Semanario de Prensa Libre • No. 30 • 30 de Enero de 2005    


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Claroscuro

Los calaqueros
Su trabajo es acarrear las malas noticias

Por Julio Lara

Son fríos. Precisos. Y casi nunca se equivocan. Son los que llevan las malas noticias y a los que nadie quisiera ver nunca. Son los reporteros de “sucesos”, cuyo sólo sobrenombre espanta: ¡los calaqueros!

Aunque trabajan en la llamada “nota roja”, deberían llamarse en realidad “los hombres de negro”, porque están donde hay una persona muerta. No importa por qué causa: si fue natural, violenta o accidental.

Su misión es, primero, establecer la identidad de la víctima. Según sea el caso, necesita acercarse a algún familiar o pariente cercano, presentarse y hacer preguntas. Si el occiso no tiene a nadie cerca, entonces empieza el desafío. El calaquero debe encontrar la dirección en donde residía o, en el mejor de los casos, la residencia del pariente más cercano. En síntesis, le toca hacer el trabajo triste.

No les importa la distancia. Si tienen que moverse hasta 500 kilómetros, lo hacen. O, simplemente, si tienen algún contacto cerca del lugar (bomberos, policía) le autorizan para que se encargue de llevar la noticia.

¿Y cómo trabajan? La frase más trillada es: “Buenas... Disculpe ¿Es usted pariente de fulano o mengana? Es que lamento decirle que… Pero si usted quiere la o lo llevamos al lugar. Por favor tranquilícese, ¿necesita llamar? Aquí está mi celular, cuál es el número. Cálmese y vamos hasta donde su familiar. Lo mira. Si es su pariente, luego hablamos, usted decide. Para entonces casi han cargado al familiar doliente y lo sientan en el vehículo que va en la ruta del dolor.

Aunque se les acusa de no tener escrúpulos para decirlo, cuando el familiar se resigna y se recupera un poco, reconoce: “Si ellos no hubieran venido, me habría enterado hasta que escuchara las noticias, o por algún vecino que me avisaría al día siguiente”.

Para entonces, el trabajo está hecho.

 
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