Semanario de Prensa Libre • No. 37 • 20 de Marzo de 2005    


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Opinión

La teoría del dominó
¿Podrán los patriotas libaneses liberarse de Siria sin volver a caer en el caos político del que hoy apenas están saliendo?

Por: Sergio Muñoz Bata

La administración de George W. Bush está de pláceme porque cada día se convence más de que la democracia a balazos entra, y una a una van cayendo las piezas del dominó democrático en el Oriente Medio.

Según esta teoría, todo empezó el 30 de enero en Irak, cuando los iraquíes sembraron la semilla de la democracia en el desierto árabe saliendo a votar masivamente a pesar de las amenazas y de la violencia de los insurgentes.

Hoy que las armas de destrucción masiva escondidas por Saddam Hussein han quedado en el olvido, para los partidarios de Bush la historia moderna del Oriente Medio empieza con la formulación de la Doctrina Bush en la toma de posesión. Unos cuantos días después, en su informe a la nación del 2 de febrero, el presidente amplía los temas de la nueva visión y menciona a Arabia Saudita y Egipto, como ejemplos de países donde la liberalización democrática debe darse. En su discurso el presidente también alude al apoyo de Siria a organizaciones terroristas.

A partir de ese día, dicen los propagandistas del presidente, surgen las reacciones positivas. En El Cairo, a finales de febrero, Hosni Mubarak, quien lleva más de dos décadas gobernando a Egipto con mano dura, anuncia que este año permitirá la presencia de candidatos de oposición en la elección presidencial. Curiosamente, la súbita generosidad del egipcio despierta más entusiasmo en Washington que en El Cairo donde pocos confían en la autenticidad de la conversión democrática del viejo dictador.

El caso de Siria es mucho más complejo y contradictorio. Si bien es cierto que las autoridades sirias quedan bien con la administración de Bush al entregarle a un medio hermano de Saddam Hussein, esa misma semana a esas mismas autoridades se les acusa de estar implicadas en el caso del suicida palestino que se explota en Israel matando a cinco.

Respecto de Líbano, lo prudente sería pensar que el motor del cambio político: la dimisión del Gobierno libanés prosirio, y el anuncio de la retirada de la tropa siria, es el asesinato de su carismático líder y el hecho de que la gente lo atribuye a los sirios.

También los propagandistas de la administración han festinado los “avances democráticos” en las elecciones locales en Arabia Saudita. Poco dicen, sin embargo, del hecho de que las mujeres siguen sin poder participar en la vida política.

Negar que en la región se están gestando cambios importantes sería necio. Tanto como negar que las acciones del presidente Bush, voluntarias e involuntarias, justificadas o injustificadas han creado turbulencias. Nada, sin embargo, justifica el aire triunfalista de quienes ya dan como un hecho la reconversión democrática de los países árabes.

Todavía no sabemos cuál será el desenlace de la elección iraquí ni cuándo podrá reestablecerse la paz en ese atribulado país.

¿Podrán los patriotas libaneses liberarse de Siria sin volver a caer en el caos político del que hoy apenas están saliendo? La redención democrática de Egipto y Arabia Saudita la vemos dudosa y de sus posibles futuros creo que no habría que descartar uno verdaderamente infernal.

Mucho antes de que George W. Bush elaborara su doctrina, ya su Némesis, Osama Bin Laden, había iniciado la lucha por transformar a Arabia Saudita, no exactamente en una democracia, sino en una teocracia antioccidental que nos mantendrá en estado de guerra permanente.

 
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