Semanario de Prensa Libre • No. 48 • 05 de Junio de 2005    


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D farándula

Héroes de leyenda
Escudos, espadas, arcos, flechas, cascos y sandalias. El cine épico ha vuelto por sus fueros.

Por Gemma Gil Flores

Casi tres décadas después de que Espartaco liderara una rebelión de esclavos, Moisés separara con su báculo las aguas del Mar Rojo y Judá Ben-Hur dejara sin habla al respetable con su carrera de cuadrigas, las películas de hazañas históricas conquistan de nuevo la cartelera. Troya, Alexander y la recientemente estrenada Cruzadas representan el último brindis de sangre en honor de las batallas de antaño. No cabe duda de que los mitos históricos están de moda, sin embargo, no hace mucho que las superproducciones épicas parecían pertenecer a un pasado irrecuperable.

Los US$ 145 millones invertidos en Troya permitieron recrear una de las batallas más famosas de la historia.

Así era, hasta que llegó Mel Gibson dirigiendo y encarnando al carismático William Wallace en Braveheart (1995). Casi 2 mil figurantes y tres horas de batallas destinadas a glorificar el honor de un héroe independentista escocés constituían una rara avis en el cine de los 90. Sin embargo, el corazón valiente de Gibson arrasó en taquilla y consiguió cinco premios Oscar, incluido el de mejor película. En 2000, Ridley Scott presentaba Gladiador. El cine clásico de romanos había sido rescatado del cajón de sastre del olvido. Se había abierto la veda y la filmografía épica volvía con toda su espectacularidad a reinventar la historia de los héroes legendarios.

Nace un estilo

Durante el periodo mudo, obras como El Nacimiento de una Nación (David W. Griffith, 1915), Rey de Reyes (Cecil B. De Mille, 1927) o Napoleón (Abel Glace, 1927) sentaron las bases del género épico: lenguaje visual grandilocuente, prodigios técnicos y un extenso metraje (Napoleón constaba de 222 minutos, una duración nada desdeñable para tratarse de una película muda).

La irrupción de la televisión en los hogares estadounidenses motivó la aparición de un nuevo tipo de películas que apostaron por la espectacularidad para competir con el nuevo rey del hogar. Las décadas de los 50 y 60 fueron testigos de los años dorados del género con obras como: Quo Vadis (1951), Los Diez Mandamientos (1956), Ben Hur (1959), Espartaco (1960) o El Cid (1961).

Todas ellas se caracterizaron por la utilización de ingentes cantidades de figurantes, el despliegue de los medios técnicos más punteros de la época y unos presupuestos desmesurados. Ben Hur fue la película más costosa que se había rodado hasta la fecha. No obstante, los US$15 millones invertidos en su producción parecían pecata minuta comparados con los US$44 millones que tuvo que desembolsar la Fox para rodar Cleopatra (1963). Los estudios a punto estuvieron de irse a la quiebra.

Re-visionando el pasado

Aunque el cine épico ha recreado épocas muy diversas, la Roma clásica y las narraciones bíblicas y mitológicas constituyen la piedra angular del género. No es de extrañar que la revitalización de este tipo de películas llegara de la mano de Gladiador, una típica producción de romanos, con evidentes reminiscencias de Espartaco y donde la presencia del actor Derek Jacobi, protagonista de la serie televisiva Yo, Claudio, constituía un guiño para el aficionado al género.

Para narrar las intrigas que conducen a la caída en desgracia del general Maximus, Ridley Scott contó con un presupuesto de US$120 millones que sirvieron para financiar, entre otras cosas, la construcción de una reproducción parcial del Coliseo de Roma y el rodaje en la isla de Malta. Los acantilados del país mediterráneo también fueron elegidos para filmar parte de la siguiente incursión de la Antigüedad en el mundo del celuloide: Troya (2004).

Basándose en La Ilíada, el director Wolfgang Petersen narra la batalla que desencadenó el rapto de Helena entre las ciudades de Troya y Esparta. Reflejar en imágenes el desembarco de 50 mil espartanos dispuestos a saquear una ciudad amurallada no era tarea fácil. Para la epopeya homérica, Petersen contó con los servicios de Framestore CFS, la mayor compañía de animación por ordenador de Europa. No obstante, no todo fueron efectos visuales. Para el rodaje se levantó una ciudad —incluidos 152 metros reales de muralla— en un terreno de 40 mil metros cuadrados, y se construyó un caballo de 12 metros de altura y 12 toneladas de peso, con acero y fibra de vidrio tratados para que parecieran madera. Semejante despliegue de medios absorbió un presupuesto de US$145 millones. Una cantidad concordante con las nóminas de Brad Pitt, Orlando Bloom o Eric Bana. Sus rostros de moda fueron convenientemente arropados por estrellas consagradas como Julie Christie y Peter O’Toole, protagonista de otro de los clásicos del cine épico: Lawrence de Arabia (1962).

En el marco de la nueva corriente de la épica, Gibson, responsable de la primera actualización del género, dirigió en 2004 la última revisión a la vida de Jesús: La Pasión de Cristo. Ese mismo año, dos directores, Oliver Stone y Baz Luhrmann, abordaron una aproximación al personaje del conquistador macedonio, Alejando Magno. La versión de Luhrmann (director, entre otras, de Moulin Rouge) aún no ha sido estrenada, pero la de Stone ya ha pasado por taquilla, sin lograr el éxito esperado. Y eso que en esta ocasión tampoco se han escatimado medios. Alexander ha contado con US$160 millones de presupuesto, unos exteriores rodados en Gran Bretaña, Marruecos, Tailandia y Estados Unidos y un trío de actores de éxito: Colin Farrell, Angelina Jolie y Val Kilmer. Por su parte, si no hay cambios, Luhrmann contará con Nicole Kidman y Leonardo di Caprio en los papeles de Alejandro y su madre Olympia. Está por ver quién sale mejor parado con las comparaciones, aunque para eso habrá que esperar hasta su estreno el próximo mes de diciembre.

Mientras tanto, los aficionados al género se pueden entretener con los mandobles propiciados por Orlando Bloom en Cruzadas (2005). Esta vez, Ridley Scott desarrolla la acción en el marco de la lucha entre musulmanes y cristianos por el control de Tierra Santa. Como película histórica dudosamente pasará a la historia. Pero no importa, la batalla de la taquilla continúa y, entre tanto, panem et circenses.

 
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