Semanario de Prensa Libre • No. 70 • 06 de Noviembre de 2005    


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El drama de la carcajada
Políticos, policías y huitecos (entre otros personajes) libran una batalla cada fin de semana: armados con chistes, equívocos y bromas de doble sentido, se disputan al público que quiere pagar para escapar un rato de la realidad.

Texto Gustavo Adolfo Montenegro
Foto: Carlos Sebastián

Unas 70 mil entradas ha vendido, en año y medio, la comedia El día que Teco temió, según cálculos de Hugo Aldana, protagonista y director: “Llevamos 210 funciones, con muchos llenos completos y seguiremos hasta que el público lo mande”, afirma. Considera que su éxito ha radicado en contar con un plan de mercadeo, publicidad en gigantografías pero sobre todo un producto que considera “original”.

Sin embargo, esa misma característica es reclamada por otros directores de comedia, quienes también pelean arrancar las risas del público para que éste los recomiende y atraiga a más gente a los escenarios. Evidencia de ello es la proliferación de obras satíricas en auditorios convencionales, cafés y restaurantes.

Hasta la última semana de octubre había 11 comedias en cartelera, de las cuales sólo una era de un autor “clásico”: Alejandro Casona, en el teatro de la UP.

El resto, opta por un teatro más liviano y comercial: “La gente quiere olvidar por un momento la realidad. Para dramas ya está la vida real, en cambio nosotros le damos la oportunidad de escapar”, señala Othmar Sánchez, autor de Ex-Pac coming back, obra en la cual ridiculiza a la sociedad guatemalteca refiriéndose a la exigencia de resarcimiento de los expatrulleros civiles, con todo y los personajes más sonados de la política nacional

“Es un desahogo para el espectador, porque expresamos lo que él no puede decir”, agrega Sánchez al referirse a las parodias de personajes públicos, especialmente aquellos acusados de corrupción, que nunca han faltado en sus comedias e incluso les han dado título: La guerra de la guayaba, Pavón VIP o Blanca Reyes ylos siete fugados.

El surgimiento

Todos los directores entrevistados coincidieron en señalar que el comienzo del teatro de comedia política fue La Epopeya de las Indias Españolas, en 1990, que recientemente fue nuevamente presentada, a lleno completo, en la Gran Sala del Centro Cultural Miguel Angel Asturias.

“La Epopeya surgió como una reacción al quinto centenario del descubrimiento de América. Era la historia como nunca ocurrió pero que servía como pretexto para criticar las injusticias del país”, dice Jorge Ramírez, quien dirigió el reciente montaje.

“Fue un acercamiento del público al teatro, porque cualquiera puede entender el mensaje de la Epopeya, prueba de ello es que, 15 años después, aún jala gente”, agrega la actriz Mónica Sarmientos.

Sin embargo, el mismo Ramírez marca la diferencia entre dicha obra y muchas de las que se anuncian hoy en cartelera: “Desafortunadamente, en vez de superar a la Epopeya, que fue un punto de partida, la comedia guatemalteca se vino de regreso. Hay obras que sólo son de puros chistes y malas palabras pero sin mayor estructura. Divierten, pero no aportan nada”.

Un fiambre cómico

Wilson Pérez, autor de Dos chontes chispudos y Pasiones zacapanecas defiende su terreno: “Nosotros estamos haciendo teatro auténticamente guatemalteco. Antes se montaban obras de mexicanos, argentinos o venezolanos, pero la gente no se identificaba con ellas. Hacemos comedias tipo sketch: pequeñas escenas que integran la historia, aunque al final nuestro fin principal es hacer reír a lo largo de las dos horas. La gente sale feliz”.

Cafés-teatro

Los teatros en restaurantes y cafés fueron surgiendo ante la escasez y alto costo de los escenarios convencionales.

“A nosotros no nos paga nada el restaurante, sólo nos queda lo de la venta de entradas. Nosotros atraemos clientela y ya ellos les venden comidas o bebidas”: Lorena Tun, dirige una obra en Del Toros.

“El único restaurante teatro construido específicamente para ello es el de Los Cebollines, zona 4, porque tiene hasta camerinos. En los otros se ha adaptado el local, que en muchos casos es inadecuado”: Jorge Ramírez.

“Aún está formándose el tipo de obra para café-teatro. Tiene que ser llamativa para el público, que le de libertad para comer pero sin que pierda el hilo del relato.”: Angelo Medina, de La Escudilla del Tecolote, uno de los primeros restaurantes-teatro.

