Ilustres monstruos
Estas criaturas son los grandes miedos interiores del ser humano, convertidos en espectáculo de masas.
Por Gustavo Adolfo Montenegro
En una pelea entre King Kong y Godzilla ¿a quien le apostaría usted? Ambos se enfrentan en una versión japonesa de 1962 en la que resulta triunfante el gran mono. Curiosamente, estos dos personajes son una metáfora de la venganza de la naturaleza contra los desatinos del hombre: en un caso, por querer convertir al enorme simio en atraccion de circo y en el otro, por efecto de la contaminación por radiación atómica que produce una mutación bestial.

Afiche promocional de la versión de King Kong, dirigida por Peter Jackson, quien no duda en declarar que la historia original de 1938 inspiró su carrera cinematográfica.
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Una lección similar pero “spielberizada” fue el argumento de Jurassic Park (1993) cuyo gran protagonista fue el Tiranosaurio Rex que en la última curva peligrosa del guión sufre la transformación de su maldad casi absoluta para convertirse en una providencial tabla de salvación en contra de los velociraptores perversos, moralmente hablando.
“Los países con tecnología y conocimiento científico son los que se hallan más capacitados para impulsar y alimentar la imaginación a partir de la ciencia y, en consecuencia, imponer a la humanidad sus concepciones del mundo, del cosmos, sus proyecciones metafísicas y políticas, así como sus miedos y conflictos”, señala Ramón Gil Olivo, del Centro de Investigaciones Cinematográficas de la Universidad de Guadalajara. Gil agrega que este tipo de filmes pueden servir para “comprender la mentalidad occidental como una proyección de sus fantasmas y monstruos que emergen desde su subconsciente más profundo al especular sobre el pasado, el presente y futuro de la humanidad”.
Es así como desde los comienzos del arte cinematográfico los personajes terroríficos formaron parte de las historias, aunque fue el vampiro Nosferatu, en la película alemana muda de 1922, el primer gran clásico de este género. Su mirada amenazante, largas uñas y orejas puntiagudas consiguieron convertirlo en lo que Daniel Andreas, de la revista Filmaffinity describe así: “No sólo pasa por ser uno de los filmes de terror más poéticos de todos los tiempos, es que además... ¡da verdadero miedo!”
Sin embargo, en 1933, cuando el cine sonoro aún comenzaba, surge la leyenda de King Kong, el colosal simio encontrado por una expedición cinematográfica cuyo director insiste en llevar a una bella actriz que resulta ser el objeto que cautiva la atención de la bestia. Esta paradoja quizá sea lo que llevó a más de un centenar de expertos en cine, encuestados por la revista inglesa Empire, a concluir que “el rey Kong”, continúa siendo la mejor película de su género de toda la historia.
“Otros han tratado de destronarlo, pero el señor de la isla Calavera los derriba a todos. Es una terrible fuerza de destrucción con rasgos hermosamente humanos”, es el comentario de la revista acerca del resultado.
Probablemente esa sea la razón de la gran expectativa por la nueva versión de King Kong, dirigida por Peter Jackson ( El Señor de los Anillos), realizada con el auxilio de la tecnología de animación digital.
Sin embargo, otra encuesta v , organizada por el sitio onlypolls.com deja a Kong muy atrás entre las grandes quimeras del cine, incluso aquellos en blanco y negro. El primer lugar es aquí para Drácula y le siguen Frankenstein, Godzilla y el Monstruo de la Laguna Negra. No aparecen mencionados allí otros monstruos “posmodernos”, como el gigante Shrek, de Dreamworks o los inseparables Sullivan y Mike, de Monsters Inc., de Disney-Pixar. En ambos casos, la fealdad pasa a un segundo plano y se exalta las cualidades interiores como la auténtica diferencia entre belleza y esperpento. |