El declive de una civilización
Nadie puede estar seguro de qué ocurrió, ni de por qué se fueron. El abandono de los grandes centros mayas de Petén sigue siendo un enigma.
Texto: Gemma Gil
Foto: Alfred P. Maudslay.
Colección Tikal, British Museum.
Fototeca Guatemala, CIRMA
Fue una de las civilizaciones más sofisticadas del continente, hasta que en el siglo décimo después de Cristo, abandonaron sus espléndidas ciudades monumentales en las Tierras Bajas del Sur (Petén). Los templos quedaron a merced de la voracidad tropical y la escritura jeroglífica se interrumpió en Toniná (México), en el año 909.
Los mayistas de los años 1930 supusieron que el declive de esta sociedad fue casi repentino y comenzaron a hablar de “colapso”. Hoy los estudiosos prefieren hablar de “transformación social,” pues, como señala el arqueólogo Arthur Demarest, “las civilizaciones nunca mueren”.

Tikal 1881-82 |
“El mundo maya evolucionó a formas sociales más simples. Desaparecieron aspectos de la cultura como la construcción monumental o las formas de arte más refinadas, pero no ocurrió en todas las regiones ni en todos los lugares al mismo tiempo”, afirma el también arqueólogo Oswaldo Chinchilla. El declive de la civilización maya duró, al menos, 300 años . — del 750 al 1050— y no afectó a todas las ciudades por igual.Mientras Tikal, la gran capital, fue abandonada por sus élites hacia el 870, Chichén Itzá (México) vivió un siglo más de esplendor. Otras ciudades como Lamanai (Belice) nunca fueron abandonadas.
Tras el drástico abandono de las Tierras Bajas, algunos grupos de campesinos siguieron acudiendo a los templos para realizar celebraciones rituales. Sin embargo, estos últimos pobladores no pudieron mantener el esplendor de los edificios ni crearon organizaciones sociales complejas. La pregunta es ¿qué ocurrió?, ¿qué ocasionó ese éxodo masivo? Nadie puede estar seguro de lo que pasó. La única certeza es que una sola causa no puede explicar el ocaso de un mundo. El declive maya fue multicausal y se explica gracias a un conjunto interrelacionado de hipótesis.
Crisis medioambiental
“Las explicaciones del colapso están sujetas a modas, y la más destacada actualmente es la del cambio climático”, señala David Webster, en su obra The Fall of the Ancient Maya.
La toma de conciencia sobre los problemas ecológicos ha llevado a los investigadores a analizar conchas y semillas para detectar cambios climáticos que expliquen el abandono de las grandes ciudades en la época clásica (250-909 d.C.). La paleoclimatología ha demostrado que los periodos más áridos de los últimos 8 mil años en Mesoamérica coinciden con el tiempo en el que se cifra el colapso maya.
Un estudio realizado en Punta Laguna (Yucatán, México) por la Universidad de Florida detectó la existencia de períodos de extrema aridez entre el 800 y el año mil d.C. De acuerdo con estas investigaciones, el área maya fue afectada por una serie de sequías que habría producido un desabastecimiento de productos agrícolas. La falta de agua habría provocado hambruna y masivas corrientes migratorias a la búsqueda de nuevas tierras.
“Si una civilización abandona un área es porque no puede vivir en ella”, explica el epigrafista canadiense Stanley Gunter. “Se ha hablado mucho de la guerra como causa del colapso, sin embargo, un conflicto bélico no ocasiona semejante abandono de las ciudades, los campesinos hubieran seguido cultivando las tierras para el nuevo señor, pero el problema es que no hubo ningún vencedor. Todos los estados se vieron afectados”, defiende el canadiense. Su punto de vista es compartido por el arqueólogo Richard Hansen, para quien la crisis medioambiental también se produjo como consecuencia de la deforestación. La madera era necesaria para el consumo doméstico y para obtener la cal empleada en la edificación de los grandes monumentos. Para Hansen, la deforestación en el Mirador explicaría la decadencia de esa gran ciudad, en el periodo preclásico (2 mil a.C. al 250 d.C.)
El problema que presenta la hipótesis ambiental es que el área maya comprende un territorio amplio y heterogéneo, y como señala la arqueóloga Kathryn Reese-Taylor “hasta ahora se han encontrado evidencias de sequía en Yucatán, pero no en Petén”.
