Los dos terrorismos
Todos los terrorismos son aborrecibles y repugnantes, así el terrorismo de Al-Qaeda, como el de ETA o el de los chechenes, pero también el terrorismo de las potencias.
Por Edgar Ruano Najarro *
Quizá no haya un acto más cruel, inhumano e incomprensible que un hombre joven se inmole haciendo explotar una carga explosiva en su propio cuerpo y que de esa manera logre la muerte de quienes considera enemigos de su pueblo o de su cultura, sean éstos miembros de fuerzas militares, policiales o bien seres inocentes, hombres, mujeres y niños, que no tienen nada qué ver con la guerra que libra ese joven. Es el inconcebible e inaudito extremo del terrorismo.
El terrorismo es una forma de guerra destinada a paralizar, neutralizar o desmoralizar al enemigo por medio de actos que siembren el terror en sus filas o en sus mandos, pero especialmente entre su población civil.
Modernamente, el terrorismo comenzó a ser utilizado en la Europa del siglo XIX, particularmente por grupos que de esa forma querían combatir a las viejas monarquías, como en Rusia o los países del centro de ese continente, y tenía la forma de crímenes contra funcionarios estatales, que además eran miembros de la realeza. Pero la organización que generalizó las acciones terroristas fue el Ejército Republicano Irlandés, que luchó y consiguió la independencia de Irlanda en 1915 frente a la dominación inglesa.
Así, el terrorismo fue una forma de lucha de grupos militares más débiles, generalmente en la oposición política o frente a un ejército invasor. No obstante, no debe confundirse el terrorismo con acciones típicamente militares de los grupos guerrilleros, como las emboscadas, la toma de cuarteles o de poblaciones, o los enfrentamientos directos con los ejércitos estatales, los hostigamientos o los sabotajes, cuyo objetivo es desarticular la logística del enemigo.
Por ello, las organizaciones guerrilleras, ya fueran las que combatían a los invasores extranjeros, como en España contra las tropas napoleónicas, o en la Europa ocupada por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, o bien las guerrillas latinoamericanas, podían o no utilizar el terrorismo.
Es más, siempre fue un dilema político y moral para los guerrilleros latinoamericanos y de otros continentes, si usaban o no formas terroristas y cuando las usaron a menudo perdieron políticamente frente a la sociedad. Pese a todo, las guerrillas latino-americanas, la guatemalteca entre ellas, practicaron formas terroristas, aunque quizá en bastante menor grado que otras partes del mundo.
Quizá el conflicto interno en el que más fue utilizado el terrorismo de parte de los grupos guerrilleros fue en la guerra de independencia de Argelia en los años 60, en donde las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) destrozaban a bombazos los barrios franceses de Argel, con la consiguiente respuesta de la Organización del Ejército Secreto (OES), organización secreta de militares derechistas franceses, que hacía lo propio contra los barrios árabes de aquella ciudad.
Pero existe otro terrorismo, un segundo terrorismo, que es el terrorismo de Estado, el cual tiene dos vertientes: el terrorismo practicado por ejércitos invasores contra la población del país invadido y el terrorismo interno llevado a cabo por las fuerzas militares o policiales de un país contra su propia población por razones de índole política.
En tiempos recientes, los mejores ejemplos del primer caso fueron las atrocidades que cometieron los ejércitos alemanes y los del imperio del sol naciente en los países ocupados durante la Segunda Guerra Mundial, así como la barbarie perpetrada contra la población musulmana de Bosnia y alrededores por parte de los serbios, que contó con la bendición de la Iglesia Católica Ortodoxa, apenas hace unos diez años.
El terrorismo de Estado interno es el más conocido en estas latitudes. Comenzó, en una primera fase, con los dictadores, que para perpetuarse en el poder y mantener un régimen social y económico determinado, aterrorizaron a la sociedad con todo tipo de crímenes. Los fusilamientos en masa y la aplicación de la “ley fuga” en tiempos del general Jorge Ubico son buenos modelos de ese terrorismo.
Luego llegó otro terrorismo estatal, el contrainsurgente. Surgió al amparo de la doctrina de la Seguridad Nacional para así alinearse en el bloque encabezado por Estados Unidos en el conflicto Este-Oeste durante la guerra fría. Sin embargo, cuando en numerosos países latinoamericanos surgieron los movimientos guerrilleros, este terrorismo estatal tuvo sus mayores alcances.
Sus ejecutores, los ejércitos latinoamericanos, olvidaron que encarnaban la institucionalidad y el poder del Estado y se lanzaron a una guerra completamente ilegal, pues en lugar de combatir a las guerrillas con las armas y con la ley en la mano, lo hicieron violando sus propias leyes y constituciones nacionales. Desde México hasta Argentina, la práctica de la desaparición forzada, las ejecuciones extrajudiciales, las masacres de aldeas enteras y la tortura, fueron las formas que utilizó este terrorismo de Estado.
Los procesos de democratización habidos en la región han ido dejando en el pasado semejante práctica, pero no deja de ser inquietante el reaparecimiento de esos métodos en el combate a la delincuencia común. El aparecimiento cotidiano de cadáveres atados de pies y manos, tanto en El Salvador como en Honduras y Guatemala, de presuntos delincuentes y “mareros” debe llamar la atención sobre este punto.
En el mundo de hoy, los dos terrorismos han adquirido un carácter internacional. Y es en el terrorismo surgido en el mundo musulmán en donde se ha generado ese terrorismo internacional, que por lo sofisticado de sus ataques y por las muertes que produce es el más repudiable (como si fuera posible que un terrorismo fuera menos repudiable que otro).
Sin embargo, por más abominables que sean sus agresiones, ello no debe encubrir y dejar en el olvido el otro terrorismo, el de Estado, hoy internacionalizado y personificado en las guerras que lleva a cabo la primera potencia militar del mundo, junto con sus aliados en Europa, en nombre de la democracia y los valores occidentales.
Todos los terrorismos son aborrecibles y repugnantes, así el terrorismo de Al-Qaeda como el de ETA o el de los chechenes, pero también el terrorismo de las potencias, que son respetuosas de los derechos de sus propios ciudadanos, pero que en el exterior no se detienen en matanzas y violaciones a pueblos enteros. Todos deben ser condenados por igual, pues al fin y al cabo ni son defensores de sus derechos, unos, ni representantes de la democracia, los otros. Son asesinos.
Finalmente, no debe olvidarse la lección latinoamericana. La democratización ha dejado atrás el terrorismo en sus dos formas. Del mismo modo, solamente la democratización de las relaciones internacionales y el respeto de los derechos de los pueblos dejará en el pasado el terrorismo internacional.
* Sociólogo guatemalteco |