Semanario de Prensa Libre • No. 73 • 27 de Noviembre de 2005    


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D frente

Dr. Cerebro
Cuando sus compañeros de equipo se dedicaban a jugar y contar chistes en el autobús, Stokes estudiaba sus libros de Medicina.

Por Francisco Mauricio Martínez
Foto: Carlos Sebastián

Por dondequiera que ha pasado, la primera butaca siempre ha estado reservada para el neurólogo Henry Stokes. Desde sus inicios en la Escuela Normal Central para Varones, donde siempre fue el mejor estudiante, hasta ser premiado como el profesor más destacado de la Facultad de Medicina de la universidad de Vanderbilt, Tennessee, en 1973. “Así me definirían ahora”, responde el médico cuando se le pregunta si ha sido un “cerebro” para el estudio.

De entonces para acá, sus esfuerzos en el campo de la neurología no se han quedado solamente en ampliar sus conocimientos científicos, sino también en llevar éstos a las comunidades más lejanas.

A los niños se les ha quitado la necesidad de hacer grandes esfuerzos, porque se les da todo al alcance de un botón.

Muestra de esto es que ha producido 10 discos compactos en varios idiomas mayas y también en garífuna, que contienen información relacionada con la epilepsia. Asimismo ha fundado varias instituciones relacionadas con la neurología. “Decidí estudiar esto, porque pensaba que algún día la medicina iba a entender la mente mucho más”, explica.

¿Por qué Henry Stokes emigra a la capital?

En 1958 me vine a estudiar a la Escuela Normal Central Para Varones, porque en Puerto Barrios, Izabal, no había escuela secundaria y, además, obtuve una beca en dicho centro. En la Normal me fue muy bien, porque siempre fui el primero de mi clase.

Estudié magisterio, pero para entrar un año antes a la universidad también cursé bachillerato por las noches y de esta manera, cuando estudiaba el último grado de magisterio, también hacía lo mismo con el primer año de Medicina en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Hice esto porque creía que ser maestro significaba obtener una buena formación.

¿Y en la universidad continuó siendo buen estudiante?

Estudié cuando la facultad de Ciencias Médicas estaba aún en la zona 1 y con mucho orgullo puedo contar que también fui el primer estudiante de mi grado y de la facultad de Medicina.

Cuando estudiaba la secundaria era seleccionado nacional juvenil de fútbol y cuando estaba en la Usac formé parte de la Selección Mayor que en 1967 ganó el Campeonato del Norte Centroamérica y el Caribe de Fútbol (Norceca) por el cual nos dieron la Órden del Quetzal.

También asistimos a las Olimpiadas de México en 1968, donde le ganamos a Checoslovaquia con un gol de mi hermano David y quedamos en el 5o. o 6o. puesto del mundo… Después, todo esto no ha habido otra hazaña igual.

¿Qué se debe hacer para ser buen estudiante y deportista?

En mi caso, durante el día estaba en la universidad, al mediodía practicaba fútbol y en la noche me dormía temprano, porque a las 3 de la mañana me levantaba a estudiar. Cuando íbamos a jugar con los equipos de la provincia siempre llevaba mis libros en la camioneta y estudiaba, mientras los demás jugaban y contaban chistes.

Aprovechaba el tiempo, porque creía que para ser el mejor también debía de hacer el mejor esfuerzo. Yo siempre he dicho que el genio no lo es porque es demasiado inteligente, sino porque un 80 por ciento estudia y sólo el 20 por ciento es genio. La inteligencia que Dios da hay que conjugarla con esfuerzo, disciplina y dedicación diaria.

¿Qué es lo que hace que haya buenos y malos estudiantes?

Hay que conjugar una serie de factores que tienen que ver con el cerebro, y puedo decir que existe cierta predisposición y composición genética. Además, incide el aspecto ambiental, que es la oportunidad de tener una familia que ayude en el desarrollo del ser en sí. Y el tercer componente es la oportunidad de asistir a un centro donde se proporcionen los estudios adecuados. Y si a estos factores se le agrega el esfuerzo personal se obtendrán los mejores resultados.

¿Cuál fue su último salario de futbolista?

Me encanta decir eso. Cuando yo era capitán de Comunicaciones y jugaban figuras como (Héctor) Tambasco, Nixon García, Nelson Melgar, los hermanos Torres y los Villavicencio mi máximo salario fue de Q400, que en ese tiempo eran U$S400 que equivaldría a unos Q3 mil 200 en la actualidad. En estos tiempos una estrella gana, fácilmente, unos Q100 mil al mes. Pero aún así quiero decirle a los futbolistas que el fútbol es fugaz; puede durar 5, 10 ó si mucho 15 años de la vida y después van a tener 30 ó 40 años más sin él.

Mi consejo entonces es que jueguen fútbol, pero que a la vez traten de estudiar, porque cuando terminen de jugar el dinero no va ser suficiente para el resto de la vida; porque además hay que tomar en cuenta que cuando uno gana mucho gasta demasiado. Por eso ahora se ve a los futbolistas con muy buenos carros y casas.

¿Cómo le surgió la oportunidad de ir a EEUU a estudiar?

