Burton, + dulce
El director estadounidense regresa a las pantallas con una nueva versión de Charlie y la fábrica de Chocolate.
Por Gemma Gil Flores
Maestro en el arte de narrar cuentos de hadas modernos, Tim Burton regresa a la cartelera con la nueva versión de Charlie y la fábrica de chocolate. Una película en la que el director californiano vuelve a fusionar los escenarios góticos, con una estética alegre y colorida en la que pasear a sus personajes.
La historia de Charlie, el niño pobre que gana un concurso para visitar el universo de chocolate de un millonario excéntrico, fue escrita por Roald Dahl, en 1964. Siete años más tarde, el cuento del escritor galés fue llevado al cine, en una versión musical que protagonizó Gene Wilder, bajo el nombre de Willy Wonka and the Chocolate Factory.
La recreación de Burton promete trasladar al espectador a un planeta de fantasía más fiel al clásico de Dahl. Un autor que era magistral a la hora de combinar “la emoción, el humor y la oscuridad”, explica el director, a quien siempre le ha fascinado esa combinación de elementos que tan acertadamente definen su propio estilo.
El objetivo de esta nueva recreación “es hacer una historia para niños sin miedo a ser subversivo, fuerte, oscuro y luminoso a la vez”, afirma Burton. Para ello no ha escatimado en escenarios lóbregos ni en personajes ingenuos y estrambóticos.
La interpretación del inquietante dueño de chocolates Wonka ha recaído sobre Johnny Depp, uno de los actores fetiches del director. Su primera colaboración juntos se remonta a hace 15 años, cuando le hizo encarnar a un joven extraño, pero de gran corazón, cuyo inventor había muerto antes de poder terminarle sus manos (Eduardo Manos de tijeras, 1990). El éxito interpretativo de aquel híbrido de Pinocho y Frankestein fue tal, que el director más tenebroso de Hollywood no dudó en volver a confiar en el actor para homenajear al peor director de la historia del cine (Ed Wood, 1994), ni para encarnar a aquel melindroso Icabod Crane que investigaba los desaguisados provocados por un jinete descabezado en un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra (La leyenda del jinete sin cabeza, 1999). Depp, al que Burton ha calificado como “un fuera de serie”, ha inspirado también al protagonista del The Corpse Bride, una película animada que se estrenará a final de año y con la que el director vuelve a sus orígenes.
Terror y fantasia
Introvertido, tímido y artístico, Tim Burton creció dibujando, viendo películas de terror, adorando a monstruos como Godzilla, admirando la magia de los efectos visuales creados por Ray Harryhausen y el inquietante trabajo de actores como Vincent Price.
A los 21 años, ingresó en el Instituto de Arte de California, donde pronto atrajo la atención de los cazatalentos de la factoría Disney. Para estos estudios, realizó Vincent (1982) un corto de animación que rendía tributo a su ídolo de la niñez.
Tras Frankenweenie (1984), un corto de humor negro en el que se relatan los esfuerzos de un joven para revivir —al más puro estilo Frankestein— a su perro atropellado, llegó La gran aventura de Pee Wee (1985), el primer largometraje del californiano. No obstante, aún tendría que esperar un par de años más, para consagrarse en el universo de la fama con la hilarante Beatlejuice (1988). Esta satírica comedia sobre la muerte, le brindó la oportunidad de trabajar con Michael Keaton, actor con el que se volvió a encontrar en su siguiente reto profesional: la adaptación cinematrográfica de un clásico del cómic, Batman (1989). Si bien Keaton fue discutido como encarnación de un superhéroe, la fantástica y sombría Gotham de Burton no ha conseguido ser superada en ninguna de las películas de la saga.
Al éxito del hombre murciélago, le seguiría la entrañable Eduardo Manos de tijeras, un cuento surrealista, poblado de vendedoras de Avón, amas de casa insatisfechas y espíritus románticos, que le dieron la oportunidad de trabajar con su admirado Price, al que ofreció el papel del anciano inventor.
El regreso de un justiciero (Batman vuelve, 1992), la llegada de los protagonistas de Halloween a Christmas Town (Pesadilla antes de Navidad, 1994), las invasiones de unos marcianos con mucho sentido del humor (Mars Attacks!, 1996) o el fantástico y emotivo encuentro generacional (Big Fish, 2003) se fueron sumando a una trayectoria en la que la crítica sólo ha visto un tropiezo: el rodaje de una nueva versión de El planeta de los simios (2001). Esta última, pese a estar lograda visualmente, no pudo superar el clásico rodado por Ted Post en 1970.
Ahora, Burton se lanza de nuevo al reto de reinterpretar no sólo una película de los 70, sino todo un clásico de la literatura infantil. Carne de mito, sus seguidores confían plenamente en que la imaginación y fantasía del director consigan sorprender a la audiencia. El singular universo Burton ha regresado y promete retrotraer al espectador a la capacidad de sorpresa y a la dulzura de la infancia. Charlie y la fábrica de chocolate llegará a las
pantallas guatemaltecas el próximo 9 de septiembre. |