“Nosotros no podríamos presentar una obra en restaurante teatro, porque habría muchos muertos: la gente se ahogaría de la risa”: Hugo Aldana.

“Es cierto. La gente va y se ríe bastante. Se ríen hasta más no poder. Pero uno le pregunta a alguien ¿qué tal estuvo la obra? Y contesta: ‘chistosísima, es un mate de risa’. ¿Y de qué se trató? Y entonces no lo saben decir, porque no hay un argumento sólido. Y hasta dicen: no sé, pero no importa, estuvo chistosísima” es lo que observa el director Angelo Medina, quien señala que se debe diferenciar entre la comedia fina y la vulgar. “Una cosa es incluir algunas de las llamadas ‘malas palabras’ en momentos estratégicos a llenar toda la obra de obscenidades”.

“Nuestras obras tienen humor fuerte”, reconoce la directora Lorena Tun, pero aclara: “Es porque así somos los guatemaltecos. Hasta la persona más educada dice alguna vez una expresión soez. Además son obras para adultos. Para niños tenemos otras propuestas, con mensaje educativo”.

Pecados y virtudes

Joaquín García ( Joam Solo), de Solo Teatro, obicado en el antiguo local del cine Las Américas opina: “Todos estamos en este mismo negocio y cada quien usa sus recursos. Sin embargo, no es justo que algunos, con un par de sábanas y cartones improvisen un escenario en un café o restaurante y cobren los mismos Q60 que aquellos productores que invierten hasta Q100 mil en escenografía. Es una cuestión de ética artística presentar un producto de calidad”.

“El público es el que manda y va a donde más le gusta”, es la opinión de Roberto Santandrea, cuyos montajes (como Despedida de Soltera o The Full Monty) en el teatro España han sido calificados desde “atrevidos” hasta “inmorales”. “Tuvimos llenos completos y hubo gente que vino hasta cinco y seis veces a verla”, refiere Santandrea, quien dice que siguió el consejo de un amigo para sobrevivir. “La primera obra que puse aquí en el España fue La Olla, de Plauto, una comedia griega clásica. En una semana vinieron seis personas a verla. Y un amigo judío me dijo: ‘Si querés mantenerte vas a tener que dar al público lo que quiera ver’. Y así lo he hecho. Llevamos ocho años. Somos la sala de teatro convencional que más tiempo lleva actualmente”. Es así como Santandrea ha incluido incluso a strippers reales que se han desnudado ante el público. Ello ha provocado críticas de sus colegas de teatro, las cuales él responde diciendo: “Critican de oídas. No han venido a verla para juzgar por sí mismos”.

El negocio es el negocio...

“En la compañía Los Comediantes nos dedicamos a hacer teatro comercial. No nos vas a ver haciendo a Shakespeare, porque la gente no prefiere esas obras. A menos que tuviéramos un financiamiento del Estado o la iniciativa privada, nosotros seguiremos haciendo el teatro que al público le gusta”, explica Jairon Salguero, quien por cierto reclama crédito en la originalidad de las obras de huitecos, esos personajes de sombrero y botas originarios de Zacapa, que se caracterizan por ser pícaros, risueños y malhablados.

Actualmente Salguero presenta una nueva temporada de Dos huitecos en Nueva York, estrenada en 2000, a la cual considera como el primer gran éxito que tuvo.

Hugo Aldana, replica: “Ellos usan el término huiteco por pura publicidad, pero no conocen la esencia de ese personaje”. Aldana, argumenta que el ser originario de Huité, Zacapa le da autenticidad al personaje que interpreta en su obra, dentro de la cual participan más miembros de lafamilia Aldana. “Sólo los huitecos pueden representar a los huitecos”, dice.

Salguero, por su parte arguye que en sus obras no hay exceso de “malas palabras”, que sí hay un “planteamiento escénico”, que contratan a actores profesionales y que se han presentado en varios departamentos de Guatemala y , también en México y Los Ángeles. Estima que, en dos temporadas, la obra ha sido vista por unas 30 mil personas, sin contar funciones privadas.

Precisamente a todos los directores entrevistados se les preguntó si la comedia era un buen negocio. Algunos evadieron la pregunta, pero no todos. Joaquín García dijo: “Es una lotería. Una obra que sea éxito te puede dar buenas ganancias, pero a lo mejor la que sigue resulta un fracaso y se pierde la inversión”. Lorena Tun: “Este es un trabajo como cualquier otro. Nos da para vivir pero no para hacernos millonarios”. Angelo Medina: “Nadie se va a hacer rico haciendo teatro de comedia, por más éxito que tenga. Este es un medio pequeño y hay mucha competencia por el mismo público”.