En ese tiempo era difícil, pero como yo tenía las calificaciones más altas de la facultad de Medicina el profesor Oscar Pineda, quien acaba de fallecer, se dio cuenta de mi esfuerzo y me contactó con la universidad de Vanderbilt, Nashville, Tennessee, Estados Unidos, donde analizaron mi currículo y me mandaron a traer. Desde que me fui se fue conmigo mi esposa, lo cual considero otro de mis éxitos, porque me permitió tener una familia unida.

¿Por qué estudio neurología?

Desde que estudiaba la secundaria me gustaba la neurología y la cardiología; pero cuando me adentré en la universidad me decidí por la primera, pues pensaba que algún día la Medicina iba a entender la mente mucho más y guiarla de muchas formas, ya sea farmacológica o mental, de una persona a otra, lo cual se está logrando actualmente. En ese entonces, no existían los fundamentos para eso y en la actualidad ya entendemos cómo funciona el cerebro.

¿Es usted “un cerebro” para el estudio?

Así me definirían ahora algunas personas por ser el primero en mi promoción y tener logros internacionales.

¿Qué piensa de las computadoras en el desarrollo mental de los niños?

Los niños de ahora tienen un mejor desarrollo mental que el que teníamos nosotros hace muchos años, porque están más expuestos y así constantemente desarrollan más áreas del cerebro y eso los hace ser más inteligentes. Pero, desafortunadamente, les han quitado la necesidad de hacer grandes esfuerzos, porque se les da todo al alcance de un botón, lo cual disminuye su inquietud académica mental.

Disminuyen sus necesidades y eso los hace acomodarse. Yo creo que es bueno, pero va a ser mejor si logramos mantener a nuestros hijos siempre con aquel esfuerzo de superación y no de mecanización de todo. Ahora, por ejemplo, se le dice a alguien que haga una multiplicación y vemos que gran cantidad no sabe ese resultado, porque utiliza calculadora inmediatamente.

Antes, uno tenía la necesidad de retener más cosas, de ser más productivo y creativo. Ahora, a pesar de tener grandes adelantos, la inteligencia, medida como la capacidad para resolver problemas, ha disminuido, porque entre menos problemas tiene uno para resolver, menos posibilidades de que la mente se desarrolle existen. Entonces es bueno el Internet y otras cosas, siempre y cuando a nuestros niños les mantengamos el espíritu de lucha y de utilizar sus sentidos.

Logros

El neurólogo ha ocupado la
presidencia de varias
asociaciones y ligas
neurológicas y epilepsia
a nivel nacional y
latinoamericano.

• Neurólogo graduado en la Universidad de Vanderbilt, Tennessee, EEUU, en 1974.

• Médico y cirujano egresado de la Universidad de San Carlos de Guatemala, 1970.

• Primer puesto en los grados de secundaria, Escuela Normal Central para varones 1957-61.

• Primer puesto de promoción en Facultad de Medicina, Usac, 1962-69.

• Ganador del premio Guillermo Salazar y premio Flores por ser el mejor estudiante de toda la Usac, 1962-69.

• Premio Hillman, Universidad de Vanderbilt, Tennesse, EEUU, por ser el profesor más destacado en la facultad de Medicina, 1973.

Pero usted hace uso de esa tecnología...

Claro. Todos mis libros están hechos en computadora, mi comunicación es por Internet, porque tengo un correo que me comunica con científicos de todo el mundo… contesto al menos 10 correos diariamente. Esto le ha permitido crecer a Henry Stokes como científico, pero si yo hubiera tenido todas esas facilidades al inicio de mi desarrollo posiblemente no hubiera podido crecer de la misma manera.

No quiere decir que sea malo, pero debe incorporarse al sustrato de una persona y ésta debe ser siempre la más importante. Nosotros en medicina, por ejemplo, tenemos muchos métodos para diagnosticar y decir al paciente qué tiene, pero lo más importante sigue siendo el médico que es el que con su pensamiento hace sus decisiones, interpreta y hace los tratamientos… Una máquina no lo podría hacer.

¿Le hacen consultas algunos neurólogos del mundo?

Tengo múltiples consultas, porque soy presidente de los neurólogos de Guatemala y de la Liga Contra la Epilepsia de Centroamérica y el Caribe, así como también miembro del Consejo Mundial de los Neurólogos y presidente (la entidad) de Epilepsia a nivel latinoamericano, tengo muchas consultas de médicos, neurólogos y otras personalidades.

¿Cuáles son los principales problemas de los guatemaltecos en neurología?

Lo qué más me consultan es por dolor de cabeza, ansiedad, depresión, trastornos del sueño y epilepsia. También tengo pacientes con derrames y tumores cerebrales.

¿Cuál es el problema principal del capitalino?

El estrés, la tensión, las preocupaciones de sentirse seguros, los problemas económicos y el tránsito, que son situaciones que crean intranquilidad.

¿Y qué se debe hacer ante estos problemas?

La clave es tener la mente lo más tranquilo posible, para lo cual se debe utilizar el juicio y razonamiento ante los problemas, porque en el momento en que logramos entender de dónde vienen éstos, y la forma en que nos afectan podemos tomar decisiones inteligentes, para corregir las situaciones que nos crean alteraciones o aceptar las que no podemos cambiar. Así podemos tomar las decisiones correctas para seguir adelante.

El éxito de una persona, una familia o una empresa no está en pedir que la gente lo entienda a uno, sino en tratar de entender a los demás.

 
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