Karin Slowing:
"Soy una mujer de resultados"
Al igual que miles de guatemaltecas, la vida de la coordinadora del informe de Desarrollo Humano transcurre haciendo “malabares” para poder compartir el tiempo entre su trabajo y sus dos hijos.
Texto: Francisco Mauricio Martínez
Fotos: Esbin García
Karin Slowing Umaña considera que en la vida las oportunidades llegan, y lo que tienen que hacer las personas es “estar listas, para aprovecharlas”. Ella es la coordinadora interina del proyecto nacional de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas (PNUD), al cual llegó en 1998, para trabajar en los temas de salud reproductiva y género.
Slowing es una médica guatemalteca (su abuelo, alemán, llegó al país después de la Primera Guerra Mundial) que se graduó en la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac) y posteriormente obtuvo una maestría en salud pública en Inglaterra. “En la salud pública encontré una veta de interés y posibilidades de desarrollo”, cuenta.

“Me describo como una mujer que tiene bastante claridad de lo que quiere lograr en su vida”.
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¿Le ha sido difícil escalar posiciones?
Pienso que es complicado, pero cada día hay más apertura en la sociedad, y es más frecuente ver mujeres en mandos medios. Para mí, ha sido un proceso que ha implicado muchos esfuerzos para demostrar, a través de mi trabajo, un alto nivel de competencia, capacidad y compromiso. Uno encuentra estructuras que dicen que las mujeres sólo pueden llegar hasta ciertos espacios, y a mí me ha tocado pelear, en el buen sentido, esos espacios. Ahora estoy en este puesto, que, si bien es interino, ha significado un tipo de reconocimiento al trabajo que he hecho.
¿Cómo se describe?
Tal vez suena petulante, pero yo me describo como una mujer que tiene bastante claridad de lo que quiere lograr en su vida. Creo que soy muy disciplinada y esto me ha ayudado muchísimo a enfrentar las barreras que la sociedad le pone a una para salir adelante. Soy una mujer que entiende la vida con múltiples dimensiones: que se requiere una vida afectiva, personal, cumplir mi rol de madre y también mi desarrollo profesional. Tengo que procurar que mi vida sea plena y trabajar siempre en esos planos.
Como madre, ¿qué es lo que más le angustia?
Lo más difícil, en esta etapa particular de mi vida, es que siempre tengo que hacer equilibrios y luchar por tener espacios de tiempo para mis hijos, porque este trabajo es muy exigente en responsabilidades. Siempre estoy haciendo malabares, y creo que esto lo comparto con muchísimas mujeres en el mundo, sólo que en puestos de esta responsabilidad, a veces, se hace como más fuerte y evidente esa permanente lucha por encontrar tiempo para los hijos.
¿Es amante del orden?
Si he de juzgar por mi escritorio, diría que medianamente. Lo que sí puedo decir es que el desorden no me agrada. Sin ser obsesiva, me gusta que las cosas sean medianamente ordenadas, que caminen y avancen, porque soy una mujer que le gusta ver resultados y no solamente hablar de procesos, aunque reconozco el valor de éstos, pero los que no generan resultados tampoco nos dejan avanzar en la vida, y eso, en el plano personal y profesional, es algo que ha sido clave en mi vida.
¿Vio usted la película Durmiendo con el enemigo? ¿Qué piensa de esos niveles de orden?
Sí, la vi, pero yo diría que eso ya no es ordenamiento, sino violencia, y es control de un ser sobre otro, y eso no va conmigo. Yo tuve una gran fortuna, y es que mi padre y mi madre no me criaron, junto a mis hermanos, de una forma muy convencional. En mi casa había mucha equidad de género desde pequeños. Hombres y mujeres aprendimos a hacer nuestras camas, a lavar platos, compartir responsabilidades, preparar comida y cuidar a los más pequeños. Esos son valores que se fundan desde el hogar, y que ayudan a tener otro tipo de aspiraciones en la vida.
¿Cómo se considera como jefa?
Me considero una jefa democrática, que aspira a que su grupo dé lo mejor de sí, y que espera de todos una contribución activa y propositiva, para lograr sacar adelante los desafíos. No me considero una persona vertical ni autoritaria para decir “esto es lo que se hace y ustedes lo ejecutan”, sino más bien trato de que haya una construcción colectiva del trabajo que hacemos. ¿Se vive para trabajar o se trabaja para vivir?
Yo creo que debemos tratar de trabajar para vivir, donde el trabajo sea una fuente de enriquecimiento para el conjunto de nuestra vida, no vivir para trabajar. Sin embargo, creo que la dinámica que tiene el mundo ahora, inclusive Guatemala, nos hace trabajar mucho para ir sobreviviendo.
La lucha por la sobrevivencia es tan acérrima, que no nos da tiempo para plantearnos esa pregunta, y parte de lo que deberíamos de aspirar, como sociedad, es que las personas realmente pudiéramos disfrutar lo que hacemos, tener una vida digna que nos enriquezca a través del trabajo, pero que también nos permita compartir con nuestra familia y amigos, y desarrollar el conocimiento y la cultura.
¿Es fanática al trabajo?
No, pero el trabajo me obliga. Lo que sí es cierto es que mi jornada de trabajo principia en la casa, no cuando vengo a la oficina. Empieza, alrededor de las 5 de la mañana, cuando preparo a mis hijos para ir a la escuela, organizo el trabajo doméstico, aunque tengo valioso apoyo en casa, pero igual es mi responsabilidad y termina muy tarde. Al final de la jornada debo atender a mis hijos, y a veces llevo trabajo a casa.
