Lorena Flores:
La chic@ Borges
Ecoturismo y administración tienen muy poco que ver con la literatura, excepto en el caso de Lorena Flores, una promesa creativa que ya empieza a cumplirse.
Texto y foto: Gustavo Adolfo Montenegro
Ya que temía el rechazo de alguna editorial si presentaba sus textos para publicación, Lorena Flores (1974) fundó una; la llamó Espanta Perros. Su primera y última edición fue la de 200 ejemplares de Retrato anónimo, un volumen de sus relatos. “Me dí cuenta de lo difícil que era la empresa editorial, conseguir recursos y el interminable trabajo de revisar una y otra vez los textos”, dice Lorena, quien mucho antes de graduarse en Ecoturismo en la Universidad del Valle de Guatemala o de la maestría en Administración de Empresas, en Santiago de Compostela, España, ya escribía versos y narraciones desde los 10 años. Acaba de publicar el libro de cuentos Desnudo Reposo, bajo el sello Letra Negra. Se confiesa ciega admiradora del escritor argentino Jorge Luis Borges, a tal punto que su dirección electrónica es: chicaborges@hotmail.com

Lorena Flores
|
¿Por qué publicar en un país donde tan pocos leen?
Es un acto bastante egoísta: lo hago más por mí que por otra gente. Así como quien pinta o hace música, lo mío es escribir, pero no quería sólo yo saberlo. Escribo cosas cotidianas para que la gente no se sienta sola, personajes nada extraordinarios con los cuales poder identificarse. Si alguien me lee, me doy por bien pagada. Casi sólo mujeres protagonizan sus cuentos.
Tengo un cuento, El mal femenino, con un personaje hombre, porque a las mujeres se nos achaca que sufrimos por cualquier cosita, pero los hombres también sufren. Aunque creo que lo ridiculicé un poquito...
Claro, con ese impedimento que le puso al personaje...
(Risas) ¿Quiénes son sus autores favoritos?
El número uno, Borges. Un amigo escritor me dice: “está bueno Borges pero ya desprendete”. Pero es un amor platónico. Amo a Borges y sus cuentos. También disfruto a los cuentistas rusos.
¿Y qué es lo que más ama en Borges?
Esa pulcritud del lenguaje y la forma especial de romperlo. Habla de Buenos Aires pero como algo universal, sus personajes que reflejan rasgos humanos pero que al mismo tiempo son sueños irreales.
Al principio del libro, usted escribe que imagina al lector frente a una taza de café ¿no será algo muy estereotipado?
Tal vez, pero quizá me imaginé yo misma. A mí la lectura me sirve para evadir a la gente, cuando no quiero que se me acerquen. Desde que estaba en la U, cuando no quería que nadie me hablara, agarraba el libro. Es mi manera de decir: estoy ocupada, no me molesten. Quizá el lector pueda hacer lo mismo.
Hay quienes dicen que se debe leer por placer y otros que es un trabajo ¿qué opina usted?
En mi casa yo siempre vi gente leyendo. Para mí es algo tan natural que no lo veo ni para distraerme ni como algo forzado y me gustaría que la gente lo tomara igual. Hay tanto que ver, tanto por saber. Yo de niña leía tanto que mi abuelita me decía ¡Ya deje ese libro m’ija y salga a jugar!
¿Qué tanto hay de autobiográfico en estos cuentos?
Rasgos, muchísimos: Uno pone un montón de detallitos inconscientemente: un lugar, una vestimenta, una camisa de líneas. Yo realmente quisiera pasar desapercibida, pero siempre le meto cosas mías o que quisiera tener o que tuve y ya no tengo.
¿Cuál de sus personajes disfruta más?
Me gusta mucho el de Marina, porque esta basado en Silvia Platt, la escritora estadounidense, una mujer que a los 30 años empieza a publicar sus mejores textos. ¡Ah! y Ofelia…
Hay tres Ofelias en su libro ¿es un juego, un capricho o es el mismo relato?
Con Ofelia quise trazar esa línea tan fina entre la locura y la cordura: una mujer joven muerta en un río deja ver la posibilidad que el dolor sea tan grande que le haga perder a uno la conciencia.
¿Tanto le teme al dolor?
¡Yo no aguanto ni el dolor de cabeza! Pienso que el ser humano no vino a sufrir sino a ser feliz.
Pero eso de huirle al dolor es difícil, si no es que imposible
Tal vez, pero la vida está llena de encantos, y si hay días malos, los hay, pero es mejor dejarlos ir y no estar acuchuchando el dolor…
Vocación y profesión
Lorena vive para escribir pero para vivir personifica a alguien que labora en una empresa familiar de construcción que en 2002 se graduó de Licenciada en Ecoturismo y en 2003 se marchó del país para estudiar la Maestría en Aministración en España. Se ríe al decirle que, así como Borges decía, ella podría ser sólo un personaje de ficción y que esta entrevista sólo forma parte de un relato perdido en algún libro...
Usted estudió Ecoturismo...
Realmente empecé en la carrera de Nutricionista y llevé cursos de Biología. El jefe del departamento y mi profesor era increíble: el doctor Jack Shuster, un señor encantador, que sabía generarle a uno el gusto y la admiración por la naturaleza.
