“Un atolito de elote”
Por: Francisco Mauricio Martínez
Foto: Dennys Mejia
“Pasen adelante, tenemos caldito de gallina, de res... atol de elote y arroz con leche”, se escucha sin cesar a cada tres... cuatro y cinco metros. Algunas voces son de hombres y otras de mujeres, quienes, cada quien con su estilo, buscan llevar comensales a sus restaurantes.
La música se escucha por todas partes. La inconfundible voz de Chente Fernández se mezcla con las notas de la marimba Chapinlandia, pero al nada más caminar dos o tres segundos, desaparecen y se deja escuchar la sugerente música salsa.
En medio de la calle, los paseantes caminan tratando de esquivar los vehículos que por allí circulan. Hasta sus pulmones llega el humo de los chorizos, longanizas y carne de res que los vendedores asan al aire libre.
En los restaurantes, los visitantes tratan de pasarla de la mejor manera. En algunas mesas se ven parejas que en medio de la bulla tratan de hablar detalles de su vida. En otras, grupos familiares ríen al recordar anécdotas o al relatar algún chispazo del día.
Sin embargo, las mesas que más llaman la atención son las de algunos grupos de amigos que ríen a carcajadas. Las mesas llenas de botellas de cerveza revelan la razón de su alegría. El humo de cigarrillo también es parte de la celebración. ¡Ah! y también las palabras soeces.
Así transcurre la vida en los restaurantes de San Lucas, Sacatepéquez, los cuales principiaron a tomar vida hace varias décadas, y conforme los años han ido pasando se han convertido en un punto de reunión para muchas familias capitalinas.
El Corralito y Delicias Huehuetecas son dos de los restaurantes más antiguos del lugar. “Principiamos con unas champitas hace unos 16 años, y lo que vendíamos eran tortillas con carne de pollo o res y con chorizo”, recuerda Héctor Tomás Vásquez, propietario del segundo de los restaurantes mencionados.
Los precios en ese entonces eran diferentes. Vásquez recuerda que cuando principió con su negocio, una tortilla con pollo costaba Q0.50, ahora ésta tiene un precio de Q8. “Esto es porque la vida ha subido mucho”, explica el restaurantero, quien cuenta que los chorizos los trae desde Huehuetenango.
Los días de mayor concentración de visitantes son los sábados y domingos, y debido a ello casi todos estos negocios tratan de llevar grupos musicales en vivo, sobre todo de marimba. “A la gente lo que le gusta escuchar es rancheras y marimba”, dice Víctor Pineda García, un mesero del lugar.
Para estos días los meseros no descansan, sobre todo a partir de las 12 horas. Van de un lado a otro trayendo y llevando platos. “Los domingos vendemos aproximadamente 200 platos, mientras que entre semana, unos 10 ó 15”, cuenta Vásquez.
Pero no sólo comida se encuentra en el lugar. También hay juegos para niños, entre éstos, caballos para montar, así como mesas de futillo. “Pero lo típico de aquí son el atol de elote y las tostadas con guacamole”, afirma Pineda, quien es mesero del lugar desde hace seis años. |