Semanario de Prensa Libre • No. 26 • 02 de Enero de 2005    


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Opinión

Resoluciones individuales
En la vida, es importante trazarse metas personales, elaborar un horizonte tentativo de realización.

Por Ronald Flores

Cada año nuevo se encara con distintas resoluciones. Hay resoluciones en los más variados órdenes de la vida. Las hay también realistas e imposibles, cuestiones modestas y otras megalomaniáticas, proposiciones de ayudar al prójimo que ni la Madre Teresa y otras severamente egoístas de sólo yo, sólo yo y punto. Las hay que uno mismo le gusta andar diciendo porque suena bonito proponerse todo eso aunque uno mismo sepa que es más seguro que uno nunca se ponga a hacer nada por lograrlo. Por eso también hay resoluciones que son públicas y otras que nos hacemos a nosotros mismos, en silencio, pero con firmeza. De este tipo de metas es de las que me gustaría escribir hoy.

En la vida, es importante trazarse metas personales, elaborar un horizonte tentativo de realización, llevar a cabo este ejercicio imaginativo de lo que a uno le gustaría alcanzar con esfuerzo y perseverancia. Por lo común se trata de situaciones que requerirán de nuestro máximo empeño y en las que somos vulnerables a fallar, a que no nos vaya tan bien pero que aún así son de suma importancia para uno mismo. Por esto, esta área exclusivamente individual generalmente no es enfrentada.

Hay cosas que nos cuesta aceptar acerca de nuestras personalidades, y mucho menos reconocerlo en público. Pero todos tenemos nuestros esqueletos en el sótano, cuestiones de las que no queremos hablarle a todo el mundo, actitudes o conductas que nos molestan incluso a nosotros mismos, o acciones que nos gustaría emprender pero que como nunca lo hemos hecho con anterioridad tenemos miedo a qué irán a decir de nosotros si de pronto comenzamos a llevarlas a cabo.

Pero esto no es de usted y el resto del mundo. Se trata de la relación que uno tiene con uno mismo, de procurar la salud permanente de esta relación. A veces he llegado a creer que los verdaderos grandes cambios son los que ocurren en nosotros mismos y no porque alguien más nos esté diciendo que debemos cambiar sino porque nosotros así lo queremos por nuestra propia voluntad. Aún así, sé que es común que la costumbre, los malos hábitos instalados, derroten la mejor de las voluntades.

Hay muchas cosas en donde esto se manifiesta. El caso más común quizás sea el de las personas que se inscriben en un gimnasio y se prometen a sí mismas asistir diariamente por lo que resta del año. El primer mes, lo logran; el segundo, comienzan a faltar, y a partir del tercero prácticamente se convierten en patrocinadores del gimnasio porque van tan poco que casi sería mejor dejar de ir. Así les pasa a la mayoría con regresar a los estudios, con las dietas, con dejar de beber o de fumar, con las propuestas de estar menos angustiados y más contentos y otros programas individuales similares.

Sin embargo, a pesar de esas dificultades y esa amplia gama de tácticas que nuestra propia personalidad juega contra nosotros mismos cuando hemos decidido modificar nuestra actitud o conducta hacia cierto aspecto de la vida, aún creemos que deberíamos hacer algo y no nos damos por vencidos.

Bien, en ese momento de convicción personal a pesar de saber que estas pequeñas alteraciones en nuestra rutina cotidiana no son tan fáciles como parecían al inicio, es el adecuado para proponerse un verdadero plan de cambio, que contemple las complejidades y los obstáculos del proceso.

Hay tantas cosas que podríamos estar haciendo mejor, en muchos sentidos.

Podríamos estar haciendo cosas de una manera más contenta, más relajada, más agradable. Podríamos estar llevando clases académicas, de pintura, de cocina, de algo que siempre hemos querido hacer para desarrollarnos como personas pero no nos hemos atrevido a hacer o para lo cual no hemos vencido esas pequeñas resistencias internas. Por eso, con modestia y firmeza, creo que conviene preguntarse qué aspecto de su vida considera que puede mejorar y cómo piensa llevarlo a cabo. La respuesta que quede entre usted y nadie más.

 
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