Testamento Maya
Cuatro códices, repartidos por todo el mundo, son el único vestigio
de la antigua escritura mesoamericana
Por Liliana Pellicer
Cuando los conquistadores españoles llegaron a Mesoamérica encontraron una cultura próspera que, además de un sistema social, político y económico, también poseía escritura. Los sorprendidos invasores, movidos por la curiosidad, comenzaron a recopilar todos aquellos textos que pudieron y a descifrarlos. Sin embargo, por el miedo a lo desconocido, comenzaron a quemarlos sistemáticamente.

Códice Grolier
Fue descubierto en México en 1965, aunque la polémica sobre su autenticidad continúa hasta hoy. Por esta razón y por su pésimo estado de conservación no ha sido estudiado exhaustivamente. Sin embargo, se sabe que contiene un calendario completo. |
Para salvarlos de la hoguera, los mayas enterraron algunos y escondieron otros en cuevas. Con el tiempo fueron encontrados estos documentos, pero la humedad fue casi tan destructiva como las llamas: tan sólo tres códices (cuatro, según algunos expertos) sobrevivieron al fuego y al agua y, por vías aún desconocidas, llegaron a Europa. Luego de un olvido de 250 años, reaparecieron en las ciudades que hoy les dan nombre: Dresde (Alemania), París (Francia) y Madrid (España). En 1994 apareció el cuarto en el Club Grolier, en Estados Unidos, cuya autenticidad todavía es polémica. “Gracias a que salieron del continente pudieron conservarse, y hoy podemos saber algo más del pueblo maya”, comenta Oswaldo Chinchilla, director del Museo Popol Vuh. Su importancia es indiscutible, como asegura Marion Popenoe de Hatch, de la Facultad de Arqueología de la Universidad del Valle de Guatemala: “Los códices son importantes porque nos dan la oportunidad de meternos en la mentalidad maya, sin contaminación con pensamiento occidental. Nos indican qué les interesaba, de qué estaban preocupándose, algo de sus costumbres y la cosmovisión que tenían”.
Es probable que se escribieran infinidad de códices en toda la zona. En concreto, en Guatemala, durante el Preclásico, se desarrollaron en lugares como Tak’alik Ab’aj, Cotzumalguapa y Kaminaljuyú. “Utilizaban un sistema de escritura jeroglífica que combina símbolos silábicos con ideogramas (representan palabras completas)”, explica Chinchilla. “Sin embargo, es probable que tuvieran varios tipos de escritura”. A través de estos símbolos, los mayas trataban de comunicar normalmente temas relacionados con la religión, la astronomía, los ciclos agrícolas, la historia, las profecías y los astros. “Grandes partes de los códices todavía no se han podido descifrar, pero es claro que existe en ellos mucha preocupación con asuntos calendáricos”, analiza Marion Popenoe. “Los que tenemos hablan de movimientos de los astros como la Luna, Venus, el Sol y algunas estrellas. Hay tablas de multiplicación y de eclipses lunares. También hablan de augurios, pronosticando buenos y malos tiempos”, añade. Para la elaboración de éstos textos utilizaban un papel conocido por los mayas como kopó. Sobre las páginas, blanqueadas con carbonato de calcio, se pintaba un grueso marco de color rojo y algunas líneas horizontales y verticales que dividían el espacio en varios cuadros, dentro de los cuales se dibujaba en color un ideograma. La unión de todos estos símbolos formaban un hermoso códice que entonces tenía connotaciones sagradas y que hoy forma un vínculo entre la desaparecida cultura maya y la actualidad.
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