...Pero el arte es el arte

“Lo malo no es que se monte este tipo de comedia y que la gente viva de ello. Lo malo es que se quiera venderlo como arte”, señala el director Luiz Tuchán, exdirector de la Escuela Nacional de Arte Dramático. “En las sociedades enfermas la primera industria que crece es la del entretenimiento y así lo refleja la explosión de comedias fáciles que se da en Guatemala. Claro, tienen signos teatrales: actores, escenario, voz, vestuario, pero no hay un desafío ni un aporte para el espectador”, agrega. “El verdadero artista se hace responsable y hace ver al público esas realidades infinitas. En este caso, sólo son un sedante, una evasión”.

Gracioso negocio

- Cada escenario tiene distinta capacidad de público. En los cafés-teatro va de 50 a 100 personas. En las salas convencionales llega hasta 400. Todos cobran actualmente Q60 por persona.

- En un café teatro, con una asistencia promedio es de 20 a 40 espectadores por función, podría estimarse el ingreso entre 1,200 a 2,400 por día. Ello se reparte entre los actores, técnico y el director.

- En los teatros grandes, la asistencia promedio es de 50 a 70 personas: Q3 mil a Q4 mil, por función, aunque aquí hay que agregar mayores gastos de mantenimiento, energía eléctrica y arrendamiento.

-“Con una obra exitosa uno se puede ir para arriba, pero de esas ganancias hay que guardar una buena parte, por si la siguiente no le gusta al público. Una obra también te puede llevar a la quiebra”: Jairon Salguero, de Los Comediantes.

- Otra de las facetas del teatro de comedia son los personajes que no comenzaron en el teatro sino en la pantalla de televisión, aunque con clara influencia de los escenarios. Tal es el caso de Nito y Neto, que se presentan actualmente en la película Detectives por Error, producida por Jimmy y Sammy Morales, protagonistas de dichos personajes. “Nosotros estamos creando un nuevo territorio: el cine de comedia guatemalteca, que aún es incipiente pero llegará a crecer y volverse rentable” dice Sammy quien destaca que su humor se caracteriza por ser “blanco, sin malas palabras aunque sí con algo de picardía”.

Lo dicen

“Nuestro humor es fuerte porque nosotros nos formamos dentro del teatro huelguero, que no tiene pelos en la lengua”.

Lorena Tun, dirige Dos chontes chispudos,
en El Portal de la Hacienda.

“Me ofende que lo llame teatro ‘ja ja’, porque suena despectivo. Sería como decir del drama ‘teatro snif snif”.

Jairon Salguero, dirige Dos huitecos
en Nueva York, en Del Toros.

“Hay que tener cuidado. Estamos jugando con fuego. Estamos formando un público que no conoce otra forma de teatro”.

Joam Solo, dirige Te quiero pero lejos,
en Solo Teatro.

“Nosotros hemos demostrado que sin malas palabras, pero con mucho ingenio se puede hacer humor en Guatemala e incluso llevarlo al cine”.

Sammy Morales, productor de
la película Detectives por error.

“Este año ha aumentado el público, en comparación a años anteriores, sin embargo necesitamos más apoyo”.

Othmar Sánchez, dirige Ex-Pac coming back.

“Ninguna otra comedia, además de La Epopeya, ha llenado tantas veces el Teatro Nacional”.

Jorge Ramírez, dirige la Epopeya de las Indias Españolas, que volverá a presentarse en noviembre.

“Hacer humor fino es más difícil. Cabe un madrazo si está bien puesto, pero no debe ser lo principal”.

Mónica Sarmientos, actriz de
La Epopeya de las Indias Españolas.

“De mis montajes han dicho que son vulgares y corrientes, pero es gente que ni siquiera los ha visto”.

Roberto Santandrea dirige El show de Lauro Susano, en el teatro España

“Algunos creen que mientras más palabrotas haya, más gente llega y hay más negocio, entonces le ponen más palabrotas, en lugar de usar recursos más inteligentes”.

Angelo Medina, dirige Cuarto para cuatro, en La Escudilla del Tecolote.

“Se han adaptado chistes de gallegos a huitecos, haciendo creer que son tontos e ignorantes. Nosotros demostramos lo contrario”.

Hugo y Giovanni Aldana, dirigen El día que Teco temió,
en teatro Cámara de Industria.

 
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