Semanario de Prensa Libre • No. 35 • 06 de Marzo de 2005    


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D frente

María del Carmen Aceña:
Tengo algo de bufona
“Es una virtud que muchas veces en los lugares en donde hay tensión puedo encontrar siempre algo chistoso, de qué reirse de la situación. La vida también es alegre”

Por: Julieta Sandoval
Foto: Carlos Sebastián

Quien diría que la persona que dirige el ministerio más grande del país, con 100 mil trabajadores y da las directrices para la educación de 3.5 millones de niños, que debe afrontar amenazas de huelga de los sindicalistas magisteriales y tiene que acudir al Congreso a dar explicaciones a los diputados, sea alguien que le gusta reír, encontrar el lado gracioso a la situación y tomar de su escritorio una rana René, colocársela en una mano y hacerla que hable con sus interlocutores.

María del Carmen Aceña,
Ministra de Educación

Esto hizo que tuviera que introducir una nueva palabra en el Ministerio: mopets, al referirse a los populares títeres de la televisión. “Es mejor decir no seas mopets que te equivocaste”, dice María del Carmen Aceña de Fuentes.

¿En estos momentos se siente usted una dama de hierro?

No. Me considero una mujer sensible, amistosa y con coraje, en especial por el puesto y la responsabilidad que tengo. Aprendí a ser consecuente con mis principios y no doblegarme por las circunstancias.

Las personas que fueron mi modelo me enseñaron que no siempre se gana, pero lo más lindo es hacer las cosas de forma consistente.

Si usted le llama “mujer de hierro” a aquella que tiene carácter y coraje creo que hay muchas así en Guatemala.

Usted habla de coraje y carácter, ¿cuáles serían las cualidades para poner la casa en orden?

El carácter y el coraje deben tenerlo todas las mujeres, porque ellas forman a los guatemaltecos. Los niños deben aprender a respetar las reglas. Hay ciertos valores que no se negocian, como la honestidad y la solidaridad. Eso lo forjan las mujeres en los hogares.

Lo más importante es ordenar la casa, a pesar de que muchas personas están acostumbradas a vivir en el desorden. Hay que enfrentar desafíos, cruzar muchas barreras, pero lo más importante es informar, comunicar y escuchar a la gente, para que se dé cuenta que cuando hay reglas, valores y objetivos todos ganamos.

¿Con qué actitud negativa le ha tocado luchar más?

Con la mentira. Los guatemaltecos somos muy mentirosos. La gente no lee, no sigue instrucciones y es fácil ser manipulable al no tener criterio. Estudios demuestran que la mitad de los maestros ni siquiera lee el periódico y son quienes poseen 13 años de escolaridad, mientras el guatemalteco promedio tiene sólo cuatro años. Si nosotros no leemos, difícilmente vamos a tener criterio y opinión.

¿Se enoja fácilmente?

No. Rara vez me enojo, pero cuando lo hago soy un poquito agresiva. Me enojo cuando la gente, a pesar de que le demuestro que no está en lo correcto, no cede.
Más que ser enojada tengo en el fondo algo de bufona, un sentido del humor muy especial.

¿Cómo bufona?

Es una actitud que rompe la tensión con algo chistoso que permita reirse de la situación. Por ejemplo, en las reuniones con los sindicalistas por qué no reír. La vida también es alegre. Cuando tengo oportunidad lo hago. Mi papá tenía un gran sentido del humor, mi familia también.

Con ingenio
Ha hecho diversas cosas para vender ideas.

En el Cien hicimos una estrategia que se llamó “te sienta bien”. Era un té para que la gente no estuviera siempre criticando.

Con un grupo de amigas creamos el “ubicatex forte”. Son pastillas para que la gente se ubique en el contexto nacional.

Ubicatex Forte está indicado para los síntomas graves de desubicaditis: visión limitada (incluso con lentes), desánimo, flojera, despiste y letargo.

Administrarse en caso de: sentirse ajeno a su comunidad. Criticar sin aportar soluciones.

Forma de uso: ponga los pies en la tierra y acompañe sus cápsulas con agua, tratando de ver el vaso medio lleno.

Para mejores resultados: lea, estudie y trabaje duro.

¿Practica siempre el ser bufona?

Totalmente. Creo que el sentido del humor puede en cierto momento relajar. En países como el nuestro, en donde hay mucha pobreza y se desea hacer cambios, esa búsqueda puede paralizar a la gente, pero si uno le ve el lado humorístico, el lado amable, uno puede reír. No hay cosa más bonita que reirse de uno mismo.

Yo me autocritico, pero no me llamo tonta, en vez de eso uso la palabra mopets. Uno a veces parece mopets o mopetea. Esta es una forma que yo encontré para no tomarme las cosas tan en serio. Aunque no dejo de ser profesional y técnica, me gusta ver el lado simpático al asunto.

¿De dónde surge lo de mopets?

El concepto de mopets nació en mi familia, porque una vez nos fuimos de viaje; pero todos eramos líderes que querían decir qué hacer. Hubo un momento en que ya nos íbamos a ahorcar y decidimos que cada uno tenía su día para dirigir, pero si se confundía, a alguien se le ocurrió decir que era un mopets y ahí quedó como una forma muy diplomática de decir te equivocaste.

