Semanario de Prensa Libre • No. 73 • 27 de Noviembre de 2005    


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D viaje

Las diferentes Cubas
Pareciera que la queja generalizada de los cubanos es que su país se parece cada vez más al resto de América Latina.

Por Fernando Ramos
Foto Emerson Díaz

Luego de la desintegración de la Unión Soviética, Cuba se quedó, de golpe, con las manos vacías, pues toda la ayuda que recibían de los países del bloque soviético se redujo a nada. A la falta de ayuda se sumó el endurecimiento del embargo económico decretado por Estados Unidos. A los años que siguieron y que aún no terminan, los cubanos les llaman “años especiales”; desde su inicio, a principios de los 90, la calidad de vida del cubano promedio se ha deteriorado, pues la cantidad de bienes, principalmente alimentos, que el gobierno suministra a cada familia ha disminuido de manera considerable.

La Habana Vieja

Muchos de los que conocen la ciudad de La Habana hablan de ella como un territorio en el cual el tiempo se detuvo, de hecho la propaganda oficial utiliza la frase como parte del discurso para atraer al turista. El paisaje que ofrece La Habana Vieja, más que el de una ciudad que se ha detenido en el tiempo, es el de una ciudad extraída de la famosa novela, de George Orwell, 1,984. Cuentan los cubanos que cuando el sol calienta después de una lluvia copiosa, más de algún edificio o alguna casa se derrumba. El deterioro de las calles y edificios que se encuentran en las afueras del “centro histórico” es evidente, pero también se puede ver que varios de esos edificios están siendo restaurados, aunque algunas de esas obras dan la impresión de estar abandonadas o por lo menos estancadas.

El paseo por las calles principales de La Habana Vieja ofrece un panorama más o menos distinto, pues en esos viejos edificios es posible encontrar algunos comercios decorados con estilos modernos, los cuales contrastan con lo ruinoso del edificio que ocupan. El paisaje que ofrecen las calles contiguas al “Capitolio” o el paseo de “Floridita” es en cierto modo desalentador, pero caminar por esas calles, en una visita a La Habana es imprescindible, pues en ellas se encuentran sitios como La Bodeguita del Medio y La casa de Guayasamín.

El Vedado

La otra cara de La Habana está en El Vedado, la parte moderna de la ciudad. Aquí las calles están más limpias y los edificios acusan en mucha menor medida el deterioro. El paseo por estas calles es distinto, porque da la impresión, después de haber caminado por La Habana Vieja, de estar en otro país; lo cierto es que los edificios tienen menos años de haber sido construidos, quizá por eso el deterioro ha sido menor. La visita a El Vedado es de igual manera imprescindible, los famosos helados Copelia y Casa de las Américas se encuentran aquí.

El Malecón

Uno de los lugares que causan mayor impresión a quien visita La Habana es, sin duda, El Malecón. No importa si bordea La Habana Vieja, El Vedado o cualquier otro sitio, pues este es un lugar aparte. Quizá el efecto que produce caminar a lo largo de El Malecón tiene que ver con la proximidad del mar; con las miradas llenas de nostalgia, del cubano, ante el horizonte; con la risa de los niños que se bañan en la orilla; ¡quien sabe! pero el lugar tiene mucho de magia y de historia.

Lo único que hace cambiar el sentimiento que se experimenta durante la caminata es el edificio de la embajada de los Estados Unidos, pues es inevitable sentir que se está en territorio prohibido, pues si alguien se sienta a observar, los guardias cubanos que custodian el exterior del edificio hacen señales para que uno siga caminando.

El cubano

El socialismo como lo teorizaba Marx sigue siendo utopía. Las sociedades son clasistas por naturaleza y la Cuba de estos tiempos, finalmente, no es tan sui géneris cómo para escapar a la división de la sociedad en clases. De esta cuenta en Cuba conviven, de manera no oficial, distintas clases sociales. Empezando por Fidel y sus allegados quienes, según los mismos cubanos, gozan de los mayores beneficios. Los deportistas, los escritores y los cantantes reconocidos, entre otros, también acceden a buena cantidad de privilegios.

