Planes Galácticos
La carrera espacial se aviva 30 años después de su inicio, pero esta vez los rivales son diferentes.
Por Liliana Pellicer
“Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para toda la Humanidad”. Con esta frase Neil Armstrong pasó a la historia como el primer hombre que puso un pie en la Luna. Ahora las potencias espaciales compiten de nuevo, pero esta vez quieren que el salto sea aún mayor.
Si bien en 1969 los rivales eran Rusia y Estados Unidos, actualmente los competidores se multiplican. China, la Agencia Espacial Europea (ESA), India, Japón e, incluso, Brasil luchan por llevar al hombre más allá de la estratosfera. Al igual que en la década de los 60, conquistar el espacio es un requisito para dominar la Tierra. Y estos países lo saben.
La potencia
Con un presupuesto espacial de US$ 15 mil 500 millones anuales, la primera potencia mundial se plantea un nuevo reto: colonizar la Luna, Marte y otros planetas. En 2004, el presidente George Bush relanzó la carrera espacial con un nuevo plan que buscaba el regreso de los astronautas estadounidenses a la Luna a partir del año 2015, para construir una base permanente antes de 2020 y, desde allí, emprender una misión tripulada a Marte en 2030 para la exploración de otros planetas del sistema solar.
Este plan espacial es el más ambicioso desde que, hace 42 años, John F. Kennedy anunciara el compromiso de poner al hombre en la Luna y, según los expertos, parece que persigue los mismos fines: desviar la atención de la opinión pública de la belicosa política exterior de la nación norteamericana y demostrar al mundo quien tiene la hegemonía tanto dentro como fuera del planeta. Sin embargo, a pesar de que se repiten las intenciones, su mayor rival no es el mismo. Rusia, que consiguió los primeros éxitos en la conquista del espacio, se declara preparada para enviar una expedición humana a Marte en 2014. No obstante, los problemas financieros del país hacen poco probable que se puedan afrontar los US$ 15 mil millones que costaría esta misión.
El rival asiático
Desplazada la antigua Unión Soviética de la carrera espacial, China le toma el relevo. El 15 de octubre de 2003, la Shenzhou V (Divina 5) se convirtió en la primera nave tripulada china lanzada con éxito a la Luna. Este logro es contemplado como la primera fase de uno de los más ambiciosos y viables programas galácticos del planeta ya que sus naves espaciales son las más sofisticadas, su investigación aeroespacial es la que obtiene más logros en menos tiempo y su presupuesto alcanza los US$ 170 millones sólo en la primera fase. El primer objetivo de los chinos es la conquista de la Luna en el año 2010, a lo que seguirían misiones de exploración al planeta rojo antes de 2020.
Frente al gigante asiático, otro monstruo dormido comienza a despertar y a mover ficha en el tablero espacial. Desde 2001, la India es un importante mercado del lanzamiento de satélites y los científicos indios se plantean la llegada a la Luna de una nave robot para 2008, con un presupuesto de 59 millones de euros.
Otra de las potencias asiáticas es Japón, pero su importancia en esta nueva carrera espacial ha decaído tras los fallos que se detectaron en la sonda Nozomi, lanzada en 1998, que ocasionó pérdidas de US$80 millones.
También con el ojo puesto en Marte, la Agencia Espacial Europea planta cara a Estados Unidos con un plan más preciso que prevee la llegada al planeta rojo para 2033. Más a la zaga se encuentra Brasil que, a pesar de ser la única potencia espacial relevante de América Latina, sus esfuerzos por conquistar el espacio van lentos.
¿Por qué el espacio?
Muchos países se han sumado a la carrera espacial en los últimos años la pregunta es ¿por qué destinar recursos a algo tan aparentemente alejado? Esta reconquista podría tener como objetivo convertirse en un elemento simbólico, una proyección propagandística del poder nacional de alguna de estas potencias, o la exploración de otros recursos naturales en la Luna o en otros planetas, como Marte. Sin embargo, hay otra posibilidad más inquietante: la militarización de la órbita terrestre mediante satélites espías, de telecomunicaciones y armas. En cualquiera de estos casos, si estos planes de expansión espacial se materializan, pronto las películas sobre la conquista del planeta rojo dejarán de ser una ficción para convertirse en un reflejo de la realidad. El negocio del espacio
Si bien en la época de la Guerra Fría la conquista del espacio era parte de la lucha por el prestigio geoestratégico y militar, hoy día tiene un nuevo componente: el económico.
“No pasa un día sin que alguien me pregunte en tono jovial que cuándo se inaugurará el Lunar Hilton. Bromean, por supuesto. Pero yo no lo considero una broma en absoluto”. Esto dijo Barron Hilton, de la conocida cadena de hoteles, en un discurso que dio en 1967. Hay día, aunque todavía no hay hoteles en el espacio, parece que el turismo galáctico es cada vez más factible. Ya en 2001 el estadounidense Dennis Tito pagó 20 millones de dólares para visitar la Estación Espacial Internacional, pero las previsiones hacen pensar que, en tan solo tres años, los vuelos espaciales para turistas serán una realidad.
El culpable de esta efervescencia es SpaceShipOne, el avión suborbital que ganó el Premio X Ansari el pasado 4 de octubre. El galardón le acredita como el primer vehículo privado capaz de subir tres pasajeros o su peso equivalente a una altura de 100 kilómetros, la frontera oficial del espacio, y de hacerlo dos veces en dos semanas.
Burt Rutan, inventor de SpaceShipOne, calcula que en tres años tendrá un modelo que permitirá subir 4100 Km a turistas espaciales por “sólo” unos US$7 mil 481.49.
También otros magnates como Jeff Bezos o Richard Branson han lanzado sus compañías de vuelos turísticos espaciales: Virgin Galactic. Branson espera abrir el año que viene con 3000 ricos clientes dispuestos a pagar las 115 mil libras esterlinas que cuesta el billete del primer vuelo, planeado para el 2006. Pero el negocio no se queda ahí, durante los últimos 10 años las agencias espaciales gubernamentales europea y norteamericana han mantenido constante, alrededor de los US$20 mil el kilo, según The Economist, el precio de puesta en órbita. Sin embargo, a las agencias gubernamentales les han salido estos competidores privados que están dispuestos a bajar los costes y tiempos. Mientras lanzar un satélite de "urgencia" supone ahora más de medio año de preparativos, estas nuevas empresas espaciales podrían hacerlo en semanas. Esto abre todo un mundo de posibilidades para la industria armamentística y de las telecomunicaciones. |