Semanario de Prensa Libre • No. 31 • 6 de Febrero de 2005    


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Evasión sin balsas
Desde hace más de un año cientos de cubanos ya no miran los canales del régimen castrista, gracias a que, en la clandestinidad, ven estaciones extranjeras que les abren una ventana al mundo.

La Habana, Cuba

Juan Gómez* está dispuesto a pagar una buena cantidad para hacer valer su derecho a una información libre. Diez dólares es mucho dinero en la Cuba socialista, pero es lo que Juan Gómez paga cada mes para poder ver en secreto canales de televisión extranjeros en un barrio periférico de La Habana. Esta suma equivale a un salario medio mensual en pesos en una empresa del Estado cubano.

Alejandro Robaina es el más famoso productor de tabaco en la isla.

Al igual que muchos de sus vecinos, Gómez tiene una conexión por cable ilegal por la que paga dinero a un hombre de su barrio que le suministra programas de televisión de EEUU mediante una antena parabólica prohibida.

El dueño de la antena, a quien todos llaman “el socio”, trabaja en la clandestinidad, ya que se arriesga a un castigo importante si se descubre su actividad.

“Desde hace más de un año y pico no veo canales cubanos”, dice Gómez, de 39 años. En vez de TV Rebelde o Cubavisión, con sus interminables discursos de Castro, los vecinos del barrio de Marianao prefieren ver el Canal 23, que transmite en español desde Miami, Florida. Últimamente, son cada vez más las voces en Miami que auguran el fin inminente del régimen del presidente Fidel Castro, de 78 años.

Un total de 200 hogares están conectados por cable a una sola antena y se ven obligados a ponerse de acuerdo sobre los programas que quieren ver.

Cansados de la propaganda

“El cubano no quiere oír la propaganda del gobierno. El cubano quiere escuchar que se resuelven sus problemas, de comida, de ropa, de aseo personal”, dice Juan Gómez. Al igual que otros muchos habitantes de Marianao, Juan se gana el sustento vendiendo productos en el mercado negro.

Abandonó su antiguo empleo como trabajador en un frigorífico debido a que los 177 pesos (US$7.8) que ganaba mensualmente no le alcanzaban para vivir. También, intentó alguna vez huir de Cuba. “Habíamos construido una balsa con el motor de un Lada. Tuvimos que virar por problemas de motor. Nos metieron a la prisión. Después de cinco meses, sin juicio, me soltaron”.

Se las ingenian los cubanos

Gómez señala que cada cubano recibe mediante la “Libreta”, la cartilla de racionamiento del Estado, productos de primera necesidad a precios muy bajos. Sin embargo, las raciones alcanzan sólo para dos semanas.

Por ello, tienen que ingeniárselas para conseguir dinero que le permita adquirir productos en los mercados libres campesinos o comprar caro en las tiendas de divisas. “Criamos cerdos, pero está prohibido. Matar una vaca, vender cosas, hacer jabón, todo está prohibido. Pero apegado a la legalidad, uno se muere de hambre. Este país está viviendo prácticamente con la bolsa negra”, explica Juan.

Ante esta realidad, la televisión extranjera ofrece todas las noches la posibilidad de huir un momento de la propia miseria.

En esos canales, los cubanos se enteran de cosas que los propios medios estatales ocultan. Por ejemplo, gracias a la televisión extranjera Juan Gómez escuchó por primera vez el nombre de Marta Beatriz Roque y se enteró de su plan de organizar en 2005 una asamblea de los disidentes.

Entre los favorables al régimen está Miguel Salcines, de 54 años. Él no quiere combatir el sistema, sino mantener con vida al socialismo, que, a pesar de todos los malos presagios, sobrevivió al colapso de la Unión Soviética hace 13 años.

Con el objetivo de mejorar el abastecimiento de la población, el gobierno permite a los cooperativistas vender libremente tomates, berenjenas, zanahorias, lechugas, pepinos o coliflores, en vez de obligarlos a entregar estos productos a precios fijos a los centros de acopio del Estado.

Varios tiran la toalla

Muchos de los dueños de restaurantes privados y arrendadores particulares de cuartos, cuyo trabajo por cuenta propia fue autorizada en 1993, ya han tirado la toalla en los últimos tiempos, debido a las excesivas cargas tributarias y a las permanentes trabas impuestas por burócratas envidiosos.

En muchas partes de Pinar del Río, el tiempo parece haberse detenido. En las calles de la provincia circulan más bicicletas y carretas tiradas por caballos que autos. Allí, la revolución de Castro aún cuenta con muchos fieles adeptos.

“Antes del triunfo de la revolución aquí había mucha miseria. La gente prácticamente se moría llena de parásitos, lombrices. Los hospitales no servían, los muchachos no podían estudiar”, relata José Sánchez, de 62 años.

Sin embargo, también en Pinar del Río se perciben señales de oposición al régimen de Fidel Castro, quien cumplirá el próximo 1 de enero 47 años en el poder. “El cambio está más cerca en relación con los años anteriores. Económicamente no hay margen de maniobra. Políticamente se agotó el proyecto. Sólo defensa, pura trinchera. Pero en la trinchera nadie avanza”, dice Dagoberto Valdés, de 49 años.

*Nombre ficticio / DPA

Robaina vive bien gracias al tabaco
Es uno de los pocos cubanos que tiene una cuenta bancaria en dólares

En Cuba no todos viven en la miseria, como es el común denominador dentro del régimen castrista.

Un ejemplo de esto es la vida del campesino privado Alejandro Robaina. Desde antes de la revolución, Robaina, de 85 años, es dueño de 15 hectáreas de tierra en la región donde se cultiva el tabaco cubano, en la provincia de Pinar del Río, unos 200 km. al oeste de La Habana.

Los expertos aseguran que el tabaco cubano es el mejor del mundo, y los puros que llevan el nombre de Robaina son famosos.

“Yo soy la única persona viva en Cuba que tiene una marca de puros a su nombre”, dice el anciano con orgullo. Después del triunfo de la revolución, en 1959, la tierra propiedad de Robaina, relativamente pequeña, no fue intervenida.

En la isla caribeña, Robaina es visto como una suerte de embajador, cuya presencia en ferias internacionales promueve tanto las ventas de puros como el turismo.

Él recibe ingresos en divisas extranjeras, tiene una cuenta bancaria en dólares y, a pesar de su avanzada edad, viaja con frecuencia al exterior.

Respecto a la situación actual en Cuba, Robaina rehuye todo comentario explícito: “En mi casa no se habla de política. Aquí somos tabacaleros”, responde bruscamente su hijo Carlos, de 53 años.

 
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