"Me frustran los mediocres con poder"
Norteamericano con alma de cubano y residente en Guatemala desde 1976, Armando de la Torre es el director de la Escuela Superior de Ciencias Sociales de la Universidad Francisco Marroquín y, además, uno de los máximos defensores del libre mercado en el país.
Texto: Fredy López Yuman
Foto: Antonio Jiménez
“A este pueblón nunca más volveré”, dijo Armando de la Torre cuando vino por primera vez a Guatemala en 1966. Sin embargo, diez años más tarde, en 1976, cambió de opinión: el amor por su esposa guatemalteca, su pasión por la docencia universitaria y “la oportunidad de ayudar en lo que fuera necesario”, lo motivaron a quedarse a vivir aquí, justo cuando el país se recuperaba del terremoto de ese año que acabó con la vida de más de 23 mil personas.

Armando de la Torre
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En cada rincón de su casa, De la Torre guarda objetos que le recuerdan diferentes etapas de su vida en Cuba y Guatemala y en los que encuentra un motivo para el diálogo. Esto es parte de lo conversado con Armando de la Torre en su residencia de la zona 14.
¿Cómo se involucró en la docencia universitaria?
Cuando decidí quedarme en Guatemala en la Universidad Francisco Marroquín ya que, finalmente, encontré un centro que llenaba todas mis expectativas desde el punto de vista filosófico e ideológico. Nunca había visto una universidad tan comprometida con la defensa del ejercicio responsable de la libertad. A través de la Escuela Superior de Ciencias Sociales de esta universidad, me opuse a la creciente influencia de Fidel Castro en Centroamérica que, para esos años, ya avanzaba fuertemente.
¿Qué piensa de Cuba?
Es un régimen enemigo totalmente de la libertad y yo soy amante de la libertad. Por eso, a Cuba yo no regresaría a menos que hubiera un cambio político inmediato. Pienso que la situación de Cuba es temporal. A manera de broma déjeme decirle que los exiliados cubanos tienen el dedo índice curvo, porque todos los años dicen sobre la mesa: “este año cae Castro” (risas) y ya van casi 40 años y no hay forma…
Los factores que ayudaron al régimen fue la abolición de la propiedad privada por parte de los órganos de inteligencia. El gobierno es dueño de cuanto uno se pueda imaginar. De esta forma, quedó neutralizado todo esfuerzo libre. En síntesis, Cuba es una ruina en todos los aspectos.
Pero son rescatables temas como la salud y la educación…
No. En Cuba hay tres niveles de salud: para los miembros del partido comunista, que reciben la mejor atención; para los turistas, que reciben buena atención; y el sistema masivo para el pueblo, en donde no hay ni aspirinas. Además, hay una gran cantidad de médicos, con quienes yo me comunico constantemente, que desertan y comentan que el sistema no sirve para nada. ¿Qué pasará después de Fidel Castro? Depende del entorno, pero creo que habrá un baño de sangre por el odio que hay acumulado entre los presos políticos que se van a cobrar la factura. Otra alternativa es la negociación de una transición pacífica por parte de la comunidad internacional con presencia de tropas extranjeras. Y, luego, una elección para presidente fijada en un plazo conveniente.
¿Regresaría a Cuba?
Si hubiera un cambio político inmediato yo sí regresaría, porque sé exactamente lo que quiero hacer allí.
Y, ¿qué haría si pudiera volver a Cuba?
Quiero dedicarme a hacer periodismo en la cátedra universitaria y en la radio para convencer a los cubanos de que no acepten un solo centavo de ayuda de ningún gobierno extranjero ni de Naciones Unidas. También, de abrir las puertas del país a las inversiones del mundo entero y a los inmigrantes, además suprimiría las aduanas. Recordemos que la comunidad cubana en el sur de la Florida tienen un capital de más de US$150 mil millones que se podrían invertir en la isla para desarrollarla.
Usted es un hombre de ciencia, ¿de qué manera la relaciona con la religión?
La inteligencia fundamentalmente consiste en establecer relaciones con las cosas, de donde hay más capacidad para comprender. Todo se encuentra hilvanado entre las ciencias y la religión.
¿Es usted una persona religiosa?
