A propósito
Morir por un sueño
La piel se empieza a llenar de llagas, los labios se tornan de color cenizo y en la garganta se siente como lija cuando se pretende tragar saliva. Finalmente llegan los mareos, hasta que el cuerpo se desploma y queda expuesto a un sol abrasador, cuya temperatura puede oscilar entre 40 o 50 grados centígrados, algo que inevitablemente causará la muerte, en cuestión de minutos u horas, en medio del desierto.
Esta es una manera de morir que muchos migrantes encuentran en los desiertos de Estados Unidos, en su intento por lograr un mejor destino. Pero no es la única, otros también pierden la vida al ser mordidos por alimañas ponzoñosas, o bajo el ataque de bandas de asaltantes.
Muchos sobreviven, pero después de pasar su peor pesadilla. Algo que los deja marcados para toda la vida. Este es el caso de las mujeres víctimas de violación, u hombres que pierden una parte de su cuerpo al intentar colgarse de una vagón del trén que los acerque a la frontera norte. Hay quienes logran cruzar las fronteras y sobreviven el paso por el desierto, pero igual, la experiencia es traumática: pies descalzos de piel son el crudo testimonio de la aventura.
Estas maneras de morir y de sufrir determinan, según los patrulleros fronterizos, una forma de clasificar a los migrantes en tres grupos: los que mueren en el intento, los que sufren alguna mutilación de algún miembro y quienes con profunda huella en el alma llegan a su destino y empiezan una nueva aventura: la de sobrevivir como indocumentados en un país ajeno.
Los periodistas mexicanos Juan de Dios García Davish y María de Jesús Peters Pino han documentado muchas jornadas en el infierno que viven miles de migrantes. García Davish hizo un recorrido de frontera a frontera y Peters es quien mejor ha retratado los dramas en la frontera sur. En nuestro tema central queda plasmado su testimonio. |