Presto non troppo
Para "hacer sonido"
Es hora de tomar en serio la amplificación en eventos
Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com
Si en Guatemala los empresarios culturales quieren que a escena suban espectáculos nacionales de primer nivel, ya no pueden seguir tolerando que la amplificación de sonido eche a perder el trabajo de los demás involucrados en el montaje escénico.
En una obra de teatro, en una función de danza, en un concierto (no digamos en una ópera o un show multi-medial con semanas o hasta meses de ensayo por parte de los artistas) todo mundo da por descontado que el elenco técnico y de apoyo lo tendrá todo preparado con suficiente antelación: local adecuado, diseño de luces, coreografía, escenografía, vestuario, utilería, video, publicidad, programas de mano, logística, administración, seguridad... Todo, menos el "sonido".
Éste siempre se entrevé que llegue a última hora, apenas con el tiempo mínimo para descargar equipo y armarlo justo antes de que comience el evento. Como remate, se espera que el "ingeniero de sonido" adivine ipso facto cómo se desarrolla un drama o una coreografía que nunca ha visto, un recital que nunca ha oído, una presentación que nunca ha presenciado...
Señoras y señores: bienvenidos a la realidad. No hay nadie que pueda efectuar una amplificación de sonido con la máxima calidad necesaria para una pieza de arte escénico, si no la conoce en detalle ni ha participado regularmente en los ensayos previos (y no porque no existan sonidistas bien entendidos en nuestro medio).
Por el contrario, de la habilidad y la gran experiencia de algunos podemos dar fe muchos de quienes nos subimos continuamente a las tablas. Pero, siempre los terminamos calificando como "capaces" y "expertos" porque llegan a salvar situaciones improvisadas de último minuto... La explicación, entonces, es que el encargado de la amplificación tiene que ser integrante fijo del elenco. No es cosa de asalariar a alguien para que el día del estreno haga milagros con supuesta tecnología de punta. Es cuestión de pensar el espectáculo como una obra de arte integral, en la que cada cual se mete de cabeza en la producción y va más allá de estrictos requerimientos técnicos o contratos legales, y verdaderamente aporta a la creación estética.
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