Para mí la religión es lo más importante que hay. Yo fui jesuita por convicción y deje de serlo por convicción también. Todos los valores del mundo occidental tienen un origen religioso, incluyendo a los ateos. ¿Cuál es su idea de Dios?
Hay dos maneras: la filosófica, la de los masones, que dicen que si existe un reloj, existe un relojero; si existe un edificio, existe un arquitecto; y si existe el universo, alguien lo hizo. Esta idea me ha gustado mucho.
Pero existe otra concepción, la puramente religiosa e histórica: la razón humana no puede abarcar a Dios, el hombre es un ser finito y Dios es infinito.
Por la vía histórica lo resumo con una pregunta muy sencilla: ¿cómo es posible que un infeliz itinerante, probablemente no muy bien alimentado, de un pueblo semi analfabeta, en un rincón polvoriento del imperio romano, que habla en público durante casi dos años entre gente atrasada y despreciada de Palestina sea el hijo de Dios y se convierta en el hombre más importante de la historia humana? Esto, racionalmente, es inexplicable. ¿Esto quiere decir que Dios está con los pobres?
Claro que Dios está con los pobres, pero también está con los ricos. Eso es teología de la liberación del siglo XX. Sencillamente, Dios está con el hombre.
Y entonces, ¿quién es el prójimo?
El que me necesita. Hay dos parábolas que descifran esto: la del buen samaritano y la del hijo pródigo. Para mí, el misterio de misterios es que Dios haya querido dialogar con el hombre. Dios es el ser que misteriosa e incomprensiblemente quiere hacerse amigo mío. Dios es la causa de sí mismo, en el mundo infinito no hay causa, mientras que en el mundo finito sí.
Hablemos de sus temores...
Le temo a los mediocres con poder. Con esos hay que acabar. Le temo a muchas otras cosas también. Me frusta la falta de competitividad. Pero, particularmente le temo a los hombres que no tienen carácter. Por el contrario admiro a muchos guatemaltecos ejemplares.
¿Admira a alguien en particular?
Sí, lo he escrito y lo he dicho. Admiro a Alfonso Bauer porque es un hombre consistente con sus ideas, no ha sido parásito de nadie… no ha extorsionado a nadie y ha vivido modestamente pudiendo vivir mejor. Con él voy al fin del mundo, aunque estemos en polos opuestos. Mientras que Rigoberta Menchú no me impresiona nada, es una vividora y, como ella, hay muchos en el gobierno, igual que los ex guerrilleros.
Y, ¿qué piensa de los ex guerrilleros guatemaltecos?
Ya me habían preguntado eso y no quiero tener nada que ver con ellos ni saludarlos porque si tan solo hubieran pedido perdón por el daño causado a miles de personas inocentes, que no les hicieron nada y a quienes mataron, entonces sería otra cosa. Mientras tanto, están viviendo económicamente por el daño que hicieron a tanta gente.
Creo que no se puede resarcir el daño causado y no somos la divina Providencia, pero es conveniente arrepentirse. En un auténtico Estado de derecho los guerrilleros debieron juzgarse en los tribunales y no a través de una firma de la paz. Ellos deben pagar por lo que hicieron. Ya que habla de deberes y justicia, en un mundo tan arbitrario, ¿para qué sirve la filosofía?
Para aclararse las ideas. Decía Platón que “una vida que no se examina no merece ser vivida”. Pues yo quiero que mi vida sea digna de ser vivida.
Y hay otra frase más clara de Blaise Pascal, en esta misma dirección: “el esfuerzo mental por aclararse las ideas es el fundamento de la vida moral”. Y, ¿qué piensa de la situación del país?
Si Guatemala quisiera, con un cambio radical, podría ser el país más próspero de América Latina en 5 ó 6 años. Y, en 10 ó 15, podría ser un país de los primeros en el mundo. No hay que esperar 200 años como dicen algunos.
La fórmula para el desarrollo radica en un sistema de libre mercado pero, sobre todo, en un sistema de justicia eficaz. La prioridad, desde el punto de vista cívico o político para Guatemala, es el poder judicial. Pero, veamos lo contradictorio de la realidad: el deporte tiene un 3 por ciento del presupuesto general de gastos de la nación y la Universidad de San Carlos tiene el 5 por ciento, mientras que la justicia tiene únicamente el 2 por ciento.