Lo que funciona para explicar el declive de algunos sitios no tiene porque resultar convincente para aclarar el ocaso de otros. En este sentido, el también arqueólogo Tomás Barrientos señala que las teorías climatológicas ignoran lo que está pasando en términos globales, ya que a la caída del Petén le sigue un florecimiento en el sur de México. “Yucatán es el peor sitio al que ir si hay sequía. ¿Cómo es posible que una ciudad como Uxmal floreciera mientras que Palenque, que está rodeada de agua, cayera? O ¿cómo explicar que las ciudades que estaban al lado de un río fueran de las primeras en caer?”, cuestiona Barrientos. Por otra parte, las fechas que se han barajado para localizar la secuencia de sequías en el siglo 9 —800, 820, 860— son posteriores a la caída de ciudades como Palenque, México, cuya última inscripción es del 799, o Dos Pilas y Piedras Negras, Petén, cuyos problemas arrancan medio siglo antes.
En conclusión, aunque los factores medioambientales son aceptados como un elemento que contribuyó al abandono de las ciudades, no parece definitivo. En palabras del arqueólogo Juan Antonio Valdés, probablemente “la sequía fue la gota que colmó el vaso”.
Sobrepoblación
Las ciudades mayas alcanzaron una alta densidad de población —Tikal contó con 125 mil habitantes—, por lo que se ha apuntado a un desequilibrio entre población y capacidad productiva como causa del colapso.
Esta hipótesis podría explicar el declive de Copán, Honduras. La ciudad se encuentra en un valle muy estrecho, en el que los asentamientos fueron invadiendo los terrenos fértiles. Según Crónica de los Reyes y Reinas Mayas, de Simon Martin y Nikolai Grube, Copán había excedido su capacidad productiva en el siglo VI y el valle fue sometido a un intenso proceso de deforestación, que se refleja en la disminución de estuco empleado para el decorado. Dicha tala masiva pudo producir una alteración del microclima del valle y un descenso de las precipitaciones.
“En el resto del área maya ese colapso ecológico no está tan claro”, señala el epigrafista Federico Fahsen. El mejor ejemplo para ilustrar estas dudas se encuentra en la enemiga de Copán. La vecina ciudad de Quiriguá se alzaba sobre las fértiles tierras regadas por el Motagua y allí nada invita a pensar en un desequilibrio entre población y recursos.
Por otra parte, en el siglo X, Petén había estado ocupado durante más de tres mil años. Un asentamiento tan prolongado demuestra que los mayas habían sabido adaptarse al entorno.
“Si el problema hubiera sido la sobrepoblación habrían colapsado mucho antes”, apunta Valdés. “Ellos sabían dónde estaba el límite medioambiental. Por eso, sus ciudades no eran como Teotihuacan, en el centro de México, donde la población vivía concentrada en barrios. En Petén la gente vivía dispersa porque sabía que de lo contrario se agotaría el suelo”, agrega. En este sentido, Demarest señala que la población en Tikal se extendía por un radio de 60 kilómetros cuadrados, un patrón de dispersión que también se observa en Calakmul y Caracol.
Invasiones del norte
La llegada de pueblos invasores procedentes de México fue una de las hipótesis defendidas por el arqueólogo J. Eric Thompson, en la década de los 50. Esta idea se apoyaba en la localización de cerámica con un estilo mexicano en Petén. Thompson expuso que la presión de los pueblos bárbaros del norte había desestabilizado el sistema político. La introducción de una creencia en el dios de la guerra que habría multiplicado los conflictos y la rivalidad entre las ciudades para conseguir cautivos para los sacrificios.
Aunque, según Martin y Grube, alrededor del 850, comienza a mostrarse un incremento de las características mexicanas en los sitios supervivientes, hoy las hipótesis de Thompson han sido superadas.
Guerra y revolución Ya fuera por la escasez de recursos naturales, por el control de las rutas comerciales o por luchas de poder, los estudios han demostrado que los conflictos entre las dos grandes alianzas, encabezadas por Tikal y su enemigo Calakmul, fueron frecuentes.
Actualmente, la mayoría de los estudiosos ubican el inicio del declive en el área de los ríos Usumacinta y La Pasión, concretamente en la laguna Petexbatún, donde sitios como Dos Pilas o Aguateca muestran evidencia de gran destrucción.
“Hemos encontrado murallas defensivas y las casas de la parte central quemadas”, explica el arqueólogo japonés Takeshi Inomata, quién está trabajando en Aguateca. “En las casas se quedaron muchos objetos de jade y conchas; cosas valiosas que la gente se lleva consigo, esto indica que la población salió aceleradamente o fue capturada por sus enemigos”, añade.
Con respecto de Dos Pilas, una escalera jeroglífica encontrada en la ciudad enemiga de Tamarindito habla de la salida de su gobernante, en el año 761. A partir de esa fecha, se cree que la élite huyó hacia Aguateca, abandonada en 810. La parte central de la ciudad fue ocupada por los campesinos que utilizaron las piedras de los palacios para construir dos murallas defensivas.
