Semanario de Prensa Libre • No. 55 • 24 de Julio de 2005    


   Portada
   Editorial
   Opinión
   Cartas
   D todo un poco
   Claroscuro
   D frente
   D ciudad
   D portafolio
   D reportaje
   D fondo
   D mundo
   D cultura
   D famosos
   D viaje
   Punto final
   D archivo
   Directorio


D cultura

Seis siglos de arte
El Museo Soumaya de México celebra su décimo aniversario con una colección que abarca desde el renacimiento a las vanguardias.

Por Gemma Gil Flores

Jeans, playera con capucha y unas deportivas desgastadas, el adolescente observa con intensidad una pieza de Auguste Rodin, mientras garabatea un esbozo en su cuaderno de rayas. La pequeña Eva (1892) de mármol fue esculpida de dentro hacia fuera, para quedar eternamente envuelta en su propio abrazo. Los ojos del estudiante siguen el contorno de ese gesto íntimo y excluyen al resto de los numerosos visitantes que se han congregado esta mañana de sábado en el Museo Soumaya de México D.F.

Cupido y Psique, pintado por Trophime Bigot en la primera mitad del siglo XVII (escuela francesa).

La rica vida cultural de la capital mexicana siempre supone una ocasión atractiva para animarse a hacer una visita, pero, en esta ocasión, la cita es obligada. Pocas veces se tiene la oportunidad de viajar desde Tiziano hasta Rufino Tamayo en tan pocas salas de distancia. ¿El motivo? El Soumaya celebra su primera década de historia con una exhibición que dibuja el itinerario de 600 años de arte, a través de la obra de 100 autores.

Maestros europeos

La muestra comienza con un repaso al trabajo nacido en las escuelas española, italiana, francesa, flamenca y alemana. A través de unas obras que giran, fundamentalmente, entorno a tres ejes temáticos —religión, mitología y retrato— esta sección ofrece una muestra de la producción de los grandes pinceles europeos entre los siglos XV y XVIII.

De la escuela española, destacan las obras de arte sacro, como La Sagrada Familia (1611) de El Greco, San Francisco de Asís en éxtasis, de Zurbarán (1598-1664) o la Inmaculada Concepción (1670) de Murillo.

Las salas destinadas a las escuelas flamencas e italiana ofrecen, además, una buena muestra de retratos, como Cabeza de un hombre barbado (1630) de Rubens o Retrato de Caballero con perro (1540-50) de Tiziano, una obra en la que se aprecia la capacidad del autor para dar un carácter propio a los modelos.

Pasadas las salas destinadas al sur de Europa, sorprende el Adán y Eva (1520-25) de Lucas Cranach el Viejo, un autor que recoge perfectamente la transición entre el Gótico y el Renacimiento Alemán, y la Lucrecia romana (1530-40), atribuida también a Cranach e hijo.

De factura mexicana

Si la muestra pasa revista a lo que estaban haciendo los maestros del Viejo Continente, los artistas mexicanos no podían ser menos. La sección dedicada al arte virreinal comienza con un lienzo monumental dedicado a la Virgen del Loreto.

Asimismo, destacan los mosaicos como el anónimo San Isidro Labrador, que emplea conchas, incrustaciones de nácar y plumas multicolores de colibrí, canario o pato. Estas originales composiciones comparten espacio con tallas de madera, marfil y hueso de origen novohispano, guatemalteco, filipino e indo-portugués.

De la pintura mexicana de los siglos XVIII y XIX, destacan piezas como el Retrato de una dama (1849) de Pelegrín Clavé o los paisajes de Eugenio Landesio y José María Velasco.

Llega la modernidad

La exhibición avanza hacia el arte moderno. La nueva etapa, que comenzó con el espíritu de rebeldía del movimiento romántico, mostraba una mirada renovada que penetra en la intimidad de las escenas cotidianas. La revolución técnica llegó de la mano de autores como Renoir, Degas o Monet, todos ellos presentes en la exhibición.

El recorrido culmina con un espacio destinado a las vanguardias del siglo XX. Aquí se incluyen obras como Pareja y ramo frente a una ventana (1950) de Marc Chagall o Grafismo concreto (1956) de Joan Miró.

Por último, estando en el DF, no podía faltar un pequeño homenaje a los maestros mexicanos contemporáneos. Desde la denuncia social de Siqueiros (Picadores de Piedra, 1931) hasta el lenguaje expresionista de Orozco, pasando por el indigenismo de Rivera (Maternidad, 1946), en el Museo Soumaya no falta de nada.

 

Rodin o la maestría de la provocación

Aunque está considerado como uno de los mejores escultores en mármol y bronce de finales del siglo XIX y principios del XX, el francés Auguste Rodin fue rechazado hasta tres veces por la Escuela de Bellas Artes de París.

Información
- Dónde
Plaza Loreto, Av. Revolución y Río Magdalena. Tizapán, San Ángel. México D.F.

- Cuándo
Exhibición temporal hasta agosto. De 10:30 a 18:30 hrs. Viernes y sábado hasta las 20:30 hrs., martes cerrado.

- Precio
10 pesos. Estudiantes y maestros 50% de descuento. Domingo y lunes entrada libre. Visitas guiadas sin costo los viernes y sábados a las 12:00, 14:00, 16:00 y 18:00 hrs. Los domingos a las 12:00 y 16:00hrs.

Nacido en la capital gala en 1840, comienza a estudiar dibujo y modelado siendo un niño. A los 24 años, presenta en el Salón de París El hombre de la nariz rota, pero es rechazada. A raíz de este hecho, se decide más que nunca a desarrollar una obra personal, bajo la concepción de que la belleza estética consiste en una representación del estado anímico interior.

En 1875, viaja a Italia, donde el contacto con el trabajo de Donatello y Miguel Ángel determina el inicio de un estilo que siempre será deudor del renacimiento. A su regreso, presenta Edad de Bronce, una obra cuya expresión dolorosa fue duramente atacada por la crítica, que le acusó de haber realizado su molde sobre una persona viva.

En 1880, recibe el encargo de realizar las puertas del futuro Museo de Artes Decorativas de París. Inspiradas en la Divina Comedia, estas puertas fueron el origen de trabajos tan famosos como El Pensador que da la bienvenida al público en la exhibición de DF.

Durante estos años, trabaja en las esculturas del pintor Claude Lorrain, el presidente argentino Domingo Sarmiento, y los escritores Víctor Hugo y Honoré de Balzac. Su especial visión de estos personajes causaron indignación y escándalo. A los 45 años, se enamora de una de sus discípulas, Camille Claudel. De esa época es El Beso y otras piezas que representan amantes en actitudes apasionadas.

La obra de Camille sigue los pasos de su mentor, sin embargo alcanza reconocimiento propio. Como contrapunto a Rodin, algunas de las piezas de la escultora, como El Vals, Perra Hambrienta o La ola, también pueden contemplarse en el museo mexicano.

De 1885 a 1998 la pareja vive un tortuoso romance. En 1913, Camille, que siempre fue inestable anímicamente, es víctima de una crisis nerviosa y su padre la interna en un sanatorio siquiátrico donde, a pesar de su recuperación, permanece encerrada hasta su muerte en 1943.

Lea también

- El lugar del Jaguar
- Presto non troppo

 
© Copyright 2004 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.
revistad@prensalibre.com.gt
www.prensalibre.com