Además él realizaba actividades en el Departamento de Música. En el segundo semestre me cambié a Ecoturismo. Cuando lo conté en mi casa nadie daba 5 centavos porque yo terminara la carrera. ¡Yo!...la que no corría ni media cuadra, que me gustaba estar siempre en casa leyendo. Y fui feliz porque aprendí de arqueología, de antropología y salíamos al campo. Conocí ciudades mayas increíbles…
¿Y cuál le gustó más?
No quiero sonar repetitiva, pero Tikal es mi favorita. Sobre todo, la parte del Mundo Perdido que aún es tan poco conocida.
¿Y cuál se quedó con ganas de conocer?
El Mirador, porque tiene la fama de ser mil veces mejor que Tikal, más grande, más fabulosa y también más inaccesible.
|
Ocho preguntas
- Un lugar para volver: Santiago de Compostela
- Un lugar por conocer: África
- Un recuerdo de niña: Un berrinche por un juguete, tirada en el suelo, en el almacén Maegli.
- ¿Cuál es su peor defecto?:
Soy tremendamente miedosa.
- Un personaje de ficción: Beatrix, de la película Kill Bill. Es una asesina fría pero la maternidad la transforma.
- Una persona que deteste: Empecé unas clases de budismo y el Lama nos da un consejo: mirar a los otros con los ojos de todo el mundo. Ese que me desagrada, tiene alguien que lo quiere.
- ¿Qué defecto detesta más en la gente?: La prepotencia
- El gran defecto de los chapines: que no nos damos cuenta del valor que tenemos. |
¿Trabajó en ecoturismo?
Sí, pero dejé de trabajar en ecoturismo en 2002. Estuve en una fundación a cargo de hacer pequeños proyectos para empresarios turisticos en la Costa Sur, en Sayaxché, La Pasión y el río Usumacinta. Hacíamos el diagnóstico, el plan de manejo e impacto ambiental.
Y según su experiencia ¿por qué no termina de despegar el turismo en Guatemala?
El pequeño empresario no está capacitado y es lo que abunda en un montón de lugares. Los grandes hoteles, eso no es ecoturismo: es turismo tradicional y la comunidad se harta porque no percibe mayor beneficio. Incluso el costo de vida se encarece y además falta infraestructura en muchos lugares: no hay donde quedarse, ni dónde comer. El turista necesita un lugar que sea higiénico y va a encontrarse comunidades con los desagües a flor de tierra.
Pero a veces parece que a más infraestructura, menos conservación y que el ecoturismo busca conservar…
El ecoturismo no busca la incomodidad, sino utilizar los materiales, recursos y personas del lugar. Es importante que los alimentos se produzcan allí, no que cada semana hagan un viaje al supermercado de la capital; que se le compre al agricultor y contratar gente del lugar, no llevar un gerente desde aquí. Se trata de generar empleo y beneficios comunitarios. No va a tener los servicios de un hotel 5 estrellas, pero sí un lugar cómodo donde tenga una experiencia positiva.
Hablando otra vez de usted. Leí por allí que también ha publicado ensayos de Economía. ¡Usted si que hace de todo!
Sí, pero fue siempre por el ecoturismo. El doctor Shuster decía que había que venderlo como un sistema de vida, un sistema económico y una herramienta de desarrollo, pero valorando la comunidad y la cultura indígena. Sobre eso escribí: sí para que venga el turista convierto las tradiciones en un producto más, eso es lo peor que podría hacer…
Algunas tradiciones guatemaltecas se han convertido casi en un show…
En lo personal veo que es una falta de respeto. Y ello provoca que las personas del lugar se sientan como agredidos. Actualmente están trabajando en Colombia, Brasil y México en una ley sobre los derechos de las comunidades indígenas y allí se trazan lineamientos para que los operadores turísticos trabajen. Y yo me pregunto ¿por qué no en Guatemala? Aprovecharse de las tradiciones sin devolver desarrollo a la comunidad es como estar prostituyendo la cultura.
Eso suena bien pero ¿existirá un lugar que funcione así en realidad?
Sí, pero no aquí (en Guatemala). Es un proyecto llamado Rara Avis, en Costa Rica. Un gringo compró terreno en una región donde sólo estaban cerca la carcel y un prostíbulo. Fue comprando hectáreas y él empezó a capacitar a los presos y a emplear a las prostitutas. Le funcionó, porque este hotel se mantiene llenísimo.
En Guatemala hay parajes mucho mejores que en Costa Rica ¿por qué no despega aquí el ecoturismo?
La seguridad. Costa Rica se vende como un destino seguro. Los turistas que llegan a Guatemala son unos valientes. Mientras la seguridad no mejore, Costa Rica seguirá con ventaja.
Mire y si le gusta tanto el ecoturismo ¿de dónde salió la Administración de Empresas?
Por la empresa familiar: se necesitaba alguien que supiera algo de Administración. Esa beca fue especial porque cuando llegué a España era el año del jubileo y tenia la ilusión de hacer el Camino de Santiago (peregrinación).
¿Y qué tal esa experiencia?
Más que buena. Mundos de gente, de todos los paises. Fue duro. Fisicamente se camina unos 27 kilómetros diarios. A veces ya me salía, por el cansancio, pero al ver que delante de mí iban dos viejitas como de 80 años, pensé: si ellas pueden ¿por qué yo no?
|