Semanario de Prensa Libre • No. 48 • 05 de Junio de 2005    


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Opinión

El intercambio imposible
Los hombres buscan sexo, las mujeres quieren amor.

Por: Carlos Seijas
Ilustración: Gustavo Adolfo Montenegro

Me levanté un domingo y me encontré con la encuesta de Prensa Libre sobre el sexo en Guatemala. El sexo: un tema que es la fuente de los grandes desvaríos de la humanidad. Una y otra vez me veo frente a la certeza de la frase expuesta hace décadas por el psicoanalista Jacques Lacan: “No hay relación sexual”.

Ante esta hermosa y, si se me permite, poética elaboración lacaniana, muchos se quedan con una interrogante que les corroe el seso: ¿cómo puede no haber lo que hay todos los días a toda hora? Con esto sólo confirman lo que la sentencia lacaniana esconde. En un sentido menos críptico Baudrillard lo expresó: “El intercambio es imposible”. Entonces, finalmente ¿hablamos de economía o de sexo? El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, nos hablaba de la “economía libidinal”. Así que como ven, no estamos alejados, sino muy cerca del hueso del problema. Aclaremos a qué me estoy refiriendo, de la forma más clara posible, sin ofender al lector: lo que él quiere, ella no se lo da, y lo que ella quiere, a él no le interesa. ¿Esta claro?

En la encuesta de Prensa Libre esta clarísimo. Ante la pregunta ¿Su primera relación fue más por amor, por deseo o por curiosidad? Los hombres (40 por ciento) responden que por curiosidad y lo hicieron con su novia (61 por ciento); las mujeres por el contrario lo hicieron por amor (78 por ciento) y con su esposo (47 por ciento).

¿Se dan cuenta? Hombres y mujeres se relacionan, sin relacionarse. Ellos quieren una sola cosa de ellas: sexo. Y ellas ¿qué quieren? Ya Freud lo expresaba luego de analizar a tantas mujeres: es imposible de responder llanamente. “A ellas -decía- no hay que entenderlas, hay que amarlas”. Algo difícil para el hombre que sólo quiere otra cosa.

Para seguir confirmando la frase de Lacan, démosle un toque picante: no hay relación sexual, como no hay relación entre los sexos. Esto se cumple en la pregunta: Por lo que ha escuchado ¿sus amigos o amigas piensan mucho en sexo, poco, o casi nunca? Las iluminadoras respuestas dicen que los hombres (54 por ciento) piensan mucho y creo que por recato no salió más. ¿Las mujeres?: (70 por ciento) ¡Poco o nada! ¿Aún creemos que los hombres y las mujeres son seres compatibles? Otra pregunta ¿La mujer debe llegar virgen al matrimonio? Los hombres (64 por ciento) dicen sí. ¿Y las mujeres? ¡82 por ciento! Es decir: las mujeres son sus peores enemigas. Ante una sociedad con un discurso basado en el del amo, no les queda más que ser sus propias enemigas: si no llegan vírgenes no las respetarán ¿quién? ¿Acaso ese 64 por ciento de hombres? No. Ellas mismas.

Ya lo expresaba Lacan de otra forma. Por favor siéntese y lea: “La mujer es el síntoma del hombre, y el hombre para la mujer es un asco”. Así de claro. Vamos otra vez paso por paso, ¿cómo sabe el hombre que es hombre? Sólo puede saberlo a través de una mujer que le valide su masculinidad. Por ello él esta enfocado a conseguirse una o varias que, ante su inseguridad sexual le confirmen que sí lo tiene.

Ellas quieren hijos no hombres, ellos quieren mujeres no madres. ¿Cómo así? En esa búsqueda de masculinidad los hombres resultan siendo padres y no hombres y creen que, haciéndole hijos a muchas mujeres, se hacen más hombres y resultan siendo más padres. Y las mujeres creen que teniendo hijos responden a la pregunta de qué es ser mujer y terminan convertidas en madres, pero no en mujeres.

En este panorama del desierto de lo real, vemos que es claro el “no hay relación sexual” de Lacan. Un 71 por ciento de hombres son honestos y dicen que casi siempre tienen un orgasmo, mientras que un confundido 29 por ciento da respuestas que rayan en lo absurdo. El hombre, señores, si no se habían enterado, es monoorgásmico, es decir: lo hace, tiene su orgasmo y se acabó. Punto. La mujer en cambio es un ser multiorgásmico y, por ello, los hombres le temen, por que cuando ellos terminaron, ellas van por más. ¿No vuelve eso a ser economía? Los hombres buscan sexo, las mujeres amor. Es un contradictio in nihilio hermoso, poético, pero doloroso.

¿Entonces nunca hay relación entre los sexos? Claro que la hay, todo el tiempo. Si no pregúntele a Lacan, aunque hay un problema, él ya se murió, así que no nos queda más que tratar de entendernos, amarnos en la imposibilidad de esa relación y darnos al otro en nuestra ausencia total, como seres incompletos, pero que buscan, como contaba Aristófanes, un ínfimo momento de plenitud en la relación de los sexos.

 
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