Semanario de Prensa Libre • No. 30 • 30 de Enero de 2005    


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D cultura

El ojo del cielo
Rudy Cottón pintará La Corona de la Paz, un mural de 190 metros cuadrados, en la iglesia de San Pedro Sacatepéquez, San Marcos, su pueblo natal

Por: Gustavo Adolfo Montenegro
Foto: Carlos Sebastián

“Es una locura. Yo nunca he pintado un mural y menos había pensado en hacerlo en una cúpula” pensó Rudy Cottón cuando una comisión de vecinos de San Pedro Sacatepéquez, San Marcos, el pueblo donde nació en 1960, se acercó a él para proponerle el proyecto. Con el paso de los días, Rudy comenzó a hacer bocetos. Visitó el sitio, vio que el domo, recientemente construido, tenía 12 ventanas. “No podía hacer algo demasiado provocativo por el lugar donde estaría, pero tampoco podía dejar de lado mi búsqueda artística”, explica. Les presentó una propuesta y quedaron encantados con la idea: una corona de espinas, de velas, de figuras humanas (que son ángeles, apóstoles o lo que se quiera interpretar).

Este será el proyecto más ambicioso de Cottón para este año, aunque también abrirá una exposición de su obra reciente (Iconos de la primavera) para principios de febrero.

Un artista reconocido

En una mesa de su estudio hay varios catálogos de arte latinoamericano y Cottón es de los contados artistas guatemaltecos que aparecen allí. Por error, en uno de ellos, el más grueso y lujoso, el lugar de nacimiento de Rudy aparece consignado así:

“Tegucigalpa, Guatemala”. A él le causa risa y al mismo tiempo recuerda cuando reclamó el gazapo. “Ya no podían cambiarlo. Era una edición de 5 mil libros, carísima, en la cual cuesta mucho entrar, así que se disculparon, pero no podían hacer nada más. Quedó así para la anécdota”, cuenta mientras sirve otras dos tacitas de café expresso.

La obra de Rudy Cotón se encuentra actualmente en colecciones públicas y privadas de Francia, Mónaco, Alemania, Italia, Luxemburgo, Suiza, España, Estados Unidos, y varios países de América Latina. También fue el autor de tres ilustraciones de portada de las ediciones de obras de Miguel Angel Asturias publicadas por la colección Archivos de la UNESCO.

En el muro, nos observan. Cada personaje tiene un solo ojo. ¿Por qué? “Me puse a hacer una búsqueda iconológica”. Eso suena un poco complicado y abstracto al principio, pero luego termina de explicarlo: “Integro lo vivencial y lo testimonial. Tras 25 años de pintar me pregunté acerca de mi propio vocabulario gráfico, que evolucionado. Para esta serie empecé a pensar en los iconos de Guatemala, como la primavera o el trópico y empecé a trabajarlo. Por eso, la serie que voy a exponer se llama iconos de la primavera, Son formas que se han venido moldeando y sintetizando en mí desde hace años... ¡añales!”

25 años de pintar

“Cuando tenía 19 años mi rutina se repartía entre asistir a estudiar Magisterio en el Instituto Rafael Aqueche y las clases de pintura que recibía en la Universidad Popular. Claro, también había algo de vida bohemia. Era algo callejero ”, cuenta.

El año 1979 fue crucial, ya que participó por primera vez en una exposición colectiva, auspiciada por Alianza Francesa. De hecho, Francia se convirtió en un ingrediente definitivo para su vida. En 1982, consigue una beca de aquel gobierno para perfeccionar sus conocimientos de grabado. “Entonces estaba bien empatinado con esa técnica”, aclara. “Conocer París fue un cambio en mi vida. Me dí cuenta de lo pequeño que era mi conocimiento. Al estar en el Louvre frente a las obras de Rembrandt, Picasso, Dalí, me fui sintiendo chiquito, chiquito”, relata.

El secreto de su éxito

Desde entonces Cottón se ha convertido en un artista de renombre cuya diferencia que otros es su pasión. “Somos pocos los pintores de oficio que quedamos. Hay muchos que tienen talento, pero no tienen pasión. Y es que la pasión te trae suerte. El talento sin suerte se queda en el camino”, dice el artista que en 2002 dio un giro en su línea creativa al exponer una instalación en la que criticaba con fuerza la guerra, la violencia política y en general a toda forma de intolerancia.

Él considera que esa muestra fue una continuación de su trabajo anterior: “Fue una purificación, una catarsis. No podía evitar darme cuenta del gobierno corrupto que teníamos mientras un general genocida era aspirante a la presidencia. Esa obra me ayudó a liberarme de esas tensiones y a hacer una denuncia social”, dice Cotón, que personalmente se considera una persona insistente, en el sentido de que plasma en sus cuadros el concepto que tiene en la mente. “Me autoinsisto a diario. Deshago cuadros, los borro de nuevo, empiezo otra vez, cuando me doy cuenta que lo que está allí no es lo que quiero”.

Hoy, se encuentra inmerso en su nueva obra, que no tenía contemplado hacer, pero dadas las circunstancias ya está en camino: “En ella está la historia dolorosa de este país, la búsqueda de una sociedad equitativa, sin olvidar a las miles de víctimas de la guerra: por ello hay velas y hay cruces”, explica.

Por ahora, de ese proyecto, sólo le preocupan dos cosas: una, lo que cobrará por el trabajo y el costo de los materiales que utilizará: “Serán colorantes altamente evolucionados, resistentes a la humedad y muy durables, pero que vienen en tubitos (muestra uno de ellos, del tamaño de una pasta de dientes pequeña): no he calculado cuántos voy a necesitar”.

Existe una tercera preocupación y es que nunca ha pintado a 20 metros sobre el suelo. Hace algunos días lo visitó el arquitecto encargado de construir el andamio sobre el cual trabajará. Ya pintando, seguro se me olvidará la altura, dice mientras mira a la cámara.

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