Es mejor decir “qué mopets” a qué tonto o bruto. Esto, psicológicamente, es malo.

¿Usted siempre ha estado ubicada o se ha extraviado en la vida?

Yo estuve bien desubicada un tiempo. Cuando estudié Ingeniería en Sistemas viví el golpe de Estado de 1982, y buscaba cómo me iba del país. Mi sueño era los Estados Unidos, pero para mi sorpresa trabajé por seis meses en una fundación en donde hice una base de datos sobre Guatemala. Estudiar mi país me cambió la vida, y ahí me ubiqué. Creo que muchas personas no conocen a su país y por eso no lo aman y no trabajan por él.

¿Cómo se sintió cuando fue ese golpe de Estado?

Feliz, porque como buena estudiante ese día tenía examen de estadística cuando apareció la marimbita. Pero frustrante, porque fue la primera vez que voté. Era triste ver la corrupción y como manipularon todo.

Ese golpe de Estado le dio vientos nuevos al país, e integramos el grupo de rotarios jóvenes llamado Rotarac.

Ahí conocí a guatemaltecos que estuvimos desubicados en el contexto nacional, como yo, pese a ser profesionales. Pero aprendimos a hacer proyectos nacionales, lo que formó nuestras vidas. Ahí conocí también a mi esposo y nos gustó trabajar juntos por Guatemala.

¿Qué es la educación para usted?

La educación es integral. Lo más importante es dar herramientas para desarrollar el pensamiento crítico. La escolaridad en Guatemala es pobre, pero los padres pueden darle valores a los niños que sólo se aprenden en casa.

Cuando analizaba el trabajo del Ministerio habló de varios cambios como el ser operativo y dar políticas, ¿qué ha hecho?

Trabajamos en eso. Pero se dificulta cuando todo el mundo quiere que un ente superior le resuelva su problema. La gente debe saber que el desarrollo de una persona depende de sí misma.

Cambiamos cierto tipo de cosas para que la escuela sea autónoma. Por ejemplo, si se rompe un vidrio que lo arreglen ellos, que no busquen al ministro, sino a la Dirección Departamental.

¿En qué puede observarse su huella en el Ministerio?

Creo que en la exigencia, la sistematización, las cosas bien hechas, claramente establecidas. Reglas del juego claras. Quisiera que esto se manejara como el Banco de Guatemala, en donde usted hace carrera y con dificultad cambian al presidente, tienen un servicio civil espectacular, y no están sujetos a los vaivenes políticos. Pero este ministerio fue la forma de satisfacer ciertos requisitos de los partidos políticos, por lo que se cometieron errores graves.

Datos de su vida
- Nació en 1961. Los acontecimientos que se daban en ese entonces en el mundo eran la revolución latinoamericana: Fidel Castro y la Guerra Fría.

- Es la segunda de cuatro hermanos, por lo que siempre se consideró responsable, pero madurar le costó un poco más.

- Su profesión de Ingeniería en Sistemas le encanta por haberle dado habilidad para pensar más allá del corto plazo.

- Antes de ser nombrada en el cargo era directora del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (Cien).

- Le gusta leer libros relacionados con lo que está trabajando. Ahora son de psicología. Se considera una amante del cine, sobre todo de las películas en donde se lucha por un ideal.

- Hasta ahora considera que no ha llegado el descubrimiento de su vida.

¿En dónde nació y dónde transcurrió su infancia?

Nací en Guatemala y viví los primeros nueve años de mi vida en la zona 1. Primero en la novena avenida y después en la séptima avenida.

Al cerrar los ojos un momento, ¿qué mira de esa época?

Miro mucha alegría. Cómo mis hermanos crecen. Mis padres esforzándose por darnos lo mejor. A mis maestros y mis compañeros de clase. Mis excursiones. Veo mis fines de semana en la Antigua Guatemala.

¿Qué momento triste y alegre recuerda?

El triste fue una vez que regresamos de la Antigua y unos ladrones habían entrado a la casa. Eso fue terrible, porque sentimos que habían violado nuestra privacidad.
El alegre fue cuando nació mi hermanita, aunque hubo un momento triste porque casi muere. Ella volvió a restablecerse y otra vez hubo felicidad.

Su peor travesura.

Mi peor travesura (toma un tiempo para pensar). Creo que fue una vez que nos fuimos a la finca de café en San Marcos. Ahí había una presa con un funcionamiento específico. Vimos una llave y por traviesos abrimos la presa. Le hicimos daño al beneficio de café.

¿Hubo consecuencias?

Sí. Yo tenía un tío que manejaba esa finca y creo que nunca me perdonó. Cada vez que podía me decía traviesa. No lo hice con mala intención, pero me marcó.

¿Se consideraba usted traviesa?

Inquieta. Pero siempre fui muy respetuosa, obediente y cumplo las reglas.

Si pudiera elegir, ¿cómo le gustaría morir?

Por un accidente, mopeteando, que ni me dé cuenta.

 
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