Presto non troppo
La nueva marca del Inguat
II - Una
experiencia a repetir
Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com
Ya otros comentaristas han planteado, con buen tino, que no es posible contentarse con que el Inguat haga cambios de forma —por bien logrados que fueren, como el caso del espectáculo “Alma de la tierra”, presentado el pasado 20 de enero—, sino que es preciso que se efectúen transformaciones de fondo en toda la estructura receptiva del turismo internacional a nuestro país.
No obstante, la pertinencia de dichos reparos va mucho más allá de las posibilidades de un ente turístico estatal. Por ejemplo, en el ámbito de la llevada y traída seguridad nacional es obvio que, para un visitante extranjero, el agrado de viajar a Guatemala no puede fundamentarse en angustiadas estrategias policiacas o en armar a la ciudadanía para que pretenda autodefenderse de la delincuencia. Como siempre, el tema tiene sus raíces en las concepciones profundamente egoístas de los estamentos de poder político y económico a través de nuestra historia, aparte de que los cambios “de forma”, como se les ha apodado, nunca han sido mérito del gobierno. Al contrario, como lo advirtiera Joam Solo, responsable de poner en escena el referido espectáculo, siempre se ha esperado que los artistas chapines hagan milagros a la hora de subirse a las tablas. Sin recursos, sin apoyo institucional, sin tan siquiera los plazos razonables para la preparación adecuada de un evento.
Exactamente allí es donde sale a relucir la importancia de la cultura artística guatemalteca. Exactamente allí es a donde hay que voltear los ojos de las autoridades y los inversionistas. Exactamente allí es donde es menester volcar los esfuerzos y los insumos, no sólo por conveniencias de último minuto, sino como un respaldo estable a las proposiciones creativas más valiosas de esta sociedad. A pesar de las severas limitantes que todavía hay que superar, los mejores artistas nacionales están a la par de los internacionales. ¿Por qué no se les promueve internacionalmente, sin caer en las oxidadas expresiones folclorizantes ni los eternos oportunistas infiltrados en organismos del Estado? ¿Por qué a los turistas internacionales no se les muestra lo que pueden hacer nuestros artistas más creativos en nuestro propio país? ¿Por qué una función de esta categoría no se repite, con regularidad, en permanencia, para más públicos, para todos los públicos?
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