Semanario de Prensa Libre • No. 38 • 27 de Marzo de 2005    


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D frente

Celso Lara:
El patrón de los espantos

He recorrido aldeas... calles de la ciudad en la noche, pero jamás he tenido la dicha de ver un personaje de esta naturaleza.

Por: Francisco Mauricio Martínez
Foto: Carlos Sebastián

La Llorona, El Cadejo, La Siguanaba y el Sombrerón forman parte del mundo del antropólogo e historiador Celso Lara. “Mi vida está rodeada de este tipo de personajes. Yo nací con ellos y creo que voy a morir con ellos”, indica.

Lara se define como un hombre polifacético, ya que es especialista en varias ciencias. Hasta cree que por eso este mundo ya no es para él. “Soy de los hombres que ya no deberían vivir en este mundo, porque es un mundo muy especializado. En cambio, yo soy músico, organista, sicólogo, coleccionista, tradicionalista, antropólogo, historiador, escritor, poeta...”, enfatiza.

Celso Lara

¿Cómo se inicia su interés por las historias del país?

Yo nací y crecí en el callejón de La Cruz, en la 3a. avenida A 1-23, zona 1, y en esa casa mi abuela, Rosario, que era analfabeta, se encargaba de cuidarnos, y todas las tardes se sentaba a contarnos las viejas historias de la tradición oral que ella sabía. Con esto nos mantenía entretenidos.

También entraba con mi padre, Celso Lara, que era músico de la Catedral, a este templo, y como era niño me aburría, y entonces empecé a oír las historias de los sacristanes y las señoras que vendían comida para palomas o de las que limpiaban y recogían cera. Desde entonces me empezaron a interesar las historias de tradición oral.

¿Y cómo empezó a escribirlas?

Yo provengo de la clase media, y cuando estudiaba en el colegio San Sebastián, mi padre, con mucho esfuerzo, me compró una grabadora de carrete, y lo que hice fue guardar las historias de El Sombrerón, El Cadejo, La Llorona, los callejones y otras.

Después oía las grabaciones y las escribía en cuadernos especiales que todavía tengo guardados. Esto fue cuando estudiaba primero o segundo prevocacional, de manera que cuando me gradué de maestro en ese colegio ya sabía perfectamente qué quería ser.

¿Quiénes influyeron en su formación académica?

Cuando entré a la universidad ya sabía qué quería ser, ambicionaba ser escritor y músico, y en ese entonces la Universidad de San Carlos tenía la Escuela de Estudios Generales, que no era una facultad, sino que se dedicaba a ver todas las ciencias como matemática, biología, química, física e historia.

Ahí tuve la suerte de tener los mejores maestros como Carlos Guzmán Bockler, en Sociología; Roberto Díaz Castillo, en Historia; Jorge Mario García Laguardia, en Política, y Mario Dary, en Química.

En fin, los más grandes maestros de Guatemala. Estoy hablando de los años de 1969 y 70. Después cerraron esa escuela, por cuestiones políticas.

Sus personajes

¿Realmente existen los personajes de los que usted habla siempre?

Estos personajes no se sabe si existen, pero de que existen, existen, como dicen las viejitas. Ningún antropólogo ha dado una mejor definición que esta. Hay de varios tipos, pero de los que más se habla es de ánimas en pena y de aparecidos.

¿Qué personajes forman su bestiario?

Uno de estos es El Sombrerón, que es mi nahual. En mis tarjetas de presentacion siempre está este personaje. Es un hombre pequeño que representa el amor ideal y siempre anda con un patacho de mulas. Las mujeres nunca le hacen caso, siempre lo mandan a la droga, pero él siempre está enamorando. Anda buscando un amor eterno. Nunca le falta su guitarra. A veces llora mucho, y a mí también me ha tocado llorar mucho en el transcurso de la vida.

Me llama la atención que se le haya aparecido a todas las viejitas de este país cuando eran jóvenes. Yo no he encontrado entre las miles de leyendas de El Sombrerón que he recogido una en la cual no se le haya aparecido a una de ellas. Este personaje busca el amor de las mujeres morenas, lindas, de pelo largo y ojos zarcos.

¿Y La Llorona?

Yo fui de los niños que aún pudo disfrutar de las barranqueadas. Cuando salíamos del colegio nos íbamos a los barrancos de El Zapote y salíamos por la colonia Bethania. Entonces, nuestros padres nos decían: si escuchan un grito, y está lejos, es que La Llorona está cerca, y si lo escuchan cerca, es que está lejos. Así que siempre tengan cuidado. Esta es una mujer vestida de negro que grita de día y de noche, aunque más lo hace en la tarde.

La Llorona es una mujer que resultó embarazada de un hombre que no era su esposo, y cuando su hijo nació lo ahogó en un un río o en una fuente, y en ese momento Dios la convirtió en ese personaje, y lo que va gritando realmente es la búsqueda de su tumba, y dice: Juan de la Cruz... Juan de la Cruz... Dios no la va a volver mujer hasta que no encuentre al hijo que ahogó. Por eso, en todas las partes del país, La Llorona se encuentra cerca de fuentes, como los tanques públicos.

Pero hay otros personajes...

Sí, claro. La Siguanaba es una mujer de cuerpo muy hermoso, a quien no se le ve la cara. Generalmente se aparece de noche, ya sea en el campo o en la ciudad. Tiene un guacal y un peine de oro. Siempre lo atrae a uno, aunque nunca le muestra la cara, solamente el pelo.

