Padre Varela:
"Estuve con mi macuto y mi fusil"
José María Delgado Varela participó durante dos años y medio en la Guerra Civil Española como soldado en la sección de transmisiones.
Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Carlos Sebastián
Algunos lo conocen como “ Padre Varela”, otros como “el capellán de las cárceles o “el padre de los presos”, pocos saben que su verdadero nombre es José María Delgado Varela y que nació en Santiago de Compostela, España, en 1917.
Este religioso vino al país en 1,969 con el objetivo de completar una obra histórica, para lo cual tenía previsto estar únicamente dos años; sin embargo, desde ese año no se ha movido de la iglesia de Belén, ubicada en la 13 calle y 10a. avenida, zona 1.
¿Alguna vez se ha arrepentido de ser sacerdote?
Nunca. Cuando estudiaba vi las crisis de mis compañeros y me preguntaba por qué yo nunca tengo esos problemas. Cuando celebré mi primera misa en Santiago Conjo (España) en 1942, una amiga íntima de mi mamá me dijo: José ¿sabes por qué eres sacerdote? y yo le respondí: porque Dios me dio vocación y perseverancia, y ella me respondió: Tú no sabes, y le dije: dímelo, y me contó la siguiente historia: Un día, cuando tenías 6 años y tu mamá se veía morir le dije: ¿Qué va a ser del pequeño? Y en ese momento se quedó privada y cuando despertó me dijo: ya no me preocupa el pequeño, Dios y el apóstol Santiago están con él. Esto me emocionó mucho y me sirvió para explicarme por qué mi vocación era distinta a la de mis demás compañeros. Desde entonces siempre me encomiendo a mi mamá pues la considero santa.
¿Por qué se decidió a ser sacerdote?
Nunca tuve otra alternativa. Aparte de lo de mi mamá, creo que también influyó mi papá. Cuando mi padre era niño, los mercedarios llegaron a mi parroquia y restauraron el convento de Santa María de Conjo y su hermano Ricardo se hizo de la orden Mercedaria. Yo le preguntaba a mi papá cómo era él de niño y me contaba que había sido monaguillo de los mercedarios y me explicaba cómo era la vida de estos religiosos y a mí me gustaba. También me encantaban las procesiones, la música y los cantos. Mi papá también era presidente de la hermandad de San Serapio, un santo mercedario. También veía las revistas que mandaba mi tío Ricardo Delgado y la formación que tuve en el colegio de La Salle. Cuando le dije a mi padre quiero ir al convento se quedó callado un rato y me respondió: Está bien.
¿Eso fue en tiempos de la Guerra Civil Española?
Estuve dos años y medio en la Guerra Civil como soldado con mi macuto (mochila de soldado) y mi fusil en la sección de transmisiones, pero nunca hice un tiro. En esa guerra teníamos un círculo de Vanguardia de Acción Católica con el capellán, y yo lo ayudaba porque había terminado de estudiar filosofía en el convento. Cuando me daban permiso, primero iba al convento y después a mi casa.
¿Y cómo vino a Guatemala?
El literato Antonio Rey Soto estuvo en Guatemala y escribió una obra de cuatro tomos que se iba a publicar en España, pero había un período, de 1925 a 1930, que estaba incompleto. Entonces el Superior me preguntó si quería venir y le contesté que con mucho gusto vendría unos dos años para completar el estudio y publicarlo. Al llegar, el 3 de diciembre de 1969, me trajeron a dormir aquí (iglesia de Belén) y desde entonces estoy en este lugar sin mudarme, cosa rarísima en un religioso.
¿Y por qué se quedó después?
Empecé a trabajar en lo de Rey Soto y a raíz de esto tuve contacto con David Vela, César Brañas y otras personalidades de la época. En ese entonces, tuvo que marcharse el capellán general de Presidios Ignacio Zúñiga a Barcelona, España, de donde yo había venido, y me quedé como capellán general suplente. Al ser elegido formalmente en España el padre Zúñiga yo me quedé aquí como capellán general y esa suplencia que era por tres meses llegó hasta el año 1983 cuando fui capellán general.
Pero aparte de capellán, también realizaba otras actividades...
En 1973 comenzó la renovación carismática de Guatemala y el Cardenal trajo al hermano Cirilo y a un padre Jesuita a unos retiros espirituales para sacerdotes y seglares con lo cual comenzaba la renovación carismática en Guatemala.
Asistí al evento y durante el mismo no pronuncié ninguna palabra sólo escuché las pláticas y los cantos y observé cómo se desenvolvían los seglares y pude ver que el espíritu de Dios estaba ahí a pesar de los defectos humanos. Después hasta formé un grupo que sesionaba en un aula y yo realizaba misas en el auditorio del Instituto Belén.
Pero en 1977 llegó una directora que era evangélica y nos dijo que los días domingos iba a estar ocupado el salón de actos, por lo que iniciamos las reuniones en la capilla de Belén, pero una persona que compraba y vendía casas ofreció una que estaba ubicada en la 12 avenida de la zona 1. ¿Alguna vez ha sentido temor al ingresar a las cárceles?
