Belle Bruxelles
Chocolate, cerveza, tradición y modernidad se dan cita en la capital de Europa.
Por Gemma Gil Flores
Se la conoce como la capital de Europa, por los múltiples edificios oficiales que trabajan por la unificación del Viejo Continente. No obstante, lejos del carácter funcionario que se deriva de su papel como cuartel general de Europa, Bruselas es una ciudad llena de encanto.
En la Ciudad Baja, rodeado de callejuelas empedradas, se halla el corazón de la urbe. La Grand Place está considerada como una de las más bellas del mundo, gracias a sus casas gremiales de estilo barroco y al edificio gótico del antiguo Ayuntamiento. Todo el perímetro de este centro neurálgico ofrece al visitante la posibilidad de disfrutar de coquetos establecimientos donde degustar la cocina local.
Los belgas suelen afirmar que su gastronomía tiene la virtud de fusionar “calidad francesa con cantidad alemana”, así que no puede perderse la oportunidad de degustar una olla de mejillones con patatas fritas, alguno de sus deliciosos waffles o los exquisitos bombones y chocolates que han dado fama internacional al país europeo.
En la misma plaza, se ubica la emblemática Roy d´Espagne, una taberna ubicada en un edificio de 1697. Este singular local saluda a sus visitantes con la figura de un caballo disecado en la entrada y unas excelentes vistas para presenciar el espectáculo de luces y música clásica, que se celebra en la Plaza cuando cae la tarde en los cálidos días del verano (julio y agosto).
No muy lejos de allí se encuentra el Manneken-Pis, una fuente de 1619 decorada con la estatua de un niño haciendo pis. La figura es pequeña y puede pasar desapercibida, sin embargo es un símbolo imprescindible del carácter irreverente de la ciudad. A pocas calles, se alza una muy posterior versión femenina, la Jeanneken Pis, todo un monumento a la igualdad de género.
En lo que se refiere a símbolos, no se puede olvidar del Atomium, la gran molécula de hierro que representa la Bruselas de la modernidad, ni el Marché-Aux-Puces, el lugar ideal para comprar algunas piezas de anticuario.
Si después de tanto pasear aprieta la sed, nada mejor que una buena cerveza. En Bruselas hay al menos 20 museos dedicados a esta bebida... y las hay para todos los gustos, clara como La Blanche, de alta graduación como la Lambiek, o mezclada con licor de cereza como la Kriek.
Además...
Bélgica es una de las grandes patrias del cómic.
Tintín, el periodista belga más famoso del mundo, nació en Bruselas en 1929 junto a su inseparable perro Milú. Su creador, Hergé (George Remi), fue uno de los dibujantes más influyentes en la historia del cómic europeo, gracias a su estilo de línea clara. Sin embargo, el dinámico reportero no es el único personaje universal procedente de Bélgica.
Los pequeñisimos y azules pitufos dibujados por Peyo (Pierre Culliford) también tienen su cuna en el país del chocolate. Por tro lado, el trabajo de autores como André Franquin, de cuyo lápiz surgieron personajes como Spirou, Fantasio o el Marsupilami, terminan de atestiguar la consolidada tradición de artistas que se han dedicado al tebeo en el pequeño país europeo.
Para los amantes de este arte es imprescindible una visita al Centro Belga del Cómic (rue de Sables, 20), un precioso edificio art nouveau diseñado por Víctor Horta en el siglo XIX.
|