No sabía lo que hacía
Con su motorón V8 pasó encima
de la fresca
y humilde alfombra de pino...
Por Gustavo Adolfo Montenegro
Llueven almas de cucuruchos de otros tiempos y las piedras de La Antigua se amontonan a recogerlas. Bajan flotando de un lado para otro, así como flotan las escenas de la agonía del huerto, la captura y los azotes a la columna, que preceden el paso del mártir moreno y sereno de Santa Ana, en La Antigua Guatemala.
Es la cuarta semana de cuaresma y sigue la cuarentena de las almas, aunque hay que decir que todo este cortejo (como todos los otros) tan solemne, tan envuelto en esmog sagrado, tan rodeado de misterio, es una feria de tentaciones para las almas inocentes: globos, burbujas de jabón, algodones dulces colgados de numerosas cruces llevadas y traídas por muchachos sudorosos. Pero por lo menos, los niños son niños y saben admirarse todavía...
De repente, un piloto enloquecido por el calor, por el embotellamiento o por los demonios que andan en fuga intenta pasar su Dodge Ram doble cabina por encima de la humilde alfombra de pino que una familia recién había regado frente a su casa en la Calle de los Pasos.
La señora le reclama al conductor: No pase sobre la alfombra, respete por favor… Y el señorón, que por cierto iba acompañado por su esposa e hijos, para dar buen ejemplo le respondió: A mí no me va a hablar así vieja...,
Sólo le estoy diciendo que respete, le volvió a decir la señora y algunos testigos en la acera fueron eco del reclamo, mientras el viento empezaba a dejarse ver, jugando a los remolinos de incienso, anunciando que el dueño de la alfombra ya estaba cerca.
Con su motorón V8 se pasó en la alfombra. Hasta patinaron de bravas las ruedas y se fue.
La fanfarria de romanos acalorados llegó a la esquina. Algo de circo hay en todo esto si no va acompañado de una fe permanente y demostrada con acciones. Mucho de realidad hay en el drama del reo en camino a ser ajusticiado, justo en el instante en que sus ojos se detienen sobre los nuestros.
Las piedras lo vieron todo, pero también nosotros, que debimos haber hecho una valla, de resistencia pacífica. ¿Y si hubiera traído pistola?, conversaban entre sí los miembros de la familia, mientras le echaban más pino a los vacíos que dejaron los poderosos neumáticos de aquella alma que ya seguro iba lejos, muy lejos... |