Ninguno, en absoluto. El preso guatemalteco respeta mucho al sacerdote, por lo que nunca he tenido una falta en el trato con ellos y yo los ayudo en lo que puedo.
¿Y cómo es la vida en los centros carcelarios?
Se sabe que los celulares en las cárceles sirven para tramar desde atracos, hasta extorsiones y secuestros y no los prohíben. Esto es algo horroroso, porque el que tiene un teléfono en la mano no está preso, está libre para hacer lo que quiera. A mí me admiró mucho cuando pusieron teléfonos públicos en los centros penales sin ningún control.
En la trifulca que tuvieron los cholos en los centros penitenciarios (el 15 de agosto) se comunicaron entre sí para hacerlo el día de la Asunción y casi al mismo tiempo. Eso no fue un motín sino para ver quién manda ahí, ya que la cuota de poder es importante entre ellos. ¿Y cuál es mayor el problema del Sistema Carcelario?
Que no existe una ley penitenciaria. Yo hablé con el nuevo director y le dije: si usted logra que esa ley se publique aunque sea con defectos, ya tiene una norma a qué atenerse. Otro problema es que los reos gobiernan a los reos y éstos se aprovechan para hacer barbaridades. Recientemente me enteré de algo que me asustó y es de cómo los encargados tratan a los que no tienen dinero para entrar a un sector.
Un hombre llegó porque el carro tenía problemas legales, pero mientras averiguaban lo llevaron y para tener derecho a dormir en una plancha le cobraron Q500, pero como no tenía ese dinero entonces formaron dos filas y todos pasaron dándole puntapiés, y cuando iba la mitad entonces les dijo: ¡paren! ¡paren! voy a ver si alguien me hace un préstamo. Esto es bastante común en las cárceles.
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Su rutina
Las actividades del padre Varela se inicia a las 4 horas y finaliza a las 20.
- Su jornada:
Me levanto a las 4 de la mañana, a las 5 voy a mi capilla a orar y a las 6 doy una misa cantada, transmitida por radio María.
- Sus peticiones cuando ora:
“No pido nada, porque estoy y vivo con Jesús y eso es maravilloso”.
- Sus pensamientos cuando está en la calle:
“Generalmente, voy orando”.
- Final de su jornada:
Regularmente a las 18 horas y me acuesto a las 20 o 21 horas. |
¿Dónde se siente mejor, dando misa a los reos o en Belén?
Me da lo mismo. Entre los reos hay quienes participan en la misa y viven la espiritualidad perfectamente, mientras que otros vienen a la capilla sólo por salir del sector, con lo cual cambian el ritmo de la estancia en la cárcel.
En Pavoncito, por ejemplo, la única vez que salen del sector es para venir a la misa y como la capilla está cerca de donde se reciben las visitas, los reos aprovechan para caminar y ver a otras personas. ¿Algunos reos se han arrepentido de los delitos cometidos?
Cuando están arrepentidos de algo que han hecho oramos la quinta petición del Padre Nuestro y quedan en paz. Esta es: Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Ellos no se imaginan que la paz puede llegar del arrepentimiento.
¿Cómo celebra las fiestas?
Me gusta hacerlo en la iglesia. Durante la Semana Santa, por ejemplo, nunca he visto una procesión en Guatemala, a pesar de que en la parroquia de Santiago del Conjo, España, teníamos la procesión de la Merced. También estaba la de San Serapio que salía de la Catedral vieja a la Parroquia y me gustaba ir en esas procesiones.
¿Por qué no asiste a las procesiones?
No voy a las procesiones porque la liturgia no dice nada de procesiones. Otro punto es que son un negocio de los que las organizan. La de Belén, por ejemplo, nunca ha contribuido con un centavo para el agua, la luz o los sacristanes del templo y la imagen es de la iglesia no de ellos. Tenemos una misa todos los jueves en honor del Santo Hermano Pedro y los de la procesión nunca vienen, entonces a mi no me nace ver algo que juzgo es un negocio para ellos.
¿Y qué piensa de que a las misas asiste poca gente?
La obligación de la celebración es domingo y llega bastante gente. Entre semana se realizan cuando la gente pide por intención de alguien que falleció o cumple años y vienen los que encargaron la misa y los invitados nada más.
¿Cómo ve a la iglesia en el futuro?
La iglesia está fundada sobre Cristo no sobre dinero, porque la que se funda sobre el dinero y los diezmos para mí no es iglesia, sino un negocio. Todas las actividades las organizan en vista de los diezmos, hacen megatemplos en busca del dinero, eso no es iglesia.
La iglesia es vivir el misterio del cuerpo de Cristo, orar sin desfallecer, practicar el Padre Nuestro, los 10 Mandamientos y leer la vida de los santos... esa es la iglesia.
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