Semanario de Prensa Libre • No. 50 • 19 de Junio de 2005    


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Editorial

A propósito
Un mal verdadero

Por lo menos el 3 por ciento de la población mundial padece los síntomas de más de una enfermedad que se disfraza de algo muy simple o bien con los síntomas de un mal catastrófico; durante la noche aparecerán los síntomas de otra, cuyas características conocieron por casualidaddurante al día. Milagrosamente sanarán pero volverán a enfermar.

Gerardo Jiménez
Editor

Ellos son los enfermos hipocondriacos que pueden ver aumentado su drama cuando acuden a los médicos. En el mejor de los casos, éstos les informan que todo está normal, que están físicamente sanos. Sin embargo existen algunos inescrupulosos que conocen la sintomatología de los enfermos imaginarios y se aprovechan de ellos recomendándoles todo tipo de exámenes y tratamientos. Algunos llegan al colmo de sugerir hasta intervenciones quirúrgicas, cuando la única enfermedad real que estos pacientes tienen es una predisposición mental que los hace creer efectivamente que padecen diversos males.

El tema no es nuevo, ni el de los hipocondriacos ni el de los profesionales deshonestos. Ya el célebre comediante francés Moliere lo había dejado plasmado, hace más de 300 años, en 1673, en su famosa comedia El Enfermo imaginario, en la que se describe a un hombre atormentado por todos los males posibles, los cuales él no quiere curar y que a los médicos tampoco les conviene aliviar.

En uno de los diálogos uno de los personajes, Antonia, le dice al enfermo imaginario: -“Soy médico ambulante, que va de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, buscando materiales para sus estudios: enfermos dignos de ocupar mi atención y de emplear en ellos los grandes secretos de la medicina... busco enfermedades verdaderamente importantes”. Para completar la ironía aún le agrega que si tuviera una enfermedad seria, entonces hasta los médicos lo abandonarían.

En el fondo, quienes padecen este tipo de trastorno lo que en realidad necesitan es un poco de atención, porque su mal verdadero es más angustiante y profundo pero puede curarse con tan sólo alguien que sepa escuchar y compartir.

Liliana Pellicer indagó acerca de la hipocondría en Guatemala y habló con profesionales y pacientes. He aquí sus dramas, angustias y, en algunos casos, sus curaciones.

 
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