclécticos. Del panorama internacional destacan, como sus favoritos, Maná, Bob Marley, Pearl Jam o Jarabe de Palo. En lo que respecta al mercado guatemalteco, prefieren a Bohemia Suburbana, Planeta Panamericana y Pata de Conejo.
Cuando llegan las fans
“En nuestro último concierto en Antigua había una chavita de 14 ó 15 años llorando desconsolada y lo sentí tan raro”, comenta Alberto Fuentes, el guitarrista, el más joven y tímido del grupo.
Y es que firmar autógrafos y comenzar a ser reconocidos les resulta una experiencia nueva. “Estas en el escenario, a 50 centímetros por encima del resto, y la gente ya te percibe como si fueras diferente”, agrega Alberto.
Pertenecer a una banda siempre envuelve a sus componentes en un halo de atractivo, incluso cuando esa banda está comenzando su andadura. “Todos tenemos novias, pero es verdad, que se liga más, porque conoces mucha gente y estás más expuesto”, dicen con unanimidad. Pero antes de hablar de un fenómeno de fans el grupo necesita ganar mayor espacio en el panorama guatemalteco, algo que no es fácil porque “es un mercado pequeño y se satura muy rápido”, comentan.
Sueñan con que su música les lleve a México, Miami o España y con llegar a escribir canciones de la talla de Tears in Heaven, de Eric Clapton, Hey Jude, de Los Beatles, o Turn your lights down low, de su admirado Bob Marley.
El tiempo dirá si, algún día, lograrán crear un título que llegue a alcanzar la categoría de estos clásicos. De momento, Te necesito, la canción favorita de la banda, escala puestos en las listas de éxitos radiofónicos. Han llegado y quieren quedarse. Atención, que ya llegó El Tambor.
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