Semanario de Prensa Libre • No. 50 • 19 de Junio de 2005    


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D cultura

El placer literario
En la literatura, y más explícitamente en la narrativa, la sexualidad ocupa un lugar preponderante como corresponde a uno de los instintos esenciales de la vida.

Por Juan Fernando Cifuentes Herrera*
Fotoarte Dennys Mejía

Entre la vida y la muerte habita la sexualidad en sus múltiples manifestaciones. La literatura recrea el mundo circundante y los seres que lo habitan con sus dramas y tragedias: la literatura es testimonio del tiempo.

Guatemala es un país signado por la violencia y el sufrimiento, destino que han tratado de explicar los científicos sociales y los sociólogos a partir de diferentes causas. Si la literatura refleja las circunstancias históricas de los personajes, pareciera que los ciudadanos de este país vivían ajenos a ese aspecto fundamental de la vida que es la relación sexual, durante los primeros 400 años desde la llegada de los españoles y con ellos la forma de expresión escrita en el lenguaje que impusieron.

De los vestigios de expresión de los habitantes de estos territorios, me refiero a los códices, las inscripciones de las vasijas, a las esculturas y a las piedras labradas de los sitios ceremoniales, no se han reportado escenas relativas a la sexualidad...

Durante la Colonia era permitido escribir y leer las crónicas, los temas históricos y la poesía de carácter religioso, después de la censura del Santo Oficio. La literatura “de mentiras”, como llamaron a la ficción en novelas y cuentos, estaba prohibida. Las leyendas se transmitían oralmente y ya a principios del siglo XIX circularon fábulas que en medio de la comicidad de los personajes animales hacían cierta crítica y señalaban vicios de los personajes de la sociedad.

No es lo mismo la forma como alude César Brañas al incesto en los principios del siglo pasado, que como describe una violación Maurice Echeverría, muchos años después. De generación en generación, de una década a otra, cambia la forma de abordaje, el lenguaje utilizado, la perspectiva. Y esas variaciones reflejan los cambios ocurridos en la sociedad guatemalteca desde los largos períodos dictatoriales de los primeros cincuenta años y luego durante los tiempos de la guerra en la otra mitad del siglo.

Lo sagrado y lo profano

Otro aspecto de lo sagrado es su posición frente a lo profano, entendiéndose esto dentro de la religión que impone el celibato entre los sacerdotes con base en la interpretación bíblica de que la sexualidad es pecaminosa. Los escritores guatemaltecos que abordan esta situación son pocos. Antes del surgimiento del modernismo, a finales del siglo XIX y principios del XX, hay una expresión del naturalismo en las obras de Enrique Martínez Sobral (1875-1950) acerca del conflicto entre lo profano y lo sagrado. El relato se titula Inútil Combate, cuyo asunto es la lucha que sostiene un sacerdote por sus votos de castidad y el anhelo amoroso manifestado por el deseo del placer carnal. La interpretación naturalista tiende a proclamar el triunfo del amor sexual, como algo propio de la naturaleza humana, sobre la abstinencia que impone la religión. Aunque en la novela el conflicto sólo se da en la mente del sacerdote, nunca llega a faltar a sus votos con la Iglesia, porque cuando ha tomado la decisión, el objeto de su amor, la mujer de quien está enamorado, muere, después de haber sido violada por su propio padre alcohólico.

Algunos años más tarde, ya dentro de la corriente del modernismo, Enrique Gómez Carrillo (1873-1927) trata el tema en una novela que ha sido considerada como su mejor obra narrativa. Se trata de El evangelio del amor (1922). Difiere de la de Martínez en que Carrillo sitúa la acción en la Edad Media (1311) en el Monte Athos, en la ciudad de Bizancio, y el personaje, como corresponde al modelo del modernismo, es un noble que se ha retirado donde es acosado por el ansia del amor carnal. El autor desarrolla la trama como un conflicto psicológico-filosófico entre el amor divino frente al amor profano. Menciona a Jesús que se deja querer por María Magdalena e interpreta esto como una disposición buena de Dios. El final ocurre con la muerte del personaje principal, lapidado, al tratar de predicar el evangelio del amor.