Hacen falta fórmulas diferentes porque las de los fabricantes de miseria ya están caducas: incluyendo al gobierno actual.
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Por el mundo
- Armando de la Torre, hijo de padres cubanos, nació en Nueva York en 1926
- Estudió la secundaria en Francia, de donde se fue a vivir a Nueva Jersey y Virginia, Estados Unidos. Allí impartió clases de sociología y filosofía. En esta rama obtuvo el doctorado en la universidad de Munich.
- Conoció en Roma, Italia, a la guatemalteca Marta Buonafina con quien se casó en Nueva York, en 1965.
- Vive en Guatemala desde 1976 y es director de la Escuela Superior de Ciencias Sociales de la Universidad Francisco Marroquín.
- Es columnista de prensa y conductor de un programa radial político.
Autor del libro Mil años, cien autores, entre otras publicaciones. |
Y, ¿qué opina del gobierno actual? Creo que es un gobierno de gente bien intencionada y honrada, pero pasará a la historia como un gobierno mediocre. Berger es un hombre con buenas intenciones, pero no tiene el carácter que se necesita para gobernar.
Éste es un gobierno con las mismas ideas; no presentan nada novedoso y no tienen buenas ideas porque no tiene carácter. Son las ideas que les da el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Departamento de Estado, con las mismas recetas de siempre que sólo buscan proteger a unos cuantos.
¿Qué pasa con los privilegios en un mundo de libre mercado?
En Guatemala se privilegia a empresarios, políticos sindicalistas, ONG, extranjeros y más. Aquí la gente hace lo que se le da la gana.
En un sistema de justicia se eliminan los privilegios para los sectores sociales que siempre han estado protegidos, incluyendo a los empresarios. Recordemos: o todos hijos o todos entenados. Para mí, el principal artículo de la Constitución (de la República) es el cuarto, que habla de la libertad e igualdad entre los guatemaltecos.
¿Quién haría un gobierno diferente?
Confío en gente como Ricardo Bueso y Eduardo Suger porque, en la campaña, ofrecían algo diferente. Lo que sí aplaudo de éste es que es el único presidente ejemplar con su familia: no está divorciado, ni tiene hijos regados por ahí, ni ha matado a nadie.
¿Cuál es el mejor gobierno?
Es el más cercano al pueblo. De ahí la importancia de los gobiernos municipales. Estoy de acuerdo con la globalización de la educación, de la técnica, del conocimiento, pero en absoluto desacuerdo con la globalización del poder. Estoy en contra del dominio de los países grandes sobre los pequeños. ¿A qué se debe la falta de energía de los guatemaltecos?
Es una cuestión cultural. No importa que alguien no sea muy inteligente, pero sobre todo debe tener visión y carácter. La tenacidad es lo primero que se debería aprender en las escuelas. La visión de corto plazo forma carácter. Prefiero a un analfabeto con carácter, que a un licenciado universitario sin carácter. Por ejemplo, la gente que sale del país en busca de oportunidades es gente valiosa.
Y, ¿qué pasa con los migrantes?
Ese es otro programa de ayuda de nosotros, los países pobres, a los ricos de Estados Unidos. El país que pierde migrantes pierde activos, pierde talentos, porque aunque sean analfabetas es gente de empuje, gente que trabaja.
Usted es autor del libro “Mil años, cien autores”, ¿cuál de ellos es más importante para usted?
En cada época de mi vida me han interesado varios y diferentes autores, pero soy partidario del teólogo español Laínez que decía: “Le tengo miedo al hombre de un sólo libro”.
¿Cuáles prefiere de ficción?
Me gusta mucho (William) Shakespeare. En mi etapa de juventud leí mucho a los clásicos españoles del Siglo de Oro: Lope de Vega, Tirso de Molina, Calderón de la Barca y Cervantes. Entre los franceses, Víctor Hugo fue de los más impresionantes para mí, a pesar de que no estoy de acuerdo con todas sus ideas. Yo no estoy totalmente de acuerdo con ningún libro. Ni siquiera con la Biblia.
Y, ¿cuál fue el primer libro que leyó?
A los 6 años leí Pinocho… y me hizo llorar. (risas) Yo mojaba las páginas cuando la princesa de los cabellos de oro se moría. |