Semanario de Prensa Libre • No. 32 • 13 de Febrero de 2005    


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Los rostros de Jesús

Por: Liliana Pellicer

Cristo nos devuelve la mirada desde cada cuadro, cada estampa, cada estatua, cada imagen religiosa... Sin embargo, a pesar de ser una de las caras más representadas de la Historia del arte, lo cierto es que el rostro real de Jesús es todo un misterio que, en los últimos años, la ciencia está tratando de desvelar.

Basándose en la imagen proporcionada por la Sábana Santa de Turín (iz.), la policía italiana reconstruyó el aspecto de un Jesús de 12 años (der.)

En 2001, varios científicos británicos, dirigidos por el forense de la Universidad de Manchester Richard Neave, realizaron para la BBC una reconstrucción del aspecto de Jesús partiendo de las características físicas de un cráneo de un judío del siglo I dC. encontrado en un cementerio israelí . La imagen, que podría ser la de cualquier ciudadano medio de la época, revela a un hombre de piel morena, pelo corto y rizado, nariz grande, pómulos prominentes y cara ancha, lo que difiere bastante de la imagen tradicional que los fieles tienen de Jesús.

Por el contrario, la reconstrucción realizada en diciembre de 2004 por la Unidad de Análisis de Crímenes Violentos de la Policía italiana se acerca más a ese rostro angelical que preside las eucaristías en todo el mundo. Utilizando a la inversa un programa que envejece las fotos de los fugitivos de la ley, la policía científica italiana rejuveneció la imagen que proporciona la Sábana Santa de Turín. El resultado es un Jesús de 12 años de cara angelical, cabellos rubios, nariz pronunciada, boca delicada y piel clara.

Nadie pone en duda el rigor del trabajo del equipo forense italiano dirigido por Carlo Bui. Sin embargo, su máxima fuente de información, la Sábana Santa de Turín, ha estado siempre en el centro de la polémica. La Sindone (del griego sindon, mortaja), considerada una de las reliquias más famosas del cristianismo, fue hallada en 1353 y desde entonces se la consideró la mortaja con la que fue envuelto el cuerpo de Jesús tras la Crucifixión. En 1898, un fotógrafo descubrió, en los negativos realizados del lienzo, el tronco y la cara de un crucificado. Con esas fotografías comenzó la búsqueda científica de la imagen que tantos artistas a lo largo de la historia encontraron en su imaginación y sus pinceles.

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