La deuda de EE.UU., una pesada carga
Estados Unidos le debe actualmente a sus acrededores US$43 mil millones, algo para asustar no sólo a las actuales generaciones.
Por John Aloysius Farrell
The New York Times
Los temblores ocurrieron la semana pasada. Los hombres y mujeres que saben de ésto se vieron los unos a los otros, con las cejas levantadas, los corazones acelerados, y se preguntaron silenciosamente, como lo hacen los californianos: “¿Es éste el Grande?”.
No lo era. No en esta ocasión. Todavía no.
Los informes que registraron los sismógrafos económicos y políticos de la capital —que el Banco Central de Corea del Sur estaba desplazando sus reservas de dólares estadounidenses a otras divisas más solidas— fueron desmentidos.
El dólar se desplomó. El mercado de valores se tambaleó. Pero, al final del día, los acreedores asiáticos de Estados Unidos mostraron paciencia. La casa de naipes tembló, pero no se desplomó. La fiesta siguió.
La economía de Estados Unidos es algo curioso, dice David M. Walker, el contador que está encargado de llevar los libros del gobierno federal. Puede estar avanzado serenamente, con un desempleo bajo y un mercado de viviendas en auge, reduciendo impuestos y gastando como loco, sintiéndose muy satisfecho de sí mismo, como rey del mundo.
Y luego, un día, un gnomo en Hong Kong llega a su trabajo, ve los números en su pantalla de computadora, se muerde ansiosamente las uñas y llega a la conclusión de que la economía de Estados Unidos ya ha dejado de ser una apuesta segura. Está cargada con demasiada deuda, importando demasiado petróleo, haciéndose vieja sin tener recursos en el banco.
“Son las consecuencias en la vida real de un déficit sin control, y son verdaderamente aterradoras”, dice Walker. “Si seguimos como estamos, las tasas altas de interés son inevitables”.
Y entonces, “a medida que el gobierno pida prestado más y más para financiar su deuda, habrá menos dinero disponible para que las compañías se mantengan competitivas en la economía global de hoy en día”, dice Walker. “El crecimiento económico a largo plazo se verá afectado, y junto con él los empleos y el poder adquisitivo de los estadounidenses”.
El ciudadano estadounidense volverá la mirada hacia Washington, en busca de seguridad, sólo para descubrir una triste verdad: el presidente y el Congreso no pueden ayudarlo. Ya han hecho que él y sus compatriotas estén endeudados con US$43 billones.
“Incluso con el aumento reciente en los precios de la vivienda, el capital neto total estimado de cada estadounidense, incluyendo a Bill Gates y otros multimillonarios, es de sólo US$47 billones (millones de millones)”, dice Walker. “Eso significa que cada estadounidense tendría que aportar más de 90 por ciento de su capital total para cubrir las promesas netas de pago actuales”.
Y entonces, un día cualquiera, Estados Unidos se ve obligado a defender Taiwán o mostrar solidaridad con Japón, o bien presionar a Pakistán o a Corea del Norte para que no pongan armas nucleares en manos de terroristas, y sus amos chinos le enviarán un mensaje a Estados Unidos: Ni siquiera lo piense.
Walker es un profeta del desastre que no tiene apariencia de serlo. Es un terco contador con el poco atractivo título de contralor general. Es miembro del Establecimiento de Estados Unidos, y uno de sus antepasados combatió en la revolución con George Washington.
Quizá es por eso que, como contador del gobierno, Walker rehúsa firmar sus libros sin colocar un texto que lo absuelve de culpa. Y por qué, a últimas fechas, ha estado actuando como Paul Revere: diseminando la alarma para alertar al campo.
“El momento de la verdad se acerca”, dice a su público. “Estamos en riesgo. Corremos un grave riesgo”. Y sus informes están el sitio web del gobierno. Además de patriotismo, y de su sentido de deber profesional, hay otro factor que motiva al contralor general: Está avergonzado. “Tengo dos hijos y dos nietos ... Y los veo cada semana”, dice Walker. “Y en realidad me molesta”.
Tienen un presidente y un Congreso recientemente elegidos para que les pongan en una ruta mejor. Y si este grupo de gente actual no lo quiere hacer, tendrán que encontrar a quien lo haga. La próxima elección está a 20 meses de distancia. |