El juego de la guerra
Detallismo y minuciosidad son esenciales en las pequeñas figuras de plástico que crean los aficionados al modelismo.
Por Liliana Pellicer
Foto Gustavo Montenegro
Con una ilusión que parece exclusiva de los niños desenvuelven las cajas de maquetas recién llegadas de las tiendas y acarician las piezas con deleitación. Sin embargo, no son manos niñas las que unen las piezas minuciosamente; las que, con un diminuto pincel, repasan cada pelo, cada insignificante detalle de las, en ocasiones diminutas, figuras que crean. Son adultos con una pasión que, a priori, podría pasar por infantil.
“Los aficionados al modelismo dedican tiempo e interés a una actividad manual que, además, implica creatividad y conocimientos técnicos e históricos. No sólo pego las partes y ya, intento modificarlas para que tengan más dinamismo, para que parezcan más reales”, explica Rolando Guzmán. “Además, recreo escenas de batallas históricas o situaciones que presumiblemente se dieren en el pasado”, añade.
Rolando, como podría esperarse del militar retirado que es, prefiere reproducir escenas bélicas y crear soldados de todas las épocas y países. Sin embargo, otros aficionados a este pasatiempo se deciden por las maquetas de carros, barcos o aviones. “Nos divertimos mucho. Nos juntamos los sábados en el Museo del Ejército, pero yo soy el único militar. Formamos una de las dos asociaciones de modelismo de Guatemala”, comenta.
Los miembros de estas dos agrupaciones dedican su tiempo libre a dar, mediante pegamento y pintura, vida al plástico. |