¿Cuál es su mejor cualidad y su peor defecto?
Una cualidad que creo que tengo es la disciplina, y que me propongo metas y lucho por conseguirlas. Otra es que busco consejos y trato de no ser arrogante. Mi mayor defecto es que, a veces, voy a un ritmo y las demás personas no siempre van al mismo, entonces tengo que ser paciente y reconocer que no todos avanzan como yo, lo cual me obliga a tratar de entender la visión de los otros.
¿Qué es lo que más recuerda de su vida de estudiante?
Empecé a estudiar en la Usac en 1983. Era una época en la que todavía había mucho temor en la universidad. Venía del colegio Austriaco y se veía un poco raro que una niña de este centro educativo ingresara a la San Carlos. Entonces me dedicaba, básicamente, a estudiar, y también ayudaba a cuidar a mis hermanos. Tenía suficiente quehacer.
Pero estudió en la Usac, sólo porque allí impartían esa carrera...
También había Medicina en la universidad Francisco Marroquín, y esa era la intención de mi familia, pero yo tomé la decisión de estudiar en la Usac, porque quería conocer el país en otras dimensiones que mi edad escolar no me había permitido, y así poder adentrarme en lo que es la realidad de Guatemala.
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Puntos de vista
Slowing dice que la felicidad se tiene que buscar dentro de uno mismo, porque la de afuera es transitoria. Además, así define las siguientes palabras.
- Salud: Es algo sumamente valorado, complejo de conservar, pero indispensable para la calidad de vida.
- Desnutrición: Un hecho vergonzoso que habla muy mal de nuestra condición humana.
- Desarrollo: Oportunidades para una vida plena.
- Planificación familiar: Es un derecho de las personas.
- Anticonceptivos: Instrumentos que las personas deben tener como opción de poder utilizar.
- Aborto: Algo que todavía es muy discutido en esta sociedad.
- Felicidad: Es algo que uno tiene que buscar dentro de uno mismo, porque la de afuera es relativa y transitoria.
- Muerte: Parte de la vida. No la entendemos bien.
- Consumo: Algo necesario, pero no debe ser el centro de nuestra vida. |
¿Y cómo sobrevivió en esa época tan violenta de la Usac?
Yo no lo percibí así. Veía a mis compañeros, principalmente con los que integré grupos de trabajo, que llegaban a estudiar y a hacer deporte. Yo, sin ser nadadora de competencia, lo hacía. Había actividad política en la facultad de Medicina, obviamente, pero nada que fuera con esos estereotipos que se manejaban de que cualquiera que estuviera metido en política era nefasto.
Y el nivel académico de la Usac, ¿cómo lo percibía?
No tengo el parámetro de antes, pero creo que había un nivel de exigencia. Recuerdo que para salir bien había que estudiar y dedicarse a fondo a aprender. Entonces no conocí una universidad donde se regalara el pase o los exámenes. Yo estuve en una Usac, por lo menos la que yo viví, donde tenía que esforzarme para sacar buenas notas, y mi objetivo no era ser una estudiante más, sino estar dentro de las mejores de mi promoción.
Y en Inglaterra, ¿cuáles fueron sus logros?
Me fue muy bien. Estudié mucho. Estudiar en el exterior es una oportunidad muy grande que uno puede tener, porque da una visión más amplia del mundo. Yo estudié con mucha gente británica, pero también de otros países de Europa, África y Asia. Con esta experiencia uno puede entender los problemas de otros, y eso me ayudó a convencerme de que podría jugar un papel en mi país. Terminé mis estudios con la posibilidad de quedarme a vivir allá, pero tenía la convicción de que debía regresar, porque había un compromiso con el desarrollo de mi país, y empecé a trabajar en el Centro de Estudios Urbanos, CEUR, de la Usac, en investigaciones de desarrollo y salud pública. Siempre he pensado que si uno quiere ayudar a la salud de este país, tiene que ver con el tema de desarrollo. No está en el sector salud la respuesta, está en todo. Por ejemplo, en las condiciones económicas y de oportunidades que tienen las personas para desarrollarse en otros ámbitos.
A propósito, ¿cuál es su diagnóstico de la salud de este país?
Creo que está muy enfermo, pero sobre todo tenemos desafíos muy grandes en temas del financiamiento, de ver cómo debe articularse un sistema nacional de salud. Debemos romper con un modelo que se enfoca en lo asistencial y curativo. Necesitamos un cambio a fondo de todo el sistema.
¿Quiénes viven peor en el país?
Las personas que tienen mayores dificultades para alcanzar oportunidades de desarrollo humano son las que viven en el área rural, entre éstas, la población indígena, pero particularmente las mujeres monolingües, quienes enfrentan situaciones muy complejas y extremas para poder sobrevivir.
¿Cuál es el principal defecto del guatemalteco?
Habemos tanta variedad de guatemaltecos, que esa pregunta es muy difícil. Más bien diría que la sociedad guatemalteca ha pasado durante toda su historia por períodos tan duros que nos han llevado a tener poca esperanza de que podemos cambiar las cosas y aspirar a construir un futuro diferente. Yo diría que este pesimismo heredado es algo que tenemos que enfrentar como sociedad, y tener una visión que genere confianza en nosotros mismos, pero esto obliga a un cambio de mentalidades.
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