Semanario de Prensa Libre • No. 46 • 22 de Mayo de 2005    


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D cultura

Entre paciente y paciente
Así escribió el médico Juan José Guerrero el ensayo con el cual ganó en Venezuela el concurso de ensayo Mariano Picón Salas.

Por: Mario Rivero Nájera
Foto: Eduardo Sam Chun

El año 2005 marca dos fechas especiales para recordar al filósofo francés Jean Paul Sartre: el centenario de su nacimiento y los 25 años de su muerte. Ocasiones propicias para reflexionar, aunque en forma breve, sobre el legado intelectual de uno de los pensadores cuya lucidez refleja los conflictos del siglo XX.

“El escritor allá (Venezuela) tiene el reconocimiento de ser un intelectual, una personalidad con un lugar especial en la sociedad y que merece respeto”

Juan José Guerrero,
médico y escritor cobanero

De niño nunca miraba televisión, porque en su casa no había. Ello le permitió dedicarse a leer cuanto libro se le ponía enfrente: desde “La Odisea” hasta Rómulo Gallegos. Tal aplicación es la que permitió a Juan José Guerrero ganar en Venezuela el II Concurso de Ensayo dedicado al escritor Mariano Picón Salas, con el trabajo “La canción protesta latinoamericana y la teología de la liberación. Estudio de género y análisis del vínculo sociopolítico y religioso de los años 1968-2000”, firmado con el seudónimo Martín Garatuza. El acto de premiación se realizó en la Casa Rómulo Gallegos, de Caracas, Venezuela.

Nacido en Alta Verapaz hace 50 años, Juan José Guerrero es médico y cirujano, graduado Magna Cum Laude de la Universidad de San Carlos. En su clínica, entre paciente y paciente, hace anotaciones que se convertirán en relatos o ensayos.

Sin falsas pretensiones

En total 57 trabajos fueron presentados al concurso venezolano, cuyo premio ascendía a 20 mil dólares.

“Nunca pensé enviarlo a concursar, pero unos amigos españoles de Andalucía me informaron del certamen y me motivaron a enviar el trabajo. Gané y me siento doblemente satisfecho, porque para mí Venezuela es la cuna del ensayo literario en América Latina”, dice Guerrero, quien destaca a Simón Rodríguez, Andrés Bello, Simón Bolívar y Mariano Picón Salas como grandes ensayistas de aquel país. De hecho se confiesa admirador de Picón, por considerar que “propugnaba por modelos educativos propios, no foráneos”, razón por la cual estima: “Su ideario pedagógico debería estudiarse en toda Latinoamérica”.

Su ensayo aborda la relación simbiótica que se generó entre el canto y la nueva teología entre los años 1968-2000, haciendo énfasis en las causas y consecuencias de tal vinculación.

“Al tomar en cuenta esa influencia mutua entre canción protesta y teología de la liberación, esta indagación apuesta a favor del escenario que se distancia de la cultura letrada para conceder protagonismo a amplios sectores latinoamericanos que son, al final de cuentas, la justificación última, tanto de estos cantos populares como de la liturgia cristiana de acuñación latinoamericana”, explica Guerrero, quien afirma que una de las motivaciones que tuvo para escribir este ensayo radica en haber sido testigo consciente de los cambios que la Iglesia católica sufrió, desde que las misas pasaron del latín al castellano y luego a las lenguas vernáculas, que representó un cambio dramático en la concepción de la fe.

En la tierra de Bolívar

Durante los días que estuvo en Venezuela, Guerrero se sintió impresionado por la importancia que en Venezuela tiene el trabajo del escritor, el intelectual y en general los artistas.

“El Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos opera en una casa que fue propiedad de ese escritor y tiene diez mil metros cuadros de construcción. Allí están instalados tres teatros y tres salas de cine educativo que funcionan diariamente, sin interrupción, los 365 días del año”, cuenta.

A través de ese centro, los ministerios de Educación y Cultura canalizan sus aportes destinados al arte y la literatura. Es tal la importancia que tiene el quehacer literario, que cada dos años organizan y convocan a tres certámenes literarios. Uno de novela que lleva el nombre de Rómulo Gallegos y tiene un premio en efectivo de 100 mil dólares; otro de poesía de 50 mil dólares, y el tercero, de ensayo de 20 mil dólares.

“El escritor allá tiene el reconocimiento de ser un intelectual, una personalidad con un lugar especial en la sociedad y que merece respeto. Todo lo contrario a países como el nuestro, donde lo menos que puede recibir un escritor es la agresión de un chiste chusco o una burla”, comenta Guerrero.

Dos vocaciones integradas

Además de médico, Guerrero cuenta con un diplomado en Educación pues asegura que la docencia ha sido siempre su gran pasión. En el plano de la Literatura, ha incursionado en los géneros de ensayo, narrativa y poesía que lo han llevado a obtener varios reconocimientos en certámenes literarios nacionales.

Su método se basa en constancia y disciplina: entre paciente y paciente, Juan José Guerrero hace apuntes que revisará y editará entre las cinco y las siete de la mañana, entre semana o bien durante las tardes de domingo.

Este año planea publicar “Pócimas y Sacramentos, Historias de Curas, Médicos y otros cuentos”, relatos en los que critica los convencionalismos sociales y los tabúes religiosos. “Hay muchos temas que explorar en los hospitales y las sacristías”, expresa.

“A veces uno entra a una sacristía y encuentra desde santos viejos hasta mitras de obispos de hace 300 años, y traducir eso a la literatura es algo maravilloso. Igualmente cuando uno ingresa a una bodega de hospital encuentra aparatos que se usaban hace 300 años para hacer sangrías. En lo personal me gusta porque es un tema que la mayoría de escritores trabaja y conoce muy poco”, agrega.

Guerrero considera que se hizo médico “más por humanismo que por un impulso científico positivista”. Seguramente a ello se debe que al preguntarle la relación entre la medicina y la literatura, Guerrero haya respondido: “Los médicos somos gente que todos los días llega al hospital sin saber si vamos a salir como héroes o como criminales de guerra, entonces pienso que los médicos escribimos por una especie de catarsis”.

Acostumbrado a pensar

El premio Picón Salas no es el primero de alcance internacional que obtiene el doctor Guerrero. En 1998 ganó el premio de ensayo convocado a nivel internacional por la Academia Guatemalteca de Lengua con el trabajo: “La fenomenología religiosa en la obra, el Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias”, donde hace una exploración de los fenómenos religiosos que ocurren en la célebre novela del Premio Nobel de Literatura 1967. Los premios, sin embargo, no significan descanso para Guerrero. Por el contrario, son un estímulo para seguir reflexionando, escribiendo y puliendo. Por estos días trabaja en una novela que probablemente titulará “Los tentáculos de Santa Gertrudis”.

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