Presto non troppo
Un público para el arte
Las artes requieren otra categoría en educación
Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com
Ya en un comentario escrito varios años atrás, me permitía citar a un maestro de la música, el gran violinista Yehudi Menuhin, cuando afirmaba que “el propósito de la música en la educación no es producir un auditorio a la medida, con gustos ‘bien informados’; su cometido no es, en definitiva, crear un mercado para artículos específicos”. Antes bien, continuaba Menuhin, “su objetivo es propiciar un clima musical que sea a la vez liberal y lleno de sentido crítico, para el fomento de habilidades y talentos musicales, así como para estimular a los seres humanos para que sean realmente humanos”.
Lo mismo se podría aplicar a las otras disciplinas artísticas clásicas (la literatura, el teatro, las artes plásticas, la arquitectura, la danza) e inclusive a la fotografía y al cine. La tarea de los docentes no puede ser la de programar a los niños y a los jóvenes para que se conviertan en pasmados consumidores de productos etiquetados como “artísticos”.
Cuán lejos se halla la misión de un verdadero educador, de ésos otros que ponen a los alumnos a repetir canciones y bailes de moda para una clausura, o a rellenar con colores una tarjeta impresa en una computadora y a copiar un poema para el día de la madre. Una pinche maquila, haragana y abusiva, fraguada para cuadrar a los colegiales dentro de un esquema social en el que no se piensa, no se opina, no se disiente, no se cuestiona lo impuesto como moral y materialmente aceptable.
El arte en la educación, en especial la música, sí genera un público, porque no se trata de educar únicamente al artista, sino a todas las personas (aunque la mayoría de ellas nunca se dedique profesionalmente al arte). Pero esas personas no van a conformarse meramente con la chatarra que los comerciantes les anuncian y pretenden venderles, si han desarrollado la sensibilidad y han adquirido los elementos de juicio necesarios para discernir con criterio y disfrutar plenamente de manifestaciones artísticas más elevadas. Este público para el arte sólo comenzará a existir cuando, entre otras cosas, la educación artística comience a gozar de igual jerarquía e iguales prerrogativas que los demás requerimientos y asignaturas escolares en todos los centros educativos del país.
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