Otro grupo que llega a tener un mejor nivel de vida es el que tiene familiares en el extranjero, pues con la llegada de las remesas su poder adquisitivo se incrementa; de igual forma sucede con el cubano que está o ha estado en misión fuera del país.
Luego está el cubano promedio, el que tiene que salir a la calle a luchar la vida y que depende del subsidio que le da el gobierno.

En lo político existen varias posiciones y depende en mucho de la edad; por ejemplo: está el cubano que vivió la época anterior a la revolución y que por lo mismo conoce el antes y el después, este es el cubano que se queja, pero que reconoce que “las cosas eran más duras cuando el capitalismo”; luego está el cubano que ha vivido toda su vida durante la revolución, en este grupo hay muchos que están a favor y muchos que están en contra. Entre los que están a favor algunos siguen siendo “Patria o Muerte”; otros reconocen los beneficios del sistema, pero hacen duras críticas a lo que no funciona. Los que están en contra dicen que ellos no le deben nada a la revolución y a pesar de que hablan con un poco de temor, al final expresan su descontento.

Otro grupo es el de los cubanos jóvenes, los que han crecido durante “los años especiales”, para ellos Cuba siempre ha sido el país que es ahora, por lo tanto su nivel crítico es limitado, da la impresión de que no les interesara la política, son casi indiferentes. En lo que la gran mayoría de cubanos coinciden es en el sentimiento anti-estadounidense y en el desprecio que sienten por los cubanos en Miami, a quienes llaman “gusanos”. La explicación es lógica, a Estados Unidos lo culpan de la escasez de bienes de consumo y a los cubanos en Miami los acusan de ser unos vividores, a quienes no les interesa en lo más mínimo que caiga Fidel, pues de suceder esto ellos perderían los privilegios de los cuales gozan en el “exilio”. Otro aspecto que caracteriza a un buen grupo de cubanos es su hospitalidad desinteresada y confiable.

La burocracia

En Cuba sobrevive la peor versión de la burocracia kafkiana. Dentro de esta ineficaz burocracia sobresale la de Cubana de Aviación. En cada vuelo, de esta seudo comercial aerolínea, se nota la gran voracidad, hasta sobrepasar la capacidad de carga del avión, además están las cuotas por exceso de equipaje y luego cuando los pasajeros llegan a su destino se dan cuenta que sus maletas no llegaron y si se pregunta que pasó ningún empleado sabe responder. La burocracia cubana no tiene el menor sentido de servicio, pareciera que los empleados del aeropuerto, de las aerolíneas, de los hoteles y en general todo aquel que trabaje en puestos de servicio al público, estuvieran siempre cansados y hasta resentidos con el sistema, quizá para ellos tener que atender a otra persona es algo que les lastima profundamente el ego.

El sistema económico

Dice la dialéctica del desarrollo que para que pueda existir un sistema socialista, no importa en que país, éste debe construirse sobre la base de un capitalismo fuerte. Cuba sigue teniendo un sistema económico distinto, pero muy lejano al socialismo, de hecho la economía cubana está entrando de forma traumática a una fase primaria del mercantilismo, caracterizada por el crecimiento de la economía informal y los pequeños negocios individuales, que aunque limitados, existen.

Otra característica importante es la corrupción en pequeña escala, pero casi generalizada, es común oír al cubano decir, por ejemplo: la televisión por cable existe, pero por fuera. Ellos utilizan este término para referirse a todo lo que se hace, como se dice en Guatemala, “bajo de agua”. Para la gran mayoría el sistema funciona, sólo se quejan de que los alimentos no alcanzan, de que el transporte es malo, de que los sueldos son bajos, de que el costo de la vida es muy caro; es decir, se quejan de que Cuba cada vez se parece más a cualquier país de América Latina.

Viajar o no viajar

La Cuba de Fidel es un trozo importante de la historia, sobre ella se han creado demasiados mitos y tabúes, cosas que sólo es posible comprobar o desvirtuar cuando se conoce en persona, pues es la percepción de cada uno de los que visitan la isla la que dice si es falso o verdadero todo lo que alguna vez se escuchó.

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