Semanario de Prensa Libre • No. 70 • 06 de Noviembre de 2005    


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Editorial

A propósito
Catarsis nacional

Más de dos mil años marcan el inicio del teatro en la antigua Grecia. De esa época para acá miles de tragedias y comedias han hecho llorar, sufrir y reír a miles de espectadores.

Pero también es cierto que en los escenarios han cambiado muchas cosas. Los altos costos de los montajes y las preferencias del público han marcado nuevas tendencias.

Gerardo Jiménez
Editor

Lo que en su momento fue un teatro serio, por lo menos en nuestro país ha pasado a un segundo plano, para ser sustituido por obras más ligeras, algo que para muchos no encaja en el término de teatro como rama del arte o la literatura.

Pero cuando se ve un lleno completo en un restaurante-teatro de esos que han proliferado últimamente en el país, cabe reflexionar en las razones del éxito de tales propuestas escénicas en las cuales los personajes recurrentes son los estereotipos de policías, vaqueros de oriente, políticos y gobernantes de turno.

A juicio de los expertos esto tiene más de una explicación: en la sociedad guatemalteca ha sido pobre la cultura teatral, pues quien más debería fomentarla, el Estado, no lo ha hecho ni hay esperanza de que lo haga.

Así, la mayoría de espectadores es poco exigente con las obras y de hecho, no quiere reflexionar sobre la realidad. Por el contrario, quiere escapar de ella.Tal vez, lo más doloroso, es que lo que se escenifica es sólo el reflejo de una sociedad enferma (de impunidad, de violencia, de corrupción y pérdida de valores) que encuentra en este nuevo tipo de comedia una catarsis evasiva.

Para quienes protagonizan este tipo de comedia, muy alejada del concepto clásico, sus obras son dignas de estar clasificadas como arte. Sin embargo, para algunos dramaturgos, tal calificación es es discutible pues todo el proceso creativo se reduce a ridiculizar personajes, con auxilio de palabrotas y chispazos de los actores.

Para bien o para mal de los espectadores, estos son las propuestas escénicas que consumen, cada fin de semana, muchos guatemaltecos y Gustavo Montenegro conversó con quienes las dirigen. Las justificaciones y descalificaciones hacen el drama de nuestro tema de fondo.

 
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