Semanario de Prensa Libre • No. 37 • 20 de Marzo de 2005    


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D cultura

Presto non troppo
Una nación insegura
Ninguno mostraba interés en platicar sobre conciertos

Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com

“En tanto los filósofos no sean gobernantes, ni los gobernantes sean filósofos, no cesarán los males de las naciones” - Platón (s. IV a.C.)

La conversación siempre regresaba sobre el mismo asunto y todos tenían alguna cosa qué comentar al respecto. Casi parecía que nadie quería quedar ante los demás como que no pudiera presumir de que a ella o a él no les hubiera sucedido algo semejante.

Que a una la habían asaltado tal día, que al otro le habían robado en tal sitio, que a tal hora ya no se puede transitar tranquilamente por tales sectores. Que los propios encargados de velar por el orden público son los primeros delincuentes. Que las pandillas de mareros han aumentado fuera de cualquier proporción. Eso sí, también se jactaba fulano de sus grandes negocios, o zutana del vehículo último modelo que acababa de comprarse. Otros, sin problema pasaban de despotricar contra la terrible criminalidad imperante, a disertar sobre cuánto habían gastado en su viaje más reciente o en remozar su chalet de fin de semana. Si alguien se animaba a cambiar de tema, al poco rato se volvía a hablar de lo mismo.

Lo que ninguno mostraba era interés en platicar sobre conciertos, ni funciones de danza, ni exposiciones de pintura, ni entregas de libros. Si acaso alguno mencionaba un disco o una película, la discusión rápidamente derivaba en comparar especificaciones técnicas del equipo de sonido o del “sistema de teatro en casa” que cada cual poseía, más que las virtudes de una obra musical o cinematográfica. E, inmediatamente, de vuelta a la cuestión de la inseguridad. Que había que desarticular a las maras, que había que aplicar la pena de muerte, que cuáles eran las mejores marcas de alarmas, y de armas...

La tímida sugerencia de que la educación, así como el cultivo de las artes y del intelecto, es la clave para transformar a una sociedad, apenas alcanzó a suscitar reacciones de espanto. ¿Quién iba a invertir en sus hijos sólo para que terminaran de músicos o artistas o escritores? Lejos de perder el tiempo en la filosofía, la enseñanza, la ciencia o el arte, éstos debían ocuparse de las cosas importantes: la finca, el almacén, las rentas, el bufete y, claro... en aprender a combatir contra tanta inseguridad. Tanta inseguridad, que los mismos que se quejan de ella son sus principales causantes.

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