Con la música al hombro
No ensayan. Se reúnen al comenzar la procesión y lo demás es profesionalismo, experiencia y devoción.
Por Ingrid Roldán Martínez
Foto: Edwin Castro
Desde las aceras, los espectadores ven con atención el rostro doliente del Nazareno y es posible que alguna lágrima les brote al escuchar las marchas fúnebres. Es éste un género en que los compositores guatemaltecos han encontrado una fuente de inspiración, una manera de expresar por medio de la música el dolor, la tristeza, la desolación.

Las marchas de procesión son un tipo de música que en Guatemala ha alcanzado características muy particulares. |
El sonido de los instrumentos de viento y las percusiones son propios de las bandas que acompañan los cortejos procesionales y que junto a ellos recorren cuadras y cuadras. Es difícil imaginar una procesión de Semana Santa que no vaya acompañada de música de banda. Aún en pueblos y aldeas se ven pequeñas procesiones con modestos decorados que acompañan el cortejo con marchas, sólo que reproducidas en una grabadora.
En ciudades como la capital, Antigua Guatemala y Quetzaltenango, las representaciones de la Pasión y Muerte de Jesús alcanzan otros niveles. Las hermandades destinan buena parte de su presupuesto a la música, con cantidades que van entre Q100 mil y Q150 mil. Los grupos más cotizados son los que acompañan las procesiones de La Merced, Santo Domingo, Recolección, San José, El Calvario y Candelaria.
Directores y músicos
Willver Hernández es uno de los directores más jóvenes, tiene 27 años de edad. Hace 13 que participa en estas actividades y desde hace 5 dirige su propia banda formada por 40 músicos, para el templo de La Recolección. El mayor número que ha dirigido son 80 en una procesión de la Virgen del Carmen del templo de Santa Teresa.
“En la banda que dirijo, un 40 por ciento son jóvenes estudiantes. Los colegios que aportan músicos para la Semana Santa son los que tienen bandas marciales formales. Colegios como Infantes, San Sebastián, San Pablo tienen una formación más concreta dentro de la música”, afirma. Se da el caso de quienes participan en las bandas por tradición o porque vienen de familias que también se han dedicado a esto. Además hay profesionales como odontólogos, médicos e ingenieros que participan. Otros han sido integrantes de la Sinfónica Nacional o han estudiado en el Conservatorio Nacional. “Ellos van, trabajan y devengan un sueldo igual que todos los demás músicos”, agrega Hernández.
El salario que reciben depende del tiempo que dure cada procesión. Ganan entre Q50 a Q65 por hora. Normalmente es un solo grupo el que hace todo el recorrido.
“En el caso del cortejo de la parroquia de San José, el Domingo de Ramos, pasa algo muy peculiar, pues llegan personas a obsequiar su trabajo. Se han dado ocasiones en que la banda de Jesús ha llegado a 120 músicos. De ellos, 90 son pagados por la asociación o los devotos cargadores y los otros 30 son personas que llegan dos o tres horas o sólo la mitad del recorrido”, afirma Jorge Luis Azurdia, presidente de la hermandad de Jesús Nazareno de los Milagros.
Liras y tubas
Estos grupos no ensayan, se reúnen en el momento de iniciar la procesión. “Es parte de su profesionalismo”, afirma el compositor y director de orquesta Enrique Anleu Díaz quien opina que las marchas de procesión son un tipo de música que en Guatemala ha alcanzado características muy particulares.
Hernández coincide en esto porque al preguntarle si tienen ensayos, responde: “esa es la pregunta del millón, se cree que las bandas que acompañan a las procesiones de Semana Santa y Cuaresma ensayan, pero no. Hay bandas que logran aglutinar a los mejores músicos y de ello depende la ejecución de las marchas. Se da el caso de que hay estrenos y tanto el director como el músicos ven por primera vez la marcha; el devoto lo menos que espera es que la ejecución sea buena”.
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Discos y libros
Se han hecho importantes recopilaciones de las más conocidas marchas fúnebres.
° Uno de éstos es el Concierto extraordinario de música sacra en honor a la imagen del Cristo Crucificado del templo de la Recolección, con obras como Tú eres Pedro, de Basilio Chapas España; la Marcha fúnebre No. 3, de Marcial Prem; Amarga Dulzura, de Mario de Jesús Silva; y Tinieblas, de José Arce.
° También se han publicado libros como el editado en el año 2003 por el Centro de Estudios Folclóricos de la USAC, titulado Nuevas notas para el estudio de las marchas fúnebres en Guatemala, por Fernando Urquizú, que contiene información histórica acerca de las marchas, las dedicadas a las principales imágenes de veneración, autores y los músicos entre otros datos. |
Básicamente las bandas se componen de instrumentos como el clarinete, la flauta, la trompeta, para las melodías; la tuba provee el bajo; los instrumentos de armonía son el trombón, tenor, barítono (que también pueden hacer melodía). La lira, bombo, redoblante y címbalo o platos son los de percusión.
Las partituras son indispensables. Integrantes de distintas hermandades coinciden en afirmar que si una banda llega a cotizarse como una de calidad es indispensable que todos sus integrantes sepan leer solfa.
Los archivos de marchas son propiedad de la hermandad o en otros casos del director. El repertorio que se toca durante una procesión puede ser de 120 ó 125 obras distintas seleccionadas por la hermandad. Sus archivos pueden tener más de 400.
“Se va programando según el tiempo que va a tardar el turno. Casi todas las marchas las tenemos cronometradas precisamente para que no quede muy pequeña en la cuadra o muy grande, hay veces que mira usted en algunos cortejos que llegan las andas al cambio de turno y la banda sigue. Nosotros lo que intentamos es hacer el cambio de turno, se levantan las andas, camina unos pocos metros, empieza la banda y puede llegar al final de la cuadra con la marcha”, agrega Azurdia.
La música forma parte de todo ese engranaje que constituye la conmemoración de la pasión de Cristo y es uno de los elementos a los que se les da mucha importancia. Miles de personas se movilizan atraídos por toda la parafernalia que envuelve a la Semana Santa. Tal como lo dice Azurdia: “Los cargadores, además de la devoción, pagan por un buen adorno, por que la imagen vaya bien arreglada y el oído, son los tres géneros que atraen de una procesión”.
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