Las “malas palabras”

No me refiero a las que están mal escritas, sino a las formas lingüísticas vulgares, crudas, comunes y groseras.

La vulgarización del amor sexual en la literatura no es muy remota. Durante el romanticismo, y a finales del siglo XIX, así como en la primera mitad del siglo XX, el modernismo e incluso en corrientes vanguardistas posteriores, los narradores usaron un lenguaje poética y cierta delicadeza en el trato del asunto.

El volumen uno
La antología de narrativa de la sexualidad, escrita por hombres, está clasificada según el enfoque que los relatos dan al tema:

1. Relatos de iniciación.
2. La parodia en el discurso del cuerpo.
3. Seducción y zoomorfismo
4. Sexualidad, magia e indigenismo.
5. Neorrealismo sucio o la vulgarización del discurso.
6. Relaciones incestuosas
7. La narrativa erótica.
8. Pornografía, drogas, sadismo y otras aberraciones.
9. La sexualidad en el microrrelato (narraciones con menos de 200 palabras de extensión)

El autor, Juan Fernando Cifuentes, nació en 1936, ha publicado libros de cuento, novela y ensayo. Catedrático en las universidades Rafael Landívar y Francisco Marroquín.

Algunos expertos tratan de explicar estas conductas, que no son exclusivas de los narradores guatemaltecos, relaciónandolas con cuestiones de orden político e ideológico. Y encuentran que la vulgaridad y las malas palabras son manifestaciones de una tendencia natural a la transgresión del ser humano, ante cualquier prohibición.

El tema de la sexualidad está relacionado con otros como el masoquismo, la seducción, el misticismo, el amor sensual y el platónico, el erotismo, la pasión y la relación en su más pura expresión, casi instintiva. De todo eso trata este libro.

*Extracto del prólogo de la antología Diálogo de Cuerpos, volumen 1.


El primero de cuatro

El 21 de junio se presentará el primer volumen de la antología Diálogo de Cuerpos, referente a narrativa escrita por hombres. Ya está en la imprenta el volumen II, que abarca la poesía, con temática sexual, escrita por hombres. Le seguirán otras dos antologías sobre poesía y narrativa de mujeres, siempre sobre la misma temática.

El Beso
Por Marco Augusto Quiroa

En su cama, de este lado del Atlántico, a diez mil kilómetros de distancia, el hombre sueña con Sofía Loren. Sus labios ávidos buscan la boca de la actriz y en el momento de besarla despierta agitado, solo, afiebrado en la medianoche tropical y calurosa, entre sábanas empapadas de sudor. En ese preciso instante (mientras por su ventana penetra la turbia claridad de un día lluvioso) Sofía despierta en Berna, besada por Carlo, su esposo, una extraña emoción la embarga y la estremece. Como si la besara un hombre desconocido.

La bella y la bestia
Por René Leiva

La bella guarda en su pecho la llavecita dorada que encierra a la Bestia de los ojos divinos. Cuando la Bella llega hasta la jaula, la Bestia de los ojos divinos escudriña su escote, esperando encontrar el resplandor de su libertad. Pero la Bella todavía es muy joven: cuando llegue el momento abrirá la jaula inmensa para que los ojos divinos de la Bestia devoren sus pezones.

Esposa III
Por Dante Liano

Ahora recuerdo tu cuerpo todo. Hablo de tí. Hablo del cuerpo en el que habito. Hablo del amor hacia tu cuerpo: esa pasión. Sueño que hago el amor contigo después de haber hecho el amor: cuánto deseo. Cuánto estás dentro de mí: árbol para mi sombra, para mi antigua angustia: río, remanso de ese río, fluidez inseparable. No dormiré tranquilo hasta que n sienta la mata de pelo que me estorba sobre el brazo, después de haber sentido, por infinitas veces, los golpes que te invaden, que te acarician dentro de tí misma, hasta la cavidad en donde mi amor llega y te posee y es poseído.

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