No viene el fin del mundo
Parece haber una necesidad de que exista un miedo a que todo (el
mundo, la vida, la gente) se termine.
Por Carlos Seijas
Ilustración: Juan Fernando Rodríguez
Los recientes acontecimientos, maremotos, terremotos,
huracanes, y hasta el escape de los presos de El Infiernito nos
vuelven a una idea medieval: el fin del mundo.
Parece haber una necesidad apocalíptica de
que los textos de Juan se materialicen en cada pequeña vicisitud
natural. Digo pequeña, pues para el mundo, para nuestra
madre tierra, un terremoto es uno más de miles de millones
que ha sufrido en su arcillosa piel.
La idea del fin del mundo es una fantasía
medieval. Björn Lomborg,
en su libro El ecologista escéptico, cita que existe por parte de los
grupos ecologistas y los medios de comunicación una letanía del
fin del mundo casi como un deseo de que el mundo se acabe. Todo gracias al calentamiento
global, pues la temperatura aumentó medio grado en el último siglo.
Y
la predicción de que en los próximos cien años aumente
otro medio grado no hace que se acabe el mundo.
La pregunta es si los modelos
informáticos que se usan para predecir el clima son correctos. Si una
empresa proyecta sus beneficios a cinco años nadie le cree. Los científicos
hablan de la meteorología de los próximos cien y la gente dice: “Lo
creo”.
Los mismos científicos aducen que una predicción
a largo plazo del clima no es posible. Esa afirmación forma
parte del Tercer Informe de Evaluación de la ONU. Pero parece
existir un gran deseo de predecir el fin del mundo, y su condena
a muerte.
Al leer un capítulo del libro
de Björn Lomborg, titulado Todo se arreglará, las cosas están
mejorando, pensé “¡qué aburrido!”. Pero
creo que tiene razón, las cosas mejorarán. El clima está cambiando, ¡pero
es que siempre está cambiando!, del año 40 al 70 hubo más
frío, y la gente pensó que vendría una glaciación.
Del
70 hasta ahora ha sido más cálido. Existe un efecto invernadero,
es verdad. El dióxido de carbono es un gas de efecto invernadero
y ha aumentado 30 por ciento en cien años. Es verdad. El incremento
es por la actividad humana.
Es verdad. Pero la pregunta es: ¿el
dióxido
de carbono que produce la actividad humana es la causa principal del
calentamiento del planeta? La situación desde un punto de vista
científico
es muy complicada. Los modelos predicen un mayor calentamiento del
que se ha producido. Siempre.
En los 90 predecían un incremento
entre uno y tres grados para 2000. El incremento real fue de dos décimas.
Una pregunta sería: ¿por
qué los modelos predicen mayor calentamiento? Algunos piensan
que los aerosoles están reduciendo el calentamiento. Otros creen
que la respuesta está en el vapor de agua. Para otros hay tantas
incertidumbres que no se deben hacer modelos. Las predicciones del
pasado han sido todas erróneas,
demasiado elevadas.
Vemos pues cómo un desastre climático
sustituyó el miedo
a la Guerra Fría; y luego ha venido el terrorismo. Se trata
de crear estados de pánico entre la población para
controlarla y a la vez existe un cierto deseo de ese miedo en la
misma gente, pues ésta duda mucho a
la hora de abandonar sus miedos.
Si el miedo controla nuestro comportamiento
no tenemos alternativa. Actuamos porque tenemos miedo y somos libres
de esa responsabilidad. El miedo es atractivo. Pero el coste es
elevado. El mundo no es perfecto, es una época inestable; los problemas
entre el mundo desarrollado y parte del mundo islámico pueden
durar. Pero no es cierto que el futuro vaya a ser peor que el pasado.
Los desastres por fenómenos climáticos
pasan periódicamente;
lo distinto ahora, fue la dimensión del desastre. Si vemos
Nueva Orleáns
o nuestra Sololá ambos gobiernos han sido muy lentos. La
gobernadora de Louisiana salió en televisión al día
siguiente y expresó: “Lo único
que podemos hacer es rezar”. Mala respuesta; y Bush tendría
que haber estado allí una hora después.
Berger dijo: “No
es para tanto, ellos, están acostumbrados a que pasen estas
cosas”, y entonces
su equipo se enfocó en repartir comida, ropa y medicinas,
se las dieron a los alcaldes, quienes las politizaron, las tiraron
por aire, ¿para quién?
Y entonces vieron que no era bueno, y decidieron hacer planes.
Desde
entonces “todos” preparan
planes, y nos encontramos como los dos burros amarrados que no
pueden alcanzar la paja por jalar en direcciones contrarias. No
se cubre lo necesario, lo puntual, sólo se hacen planes. ¿Y
el fin del mundo? No viene.
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