Garganta de piedra
Por Gustavo Adolfo Montenegro
Foto Horacio Martínez
Ánimas de antiguos guerreros nos miran desde arriba a quienes vamos bajando por la estrecha garganta de piedra de hasta 70 metros de alto, foso que servía como principal barrera defensiva de la ciudad de Aguateca, contra los ataques de su rival, Dos Pilas.
Bajamos con un resbalón en la mente, porque los troncos están húmedos, quebradizos y duermen sobre el limo de sus antepasados ya disueltos por el tiempo.
Cuando subíamos por el acceso de gradas ecológicas, perdí la cuenta en el número trescientos y algo. Dicen que son 450 desde el desembarcadero hasta el puente de entrada a la ciudad. Chasquido de rama que se quiebra. ¡Camine sólo en el sendero!, advierte el guía a quienes por curiosidad se acercaron a una estela casi sumergida entre las hojas. ¡Hay mucha barba amarilla por aquí!, aclara.
Demolidas o abrazadas por las raíces, las estructuras despiertan para susurrar, a quien pueda oírlo, el relato de la vida en otro tiempo, otra cosmovisión.
Este es el lugar desde donde divisaban un probable ataque, imagina uno desde uno de los templos construidos en la cima. Se ve a lo lejos el lago Petexbatún, que en verano disminuye su tamaño y nos obliga a navegar por el sinuoso, misterioso, silencioso río. Durante la época de lluvias crece y la orilla llega al pie de las gradas.
Fácil no ha sido el trabajo de quienes han restaurado este sitio arqueológico, pues con una argamasa similar a la usada hace mil años devuelven a su lugar las piedras. Si no las encuentran, tallan una de repuesto. Gargantilla y penacho tiene el gran señor de una de las estelas, reproducción de la original. Ha sido una de las que se han salvado del pillaje, que fue tan común cuando este sitio no tenía vigilancia permanente. Increíble es la sensación de poder tocar una piedra caliza de mil años, con todo y su verde vestimenta de leyenda.
Juegan unas aves en las ramas de estos enormes guardianes. Katunes y tunes son la medida de su tiempo, muy distinto del nuestro, urbano y contaminado.
La hora de marcharse llega y empezamos el descenso. Muy pronto llegaremos a la fosa, nos dice el guía. Ni bien hemos terminado de imaginarla y está allí, preguntándonos si nos atrevemos a descender por ella.
Quien pasa por estas paredes verdes y llorosas, frías y amenazadoras, se enamora más de este país.
Para llegar...
- En dos horas se llega, desde Ciudad Flores, al municipio de Sayaxché Petén. Allí es posible contratar una lancha hacia el lago Petexbatún: el recorrido es de otras 2 horas.
- En Petexbatún existe el hostal Punta de Chimino, ubicado en una saliente de tierra que también alberga un sitio arqueológico. Hay alojamiento y servicio de restaurante.
- Del lago hasta la entrada de Aguateca, el recorrido en lancha toma una hora aproximadamente. Hay que tomar en cuenta que el ascenso de 400 gradas resulta agotador: llevar botas, suficiente agua o líquido hidratante. Puede solicitar información a cualquier agente de viajes o a info@chiminosisland.com
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