Un paseo por Las Nubes
A este lugar no cuesta subir. Lo que sí es difícil es querer bajar de aquí.
Por: Gustavo Adolfo Montenegro
No nos vamos a ir por las ramas de lo pintoresco o lo floreado, ni vamos a negar que aquí hay gente con necesidades y pobrezas muy reales, pero sí hay que decir que desde este lugar salen todos los días las nubes a pasear y regresan, al comenzar la tarde, para dormitar sobre los cerros.
El paraje Las Nubes, en jurisdicción de San José Pinula, es uno de esos lugares, a los cuales se llega por dos razones: por puro accidente o porque alguien nos dijo que era muy bonito el lugar, nos dio curiosidad y fuimos. Se pasa por el pueblo de San José Pinula. En la bifurcación que dice Palencia (a la izquierda) o Mataquescuintla, Jalapa (a la derecha), nos vamos por la derecha. El asfalto termina pronto, 800 metros adelante de la entrada del Hacienda Country Club. El primer lugar mágico que había en este trayecto era la penumbra impresionante que se veía dentro del bosque de cipreses que se ve desde la carretera. Estaban tan juntas sus copas y tan de la mano sus ramas que sólo se podía oír el zumbido del viento, pero digo que se podía porque han sido talados, por lo menos la mitad de los árboles. ¿Con licencia o sin licencia? Quién sabe. El zumbido de ha ido y la magia, también.
Comienza la verdadera subida. El carrito se queja y rechina la puerta de atrás. Las piedras van a dar al metal y nos recuerdan que es mejor subir despacio.
Hay, adelante, una montaña de colores indefinidos, cuyo olor (no a cedros, no a pinos, no a flores) entra por las ventanillas. Es el botadero municipal de basura, que resulta un completo absurdo si se toma en cuenta que lo vemos desde el fondo. La cuesta sigue empinada y es la misma que trepan los camiones basureros. Al llegar a cierta planicie, el viajero sigue su expedición sin querer voltear a ver. Quien voltee a ver podrá descubrir la orilla desde donde cae la cascada de basura que, igual, va a caer 70 metros abajo. Absurdo. No se desanime si ve más montañas taladas. Siga subiendo. Hace cinco años no estaban así y pienso en el dinero que ganó quien vendió los inmensos pinos cuya base es hoy un banco triste con raíces. Me siento para admirar el valle de Pinula, en donde algún día preguntarán por qué escasea el agua que “antes” era abundante.
Al llegar al cruce que señala “ Naranjo” (a la derecha), tome la izquierda. Esta es la parte más sabrosa del camino. Pasará usted por un túnel de árboles, coincidentemente cipreses. El suelo es arenoso y blando por tanta humedad. No se oye que canten pájaros en este momento. Quien no paraba de cantar era la pequeña cascada hija de las lluvias que hallamos poco antes del cruce. No es aconsejable beber esta agua sin clorar, pero yo lo hice ( en el futuro quién sabe). Mi hija María, de 5 años, quiso tomar también y no pude impedírselo. Me dijo: “No sabe a nada malo”. ¨¿Podrá ella volver a verla dentro de 20 años? Cualquier lugar de este camino es bueno para detenerse, abrir el termo que traíamos y tomar café. Nosotros llegamos hasta Las Nubes, una comunidad rodeada de montañas muy cerca del techo. Las vacas lecheras pastan tranquilamente y nosotros conversamos. No dan ganas de irse, sobre todo al pensar en los cadáveres de árboles y el basurero que encontraremos camino abajo. |