Semanario de Prensa Libre • No. 30 • 30 de Enero de 2005    


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Editorial

A propósito
Cuando yo tenía tu edad

No hay que intentar pasar por virtuosos niños, ni por ingenuos imberbes. En primer lugar, no es cierto y en segundo, no nos creerán. Y es que, al tratar con adolescentes, el primer error es creerlos niños grandes (que no lo son) o bien adultos pequeños (que tampoco son). Una de las recomendaciones que los pedagogos suelen hacer para entablar comunicación con un o una joven de 15 años es: mostrarle respeto, saber escuchar y, muy importante, no temer a contarle los errores que cometimos a los 15 años.

Gustavo Adolfo Montenegro
Coeditor

Es cierto, los que hoy tienen 15 años nacieron en un mundo muy distinto a los que hoy andamos por los treinta, no digamos a los que ya van por el medio siglo. Sin embargo, los sicólogos reconocen que con la Internet o no, con computadoras o no, con DVD o discos de acetato, los jóvenes tienen dos características invariables: el idealismo y el entusiasmo. ¿A dónde va a dar toda esa bocanada de sueños y proyectos? De hecho, nosotros mismos deberíamos preguntarnos (antes de querer enseñar a los más jóvenes) ¿qué tanto hemos logrado de lo que, alguna vez, a los 14 ó 15 años nos propusimos? ¿Es que acaso, como dice el dicho, de pequeños fuimos águilas y ahora somos aves de gallinero?

Mientras caminábamos por la calle, buscando jóvenes de 14 ó 15 años para pedirles que participaran en el sondeo, nos dimos cuenta de cuan baja se encuentra la autoestima de la mayoría de muchachos. Es sólo para tener tu opinión, les explicábamos. ¿Y si contesto mal? ¿Y si no sé qué responder?, preguntaba la mayoría. Y eso por no mencionar el momento en que les pedimos posar para la fotografía. “¡No! Foto no, por favor. Es que no me gusta cómo salgo...” Fue difícil hallar quinceañeros dispuestos, en un país cuyo 42 por ciento de población es menor de 15 años. Con toda seguridad: la culpa no es de ellos.

 
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