Semanario de Prensa Libre • No. 48 • 05 de Junio de 2005    


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D cultura

Prisioneros del presidente
La célebre novela de Miguel Ángel Asturias se representa para los estudiantes en el Teatro Nacional.

Por Liliana Pellicer

Gritos de mendigos, murmullos quedos de conspiradores y la atronadora voz del Señor Presidente se suceden en el Teatro Nacional. Luces y sombras compiten, buscan su protagonismo entre las estructuras móviles de metal que visten el escenario del emblemático lugar. Mientras, el público trata en vano de romper la cuarta pared con sus propios gritos, murmullos y voces atronadores. Nadie parece molestarse por el escándalo: es un público de escolares.

Durante la obra no se ve en ningún momento la cara del Señor Presidente, representado con una gran sombra al fondo del escenario.

Durante el mes de mayo se representó en el Teatro Nacional esta obra de Miguel Ángel Asturias con el objetivo de acercar la literatura guatemalteca a los jóvenes. Así, Manuel Estrada Cabrera, Miguel Cara de Ángel, el General Eusebio Canales y su hija Camila saltan de las páginas de la novela y se convierten en personajes de carne y hueso para contar a los adolescentes de Guatemala un pasado que ellos no vivieron, pero cuya repetición pueden evitar.

Pasado vivo

“Lo más interesante de la obra es que trata de temas que todavía están presentes en nuestra sociedad: la injusticia, la miseria... siguen dándose en la actualidad”, explica Luis Fernando Pineda, director de la obra. “Sin embargo, creo que los estudiantes, aunque puede servirles para estudiar la literatura, lo van a sentir bastante lejano por el uso del lenguaje y la dictadura, que ellos no llegaron a vivir”.

Unas 12 mil personas han asistido, en su primera temporada, a esta representación, que regresará a las tablas el 4, 5 y 6 de julio. De estos 12 mil estudiantes, ¿cuántos se habrán sentido motivados con una obra tan compleja? “Yo calculo que el 50 por ciento se aburre y el 50 por ciento sale más motivado”, estima el director. “Es difícil porque no hay que olvidar que nos encontramos ante un público prisionero, que asiste al teatro porque le obligan”.

Público desmotivado

Mientras los profesores se sienten satisfechos con la adaptación de la novela a teatro y consideran muy motivante y positivo para los alumnos verla, los chicos no comparten este entusiasmo. “Estuvo muy aburrida, las ideas que cuentan están muy complicadas”, comenta Victoria Sofía Díaz, del colegio América Latina. En esta apreciación está de acuerdo su compañero Kevin Reinhard: “No me gustó nada, creo que están exagerando la imagen del país”. La productora, en cambio, considera que hay que proporcionar a los estudiantes todo tipo de teatro, no sólo comedia. “Tienen que conocer diferentes formas de hacer teatro”, explica Nicolás Juárez, de la productora Escenium. “Elegimos esta obra porque buscamos temas que nos identifiquen, que toquen nuestra historia. No hay que repetir los errores históricos”.

Además de enfrentarse a un público cautivo, el grupo teatral ha tenido que afrontar otros problemas: convertir una novela tan compleja en una pieza teatral (que Vinicio Morales adaptó para televisión y que ha tenido que ser readaptada) y llenar los grandes espacios del escenario del Teatro Nacional mediante el manejo de estructuras metálicas y, luces y sombras. Todo este trabajo para que los menores tengan la oportunidad de conocer de cerca la realidad histórica guatemalteca y su literatura, pero ¿está este público cautivo realmente recibiendo el mensaje?

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