No obstante, la permanencia de los campesinos tras la salida de las élites conduce a una nueva hipótesis: un levantamiento popular contra los gobernantes. Esta fue la idea defendida por Thompson en su obra The rise and fall of the Maya civilization, en 1954. Para el británico, “uno a uno los centros ceremoniales del área central son abandonados, posiblemente debido a una revuelta”. El británico, influenciado por las luchas ideológicas de su época, eligió expresiones como “proletariado maya” o “masas alienadas” para plantear la idea de la revolución. Según esta hipótesis, la masa explotada masacra a sus gobernantes y los escribanos, como parte de las élites, también habrían sido asesinados, lo cual explicaría la interrupción de la escritura en las Tierras Bajas.
“En Colha (Belice) hay un depósito de cráneos de gente de clase alta. Lo que no sabemos es si estas cabezas provienen de un sacrificio de cautivos o de una guerra entra élites”, señala Reese-Taylor.
Por su parte, Valdés prefiere hablar de descontento popular que se puede apreciar en la multitud de estas estelas que se han encontrado quebradas, “muchas tenían la imagen del gobernante mirando hacia el suelo y el rostro dañado con cinceles”, explica. Esta destrucción intencional de estelas o monumentos se puede observar en sitios como El Perú. “El problema es cómo podemos estar seguros de quién trató de destruirlos. ¿Cómo saber que no fueron los guerreros enemigos?”, cuestiona el arqueólogo Héctor Escobedo.
Las dudas planteadas por Escobedo no son las únicas. Barrientos ha encontrado, al menos, 15 cuerpos de la nobleza en una piscina de Cancuén. Los cadáveres conservaban los objetos de prestigio. Es decir, nadie les robó sus joyas de lo que se deduce que más que una revuelta, se pudo tratar de un enfrentamiento entre élites.
Crisis del sistema sociopolítico
“El K’ujul Ajaw (Sagrado Señor) de las estelas tiene en los brazos una barra con símbolos que representan la Luna, el Sol y los planetas. Eso significa que está sosteniendo el universo. Su atuendo representa la Ceiba, el árbol que comunica el inframundo con el cielo, es decir, es un representante divino. ¿Cómo explicar que no pueda controlar huracanes o sequías?”, señala Fahsen. El colapso vinculado a una crisis de fe en el sistema y sus gobernantes es una idea que también defiende David A. Freidel, investigador en Piedras Negras.
Algo de esto se aprecia en el sitio de Yaxhá, donde “en el Clásico Tardío, se remodelan los grandes monumentos y se les añaden escalinatas que bajan a ras del suelo, lo que simboliza un intento del rey por aproximarse al pueblo”, afirma el arqueólogo Óscar Quintana.
En las inscripciones de Chichén Itzá (México), cuyo declive llega casi un siglo después que el de Tikal, los estudiosos han considerado que el poder no estaba centralizado sino que lo ejercía el Multepal, un consejo de nobles. Este hecho evidenciaría el intento por experimentar con otras formas de gobierno. Sin embargo, el epigrafista holandés Erik Boot, ha publicado en su tesis doctoral de la Universidad de Leiden que estas inscripciones, en realidad, hablan de un único rey, que parece acompañado de dioses y no de otros nobles. Para Boot, el sistema político de Chichén Itzá sería igual al de Petén.
De lo que no hay duda es de que, durante la época Clásica, se observa una multiplicación de las élites debido a la poligamia de los reyes. El poder comienza a ser delegado de los Señores Sagrados a sus hijos. Así, muchos pueblos pasan a ser ciudades que reproducen el esquema de las grandes urbes: la misma élite, las obligaciones administrativas y los hijos o primos del gobernante reclamando su propia cuota de dominio.
Cuanto más se agudiza la lucha entre Tikal y Calakmul por controlar el territorio “más se debilita el poder”, señala Escobedo, “ pues el territorio se fragmenta”.
Por otra parte, la consecuencia de la proliferación de las élites es que hay una mayor presión por conseguir cautivos para los sacrificios sagrados y “mayor necesidad por adquirir productos de prestigio, lo que llevó a los gobernantes a tratar de controlar las rutas de comercio. Eso explicaría porqué la transformación empezó en los ríos Usumacinta y La Pasión”, defiende Barrientos. La interrupción del comercio en los ríos habría trasladado el comercio al mar, lo que, en opinión de Quintana, habría hecho que Petén perdiera su valor estratégico y Yucatán viviera un auge. Desplazadas las élites a los nuevos centros de poder, las ciudades habrían iniciado una inexorable decadencia. Habría comenzado la era del abandono a las fauces de la selva. |