Cuando uno caminaba, ella lo seguía, y lo seguía. Y como la ciudad está rodeada de barrancos, al llegar al de la 6a. calle de la zona 1, en el Anillo Periférico, ahí lo abrazaba a uno y lo que aparecía era una calavera, a veces de caballo, y lo lanzaba al barranco.

Entonces, según las viejitas, lo que uno tenía que hacer era agarrarse del pajón, porque como La Siguanaba estaba hecha de eso, lo soltaba y lo aruñaba a uno.

¿Y de El Cadejo, qué sabe?

Es un personaje maravilloso, muy guatemalteco. Hay tres tipos de Cadejos. El negro, que es un perro lanudo, con ojos de fuego, casquitos de cabra, con aliento a azufre. Este es un espíritu que cuida a los bolos cuando se quedan tirados, se acuesta al lado de ellos. Cuando va a la cantina los ayuda a obtener buen trago, y dicen las viejitas que cuando les lame la boca se mueren de bolos.

El blanco es el que cuida a las niñas que trabajan de noche. Las que pululan por la 3a. y 5a. avenida. Ellas tienen dos protectores, El Cadejo blanco, que es un perrito blanco, y el Ánima Sola.

A los niños que se quedan solos en sus casas, porque los papás se van a trabajar, los cuida el Cadejo gris.

¿Y La Tatuana?

También tenemos a La Tatuana, que es una mujer joven, mestiza, que pone una trampita de males de amor. Vende filtros de amor para hombres y mujeres, y la mandan a capturar porque los hombres encuentran a otras personas y se van.

Entonces las mujeres piden que los capture y la meten en una bartolina, donde ella pide un pedazo de carbón y dibuja un barquito en la pared, se sube y sale volando por entre los barrotes y a aparece en otro barrio, con sus mismos encantos.

¿Otros personajes menos conocidos por los guatemaltecos?

Entre estos personajes también están Los Rezadores de la Noche, que son monjes que van caminando por la noche y uno los siente. Van vestidos de negro y rezan en latín. Una gente sale a ver qué está pasando y entonces el monje le da una candela y dice que al otro día va a pasar por ella. Cuando la persona se da cuenta no es una candela, sino un hueso de muerto, y para devolverlo hay que tener un niño recién bautizado o un angelito. Así se quita el embrujo.

Vida
Nació en la ciudad de Guatemala en 1948.

- Obtuvo títulos de pregrado y grado de Historia en la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

- Cursos de especialización y posgrado en Historia, Folclor y Antropología, en la Universidad de Central de Venezuela.

- Actualmente es director del Centro de Estudios Folklóricos de la Universidad de San Carlos.

- Contribución del folclor al estudio de la Historia, Leyendas y Casos de la Tradición Oral de la Ciudad de Guatemala y Por los viejos Barrios de la ciudad de Guatemala, son algunos de los libros que ha escrito.

Las Ánimas Benditas, que se encuentran el 1 y el 2 de noviembre por todo el país, son espantos vestidos de blanco que llevan candelas en las manos y atraviesan las paredes. Éstas, en determinado momento, dan trabajo y una gracia. Las más milagrosas en la capital son las de La Recolección y las de Jesús de las Misericordias.

También ayudan a los estudiantes, y por eso los muchachos les van a encender veladoras.

Al final, ¿qué enseñanaza dejan estos personajes?

Estos personajes vienen de la época prehispánica, junto con la colonial, y son elementos que siempre tratan de enseñar algo. El Sombrerón es para que las niñas no sean cuscas, como las patojas de hoy, sino sean mujeres de su casa. La Llorona, para que no salgan de noche. La Siguanaba, para que los hombres tengan la fidelidad como punto de partida. El Cadejo es para que no abusen del licor y que las mujeres no se dediquen al oficio más antiguo.

¿Ha tenido usted alguna experiencia personal con aparecidos?

Esta es una de las preguntas más lindas que siempre me hacen, y siempre tengo que decir la verdad: Jamás. He recorrido aldeas, caminos, las calles de la ciudad en la noche, pero jamás he tenido la oportunidad ni la dicha de ver un personaje de esta naturaleza.

¿Por qué el hombre cree en estos seres?

Porque representan el misterio que toda la gente requiere, saber que siempre hay algo más allá que la materia misma, y ese misterio es lo que mueve estos personajes. Ahora, en el 2005, estos personajes están vivos, como lo estuvieron en la época colonial. Son leyendas mestizas que nacieron acá en Guatemala.

¿Cuál es su mundo?

Mi vida está rodeada de este tipo de personajes. Yo nací con ellos y creo que voy a morir con ellos. Cuando trabajé con el maestro Marco Augusto Quiroa me dijo que yo era el patrón de los espantos porque siempre estoy rodeado de El Sombrerón, La Siguanaba, la Llorona...

Otro entorno de mi mundo son los espantos, las tradiciones orales, la historia de Guatemala y mi música... el arte.

Cuando usted muera, ¿va a espantar?

Yo diría que sí. Quiero pedirle a Dios que me permita venir a seguir enseñando como espanto. A mí no me gusta estar en la boca de los académicos, sino de los lustradores, de las vendedoras del mercado, de los choferes de camioneta, de la gente anónima. Quisiera venir a espantar en forma de luciérnaga o de mariposa, para poder decir que este es un país mágico.

 
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